SAN@ Y LIBRE MEDIANTE EL PERDÓN

 

Un profesor de instituto colocó sobre su mesa bolsas de plástico y fardos de patatas viejas. Solicitó cuatro voluntarios para participar en el ejercicio y explicó las reglas de juego. Cada alumno debía tomar una bolsa e introducir en ella un mínimo de  cinco patatas.  En cada patata escribirían el nombre de una persona con la que estuviesen resentidos. Durante varias semanas portarían consigo la bolsa a todas partes.

Al cabo de quince días, preguntó a los participantes por sus impresiones. Los alumnos consideraron unánimemente que sus patatas eran una fastidiosa carga. No sólo por el peso y necesidad de transportarlas, sino por el creciente mal olor que desprendían.  Concluyeron además que estar pendientes de la bolsa, les había conducido a desatender temas mucho más importantes.

Conviene reflexionar sobre el precio que pagamos en nuestra vida por  negar o negarnos el perdón.

El resentimiento suele nacer de las expectativas frustradas hacia uno mismo o hacia los demás; incluso hacia la vida.

 Cualquier expectativa es respetable, aunque nada, ni nadie tiene la culpa de lo que esperamos de él. No cualquier cosa que esperas del otro es  justa y razonable para esa persona por el hecho de que se la comuniques. No obstante si comunicas tus expectativas sabrás  como de adecuadas son y podrás hacerte una mejor idea de lo que puedes esperar. Podrás llegar a acuerdos. O no. Con todo existe la posibilidad de que esos acuerdos se incumplan.

 Si esperas que te sorprendan, dilo. Si te gusta que te regalen flores, exprésalo, pero ten en cuenta que nadie está obligado a proporcionártelo. Tú decides si quieres mantener esa relación. Cuando la respuesta sea afirmativa acepta al otro sin rencor. Si la respuesta es negativa, perdónalo y continúa con tu vida.

En el caso de las expectativas que tienes sobre ti mismo, conviene que hagas un ejercicio de introspección para concienciarte de lo que en realidad quieres. Puede que esperes cosas de ti  que no deseas o no estás preparado para dar. Puede que lo que quieres no resulte ecológico, porque implica renunciar a valores u oportunidades que consideras más importantes. En cualquier caso, no eres infalible. Lo haces lo mejor que sabes en cada momento y cabe que te equivoques. Acéptalo sin rencor.

Respecto a la vida, esperes lo que esperes,  la naturaleza tiene sus propias leyes y no todo está bajo tu control. Si pierdes un ser querido, perdona y acepta esa pérdida. Valora el legado que te brindó.

El dolor que experimentamos o el que hemos provocado en los demás, pertenece al pasado. Todo en la vida fluye. Cuando nos aferramos a algo o alguien rompemos esa ley natural y aquello a lo que nos resistimos persiste.  Tu rencor puede o no perjudicar a los demás, pero si algo es seguro es que te perjudica a ti.

Las mayores traiciones, la violación física, los desengaños amorosos, los traumas de la infancia, las cosas más terribles que te hayan pasado, déjalas ir. Es verdad que forman parte de tu vida, pero no son tú mism@. Olvida el apego que sientes.

En el contexto del perdón olvidar no es borrar lo ocurrido de nuestra memoria sino borrar la memoria de la emoción. Es el significado que le damos a los hechos y no los hechos en sí,  lo que provoca sufrimiento. El recuerdo nos conecta con la emoción negativa de resentimiento y la revive, mientras que el olvido permite que recordemos lo sucedido sin sentir.

Al revivir la emoción con que recordamos la experiencia negativa en el presente y las reacciones corporales que acompañan a la emoción (tensiones musculares, palpitaciones, desasosiego, decepción, culpabilidad, impotencia, cólera…) nos debilitamos física y mentalmente. Es por ello que el resentimiento cultivado en el tiempo se vincula con ciertas enfermedades crónicas como el asma, la hipertensión, úlcera e incluso con el cáncer.  

Piensa cuantas veces has desecho un nudo de resentimiento que tienes con alguien o contigo mism@. Aquella persona de tu pasado que te marcó y con la que te reencuentras y hablas y dejas ir lo sucedido. Aquel amigo con el que te has enfadado y aclaras la situación. Aquella muerte de un ser querido que te producía rabia e impotencia en un principio. Aquel odio por ti mismo que minaba tu autoestima. ¿Qué sentiste al dejarlo ir?. ¿Cuántas patatas pudriéndose llevas en tu bolsa emocional?. ¿Qué te come por dentro?. Suéltalo.

Por encima de todo perdonar es un acto de amor hacia ti mismo.

Al perdonar y perdonarte te liberas de las cadenas físicas y mentales del resentimiento,  vacías tu ser de emociones negativas y dejas hueco en ti  para lo nuevo. Mediante el perdón generas una actitud  de apertura y predisposición para dar (per-donar).

Como bien decía Shakespeare: “el perdón cae como lluvia suave desde el cielo a la tierra y es dos veces bendito; bendice al que lo da y al que lo recibe”.

Prueba a tomar conciencia de tu resentimiento y de las emociones que te habitan, valida ese acto que te hirió conversándolo con alguien que conozcas, elimina el orgullo y ábrete a la humildad para reconocer que tu mapa no es el territorio y que cualquier otro mapa resulta tan legítimo y valioso como el tuyo.  Comprende y compréndete.  Acepta lo ocurrido sin juzgar o juzgarte. Confía en la intención positiva de cualquier ser humano. No des por sentado que los demás van por la vida queriendo hacer daño.  Muchas veces el daño se infringe de forma inconsciente o involuntaria.

Al perdonar y perdonarte tienes la oportunidad de liderar y mejorar tu vida. Depende de ti. Sólo tú eliges si cargar con el peso de la bolsa o aliviarte.

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Archivado bajo Autoestima, Autoliderazgo, Bienestar, Coaching, Dirigir tu vida, Entrenamiento personal, Gestión de tu vida, Isabel Ripoll, Liderazgo personal, Perdón, Superación personal

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