¿Y SI TODOS GANAN ?

 Una frase muy cabal recomienda no jugar a mi manera ni a la tuya, sino buscar la mejor manera.

Hace tiempo participé en un curioso juego por equipos. Las reglas decían que todos podíamos ganar, pero cada grupo buscó su propio triunfo. Cuando supimos que nadie ganaría, nos empeñamos en perder menos que el otro.

En la vida real algunas personas se centran tanto en el supuesto enemigo, les obsesiona de tal manera la conducta de otro, que se vuelven ciegas a todo, salvo a su deseo de que esa persona pierda, aunque ello signifique que pierdan las dos.

Tendemos a pensar en términos de dicotomías: ganar o perder es el caso.

Cada uno de nosotros elige la forma en que desea interactuar en la vida. Tenemos la opción de ver a los demás como colaboradores o cómo contrincantes, como aliados o como enemigos.

Es posible ocupar sin demasiados escrúpulos dos plazas de aparcamiento, tirar la basura al suelo o mostrar a todos lo avispados que somos al colarnos en una  fila. Podemos pasarnos la vida compitiendo con nuestra pareja, hijos, amigos o colegas de trabajo. Si alguien nos preguntase quién gana en una relación conyugal o amistosa resultaría un tanto grotesco responder en términos de dicotomía. No en vano hablamos de relaciones que adquieren sentido desde el respeto y beneficio mutos. O todos ganan o no gana ninguno.

¿Qué sucedería si probásemos a ponernos en los zapatos del otro y a  pensar en el bien común?. ¿Cual sería el resultado si nos enfocasemos en cooperar, escuchar activamente , comprender y respetar a los demás en lugar de aguardar a que ellos lo hagan? .

A poco que reflexionemos la mayoría de nuestros objetivos requieren y penden de la cooperación de otras personas. Es importante tomar conciencia de que vivimos en una sociedad interdependiente; tener presente que el éxito propio no siempre debe excluir o lograrse a expensas del ajeno, porque el éxito en sí no se agota, ni es patrimonio de nadie.  Entre los comportamientos poco saludables de independencia excesiva y fuerte dependencia existe una tercera opción: la interdependencia del todos ganan.

Cada persona es única y diferente y el valor de un individuo  debería residir en la peculiaridad intrínseca que lo define. Lo que merece ser amado no está fuera de nosotros, sino dentro. Sin embargo, cuando nos educan en el paradigma ganar/perder tendemos a sentir la necesidad de obtener el amor de los otros y competir para lograrlo. Creemos firmemente que si somos “mejor que” o “más que” o satisfacemos las expectativas o condiciones de alguien, obtendremos más afecto.

El principio de la ganancia conjunta se halla también muy presente en el ámbito de los negocios. Cada vez más las empresas son conscientes de la relevancia que la filosofía Ganar/Ganar tiene en sus resultados y sostenibilidad a largo plazo. Para que empleados, clientes y consumidores se comprometan con productos y objetivos deben sentir que ganan algo.

Ganar/Ganar es un principio clave del liderazgo empresarial e interpersonal.

Si comprendemos antes de ser comprendidos, buscamos el beneficio mutuo y somos capaces de transmitirlo honesta y sinceramente, nuestro poder de influencia se acrecienta. Logramos compromiso y credibilidad. No se juega con nadie, porque todo está claro desde el principio y la integridad es nuestra piedra angular.

Si hacemos que los otros pierdan , puede que paguemos un precio muy alto. Probablemente estemos hiriendo su autoestima y sembrando comportamientos resentidos o reactivos  a nuestro alrededor, seguramente  generemos energía negativa y desconfianza.

Puede ser un error menospreciar a los demás creyendo que no captan nuestra falta de honestidad o nuestros  intereses ocultos;  incluso los miedos y comportamientos manipuladores que proyectamos inconscientemente.

Una forma de hacer perder al otro es culpabilizarle. Aquello que no nos gusta de los demás suele ser el reflejo directo de lo que no queremos ver en nosotros mismos, por eso conviene mirarse al espejo. Al culpar a otros cedemos nuestro poder y perdemos el control sobre nuestra responsabilidad para el cambio. Cambiar es el único modo que nos queda para mejorar y transformar las relaciones que nos debilitan y que a la par debilitan a otros.

Como líder de propia tu vida, te corresponde decidir cuándo y cómo aplicar este paradigma. El primer paso para elegir es tomar conciencia de que existen otras alternativas más allá de ganar a costa de otros y perder con ellos.

Todos ganan no significa buscar tu solución, ni la mía. Se trata más bien de crear sinergias y comprometer a todas las partes en un camino superior.

Cada uno de nosotros es responsable de decidir a qué juega en cada ocasión. Y nos toca a cada uno hacer la diferencia para todos.

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Archivado bajo Autoestima, Autoliderazgo, Coaching, Dirigir tu vida, Ganar, Gestión de tu vida, Isabel Ripoll, Liderazgo interpersonal, Liderazgo personal

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