Archivo mensual: mayo 2011

CREA TU DEFINICIÓN DE FRACASO

 

He de confesar que me divierten mucho “Los Simpson”. 

Ayer contemplé un episodio interesante. Estaban reunidos en la mesa para cenar, cuando Homer murmuró: “Intentarlo es el primer paso hacia el fracaso” y tras afanarse en cortar con cuchillo y tenedor uno de los manjares de su plato, la comida acabó besando el mantel.

¿Conoces a alguien que no haya fracasado alguna vez?.  El fracaso es parte del progreso y no hay logro sin fracaso.

 En el peor de los casos una vida plagada de errores resulta mucho más útil que una vida invertida no haciendo nada. Los errores nos permiten ganar en experiencia y crecer. A través del ensayo y de la equivocación podemos descubrir las claves del éxito. Además fracasar no nos convierte en fracasados. En realidad fracasad@ es aquella persona que se siente como tal.

La forma en que una persona ve el fracaso y lo enfrenta impacta cada aspecto de su vida. Como afirmaba el escritor británico Nelson Bowell, “la diferencia entre la grandeza y la mediocridad está a menudo en cómo una persona ve sus errores”.

Hay quién se autodestruye y enferma por el sólo hecho de considerar el fracaso como algo personal. Para otros lo importante es evitar ese dolor y ello les lleva a temer el fracaso y quedarse atrapados en él. El miedo al fracaso crea un bucle de parálisis e indecisión y mueve a la persona a la desesperanza, a no fijarse objetivos, a buscar excusas, perder el enfoque y convertirse en víctima.

Contra el temor no caben más soluciones que sentirlo y racionalizarlo, pero sobre todo actuar, pues la acción arrincona el miedo.

El músico de origen alemán Georg Friedrich Händel es un ejemplo de victoria sobre el miedo y de superación del fracaso. Ya en plena madurez se vio perjudicado económicamente por la competencia y los cambios políticos quedando al borde de la bancarrota. De pronto su éxito se esfumó. Para colmó sufrió un derrame que le paralizó el brazo derecho provocándole la pérdida de cuatro dedos de su mano. Abatido por la situación, decidió retirarse en 1741, a la edad de cincuenta y seis años. Se hallaba en la  miseria de su retiro cuando un amigo acaudalado  le entregó un libreto basado en la vida de Cristo.   Händel se puso en acción y en veinticuatro días completó un manuscrito de doscientas sesenta páginas. Lo llamó  “El Mesías”, su mejor composición y una obra maestra de la música.

¿Cuál es tu actitud ante el fracaso?. ¿Lo conviertes en una potencial victoria o te hundes en él?. ¿Te centras en los errores o en lo que has aprendido de ellos?. ¿Eres consciente de que fracasar es incluso más común que tener éxito?. ¿Estas preparad@ para mirar con confianza la posibilidad de fracaso, aprender la lección y utilizarla para triunfar?. ¿Ves algo más allá del fracaso?.

Para sacar partido del fracaso, has de asumir tu responsabilidad en él pero sin tomarlo como algo personal y arremeter contra t-i mismo.

 “Cuando nos damos permiso para fallar, al mismo tiempo nos estamos dando permiso para superarnos” comenta la musicóloga Eloise Ristad.

Además hay que tener presente que el fracaso es temporal. Simplemente indica que hemos fallado al intentar algo concreto. Analiza tus errores en perspectiva y puede que descubras de qué forma tan positiva contribuyeron a tu vida.

Es importante ser realista respecto a nuestras posibilidades de fracaso y prepararnos para lo que podemos esperar. Si el objetivo es de gran envergadura resulta lógico suponer que cometeremos más errores o errores mayores.

Y a la hora de caminar hacia nuestros objetivos ¿por qué no enfocarnos en lo que podemos y sabemos hacer y de este modo utilizar nuestras capacidades y maximizarlas? o ¿qué tal si cambiamos de estrategia cuando no nos funcione?.

Aunque quizá lo más efectivo sea insistir y persistir en lo que buscamos. Como en cierta ocasión comentó Thomas Edison: “Muchos de los fracasos en la vida los experimentan personas que no se dan cuenta cuán cerca estuvieron del éxito cuando decidieron darse por vencidos”.

“Si su percepción de la forma en que reaccionaría ante el fracaso cambiase ¿Qué trataría de lograr?” pregunta John Maxwell en su libro “El lado positivo del fracaso”.

El fracaso es subjetivo. Sólo tú, como líder de tu vida, decides si lo que te ocurre es o no un error, como te afecta, cómo reaccionas y qué significa.

Tienes en tu mano la posibilidad de crear tu propia definición de fracaso, de verlo como un amigo o como un enemigo.

“La vida no es simplemente tener buena mano. La vida también es jugar bien una mala mano”, dice un proverbio danés.

¿Qué decides?.

 

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COMO NOS LIMITA LA ADULACIÓN

 

En un foro de opinión sobre la adulación, uno de los participantes manifestaba:

 “La forma más rápida de alejarse del triunfo y, en consecuencia de la realidad, es rodearse de aduladores. Es como si alguien te pusiera una losa encima para que no logres tus objetivos. La adulación, si te complaces en ella, te distrae y contamina como profesional; distorsiona tu percepción de la realidad”.

 El reconocimiento y la estima son necesidades humanas básicas, aunque hemos de ser cautos a la hora de satisfacerlas para no caer en la dependencia, ni apartarnos de la realidad.

 En ocasiones tenemos tanta urgencia por ser aceptados y lograr notoriedad que absorbemos como verdadera cualquier palabra que nos haga enaltecer el ego. Se olvida fácilmente que tales comentarios pueden proceder de la ignorancia, la cortesía o la adulación más que de la franqueza. Lo que nos dicen los demás, no siempre es consciente o sincero.

Cuando nos prodigan alabanzas falsas o exageradas para halagarnos y obtener algo a cambio, estamos siendo adulados. Y es fácil caer en la complacencia y dejarse llevar, pues el adulador apunta de lleno a esa parte tan vulnerable de nuestro ser que denominamos “ego”.  

La adulación es precaria en el reconocimiento del otro porque le pone cualidades que no tiene o no muestra. No nace de un deseo de ratificar lo bueno, sino de agradar superficialmente el oído del que se necesita de alguna manera.

El adulador nos adormece con un falso sentido de la confianza que nos hace bajar la guardia; no es amigo de la verdad y tampoco resulta confiable. Ante una situación en la que vea comprometido su objetivo es capaz de pasar con toda frialdad al polo opuesto.

Si algo diferencia la honestidad de la adulación es la convicción. La honestidad implica estar convencid@ de lo que uno dice . La persona honesta expone su punto de vista conforme a su esquema de valores y  mapa de la realidad.  No busca manipular o agradar por encima de todo, ni es servil.

 La honestidad asertiva es una herramienta potenciadora, al margen de que adquiera forma de reconocimiento, refuerzo de una conducta o comentario para la mejora personal.

Si alguien nos expresa con su mayor convicción que nuestro trabajo es excelente por esto o por aquello y que además podríamos explorar esta u otra vía  o nos retroalimenta comentando que cuando ayer llegaste tarde, yo me sentí mal, no es lo mismo que si nos dice sin argumento alguno: ¡Qué buen@ eres!. La primera expresión  abre nuevas opciones y perspectivas sobre la realidad y a la vez crea un espacio para la reflexión y  mejora personal. La segunda es una afirmación rimbombante y genérica. Si nos volvemos dependientes de ella, puede que caminemos ciegos por la vida, tropezando a cada paso con el fracaso.

 “¡Cuanto se parece a la amistad  la adulación!” exclama el filósofo Séneca.  ¿Es el verdadero amigo un adulador?. “Cuanta más amistad más claridad” señala un proverbio. 

 En su ensayo “Cómo distinguir un adulador de un amigo”,  Michael Pakaluk afirma:

 “El amigo procura que estemos bien, en tanto que el adulador trata de que nos sintamos bien. El amigo nos dice la verdad sobre nosotros mismos, aunque sea dolorosa, en tanto que el adulador distorsiona la verdad para ajustarla a lo que queremos oír. Generalmente un amigo es devoto en primer lugar de la verdad y, de acuerdo con eso, deja que una amistad prospere o fracase. Para el adulador la verdad es irrelevante, o quizá hasta un obstáculo. La pregunta determinante para él es: “¿Qué quieres que piense que es verdadero?”.

 Adular es una estrategia de seducción o manipulación al servicio de los fines más variados: trabar amistad, ganarse al jefe, conseguir que el empleado haga lo que deseamos, enamorar o conquistar a alguien, cerrar un trato… .

 Cuando una persona cae en las redes de un adulador puede volverse dependiente y ceder por sistema, tolerar lo intolerable,  apartarse de su objetivo, sobreestimarse o subestimar. Puede que sea capaz de cualquier cosa con tal de engordar su ego y tener contento al adulador. En el fondo lo que late en esa conducta es una falta de autoestima y confianza en uno mismo.

 ¿Te hace sentir bien ese compañero o ese jefe que  te dice que eres imprescindible, aunque el precio sea trabajar más o ir contra tus intereses?.

 Deberíamos confiar más en nosotros mismos y en nuestro instinto. Utilizar el sentido común y poner nuestra capacidad de observación y análisis al servicio de nuestros objetivos. Sólo nosotros somos los más indicados para saber qué  queremos y qué nos conviene. Escuchemos nuestra pequeña voz interior y lideremos nuestra vida.

 

 

 

 

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AUTOSABOTAJE: ¿CONOCES A TU GREMLIN?

 

“No tengo tiempo”, “lo vas a fallar”, “déjalo para otro día”, “eres un desastre”, “no puedo”…

 Detrás de las cosas que nos importan suelen esconderse otras que nos sabotean.

 ¿Recuerdas aquellas criaturas diminutas y malévolas que sembraron el terror en la ficticia comunidad de Kingston Falls?.  Allá por 1984 la película Gremlin nos mostró sus terribles peripecias.  

 En coaching la palabra Gremlin se utiliza para designar al autosaboteador que todos llevamos dentro.

 El autosabotaje nos impide lograr aquello que aparentemente deseamos. Como indica la escritora americana Alyce P. Cornyn-Selby se manifiesta cuando” decimos que queremos algo y nos aseguramos de que no suceda”.

 Tu Gremlin suele susurrarte que no mereces el éxito, te invita a saltarte la dieta, a sentirte culpable, a fallar, a seguir como estas, a no aprovechar la oportunidad o a dejar lo que debes hacer hoy para otro día. Es un boicoteador nato.

 Aunque este “diablillo” interior tiene una intención francamente positiva contigo. Puede que te cueste creerlo, pero el Gremlin busca tu beneficio.

 A menudo fumamos para sentirnos relajados, comemos copiosamente por el placer que nos produce o para calmar nuestra ansiedad, rehuimos las horas de estudio para evitarnos esfuerzos y tensiones, evitamos las relaciones para ahorrarnos el rechazo, el fracaso, la presión que nos causa cumplir, ser responsables o cambiar nuestra maravillosa rutina.

 La misión de tu Gremlin es preservar el “status quo”,  procurar que nada cambie, mantenerte en tu zona de confort y protegerte del ridículo, del fracaso, del rechazo o del sufrimiento.

 El Gremlin es un seductor nato. Tiene la capacidad de coger una parte de la verdad y convertirla en una razón de peso para abandonar o para renunciar a empezar. Es un maestro de las excusas razonadas y suele estar presente en momentos de incertidumbre y de cambio. Se disfraza de muchas formas diferentes: como consejero, como sabio, como experto, como prudente. Habla de forma coherente, dulce y tentadora y nos mueve a destruir los grandes proyectos de nuestra vida.

 Piensa en aquellas ocasiones en que te dispones a hablar en público y tu autosaboteador te susurra, “te vas a bloquear”. Es muy posible que  esté protegiéndote de hacer el ridículo, de exponerte a las críticas de los demás o de un éxito que tú, en alguna parte oscura de ti mismo, has decidido que no te mereces.

 Piensa en esas ocasiones en que aparentemente deseas el éxito y trabajas para lograrlo. Cuando te llega la oportunidad, cuando estas a punto de alcanzarlo, te saboteas con una excusa bien construida o una acción inadecuada. Tu asociación con el fracaso prevalece.

 Lo cierto es que tu Gremlin sabe bien cómo esconderse en esa parte oscura que se llama subconsciente, y así es fácil que pase inadvertido y que ignores todas las asociaciones negativas que te están desmotivando y apartando de tus objetivos. Por eso, el primer paso para lograr que tu Gremlin no te sabotee es ser consciente de su presencia y de lo que te dice. Escuchar activamente a tu Gremlin, te ayuda a conocerlo y a entenderlo para dialogar con él.

 Existen variadas técnicas en el coaching y en la PNL para tratar con tu Gremlin y la mayoría de ellas pasan por llegar a acuerdos, asociarte con situaciones y emociones positivas y reforzar tu autoestima, confianza y  motivación.

 Sea como fuere tu Gremlin vive en ti y por tanto, sólo tú eliges lo que hacer con él. Trata de no ser tu peor enemigo.

 Como indica María Jesús Alava en su libro “Emociones que hieren”: “Lo importante no es lo que nos dicen los demás, sino lo que nos decimos a nosotros mismos”.

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GENEROSIDAD Y BIENESTAR

 

Cada uno de nosotros tiene algo para dar: su tiempo, sus recursos, su afecto…

 La generosidad refleja la pasión del individuo en la ayuda y se manifiesta en un hábito de dar y entender a los demás sin esperar nada a cambio.

 En el día a día encontramos múltiples ejemplos de esta actitud positiva: la persona que se ofrece a escucharte o consolarte en un mal momento, aquella que utiliza sus habilidades, conocimientos o bienes para ayudarte o la que simplemente te cede su silla o luce una sonrisa en los labios.

 Cada vez que sabemos aparecer y desaparecer con discreción en el momento oportuno, guardar silencio si la situación de la otra persona lo requiere, aceptarla  como es y sin emitir juicios, estamos actuando con generosidad. Como escribe Louise Hay:“Lo único que podemos hacer por los demás es amarlos y dejar que sean quienes son, saber que su verdad está dentro de ellos y que cambiarán cuando quieran hacerlo”.

 Practicar la generosidad en las relaciones conlleva no sentir la necesidad de que el otro reconozca sus fallos. Cuando le decimos a alguien que está cometiendo un error o pretendemos que “de su brazo a torcer”,  podemos herirle en su autoestima y provocar una pérdida de confianza. La generosidad no pasa facturas innecesarias. Alcanzaremos la paz interior y ayudaremos a que otros la alcancen cuando seamos sanadores en lugar de jueces.

 Si alguien decide sentirse como un títere de las circunstancias en las que vive, está en su derecho. Cada decisión individual es como un movimiento en un tablero de ajedrez destinado a resolver la partida personal. Cada persona goza de la libertad interna de elegir y mueve sus piezas de acuerdo con dicha elección.

 Compartir con sencillez lo que uno es y lo que uno tiene permite descubrir cuan útiles podemos ser en la vida de nuestros semejantes y nos colma de alegría, bienestar y paz interior.

 Esta actitud positiva de dar, compartir y entender también repercute en nuestra salud. En su libro “El Poder de la Intención”, Wayne Dyer explica cómo ser generoso estimula el sistema inmune y la producción de serotonina en nuestro cerebro provocando paz y bienestar, tanto a la persona que efectúa la acción como a la que la recibe o la observa.

 No obstante, la generosidad empieza por uno mismo y no debe confundirse con la autodestrucción. A menudo el falso ego que todos llevamos dentro, espera que la generosidad comience por el otro, y aunque esto en nada se parezca a ser generoso, abrirse a que el otro nos avasalle es autodestruirnos.

 No hagas las cosas para que te las agradezcan, pero trata de hacerlas a gente agradecida, dice un proverbio.

 Nuestra “autogenerosidad” hará que nos marchemos de los lugares dónde no nos aprecian, de las situaciones que sólo llevan a un dolor inútil, de las humillaciones que ningún ser humano debe permitir, de la rabia o el odio.

 Por encima de todo no deberíamos perder nuestro propio respeto, valoración e identidad, ni tampoco la conformidad con nosotros mismos.

 Soltar, dejar ir, desprenderse, vaciarse, son expresiones que tienen que ver con la práctica de la generosidad y que nos sugieren conductas libres de apegos y posesiones. Conductas dadivosas y receptivas que generan alegría y bienestar en todos los implicados.

 Puesto que somos seres interdependientes, nuestras alegrías y desgracias están íntimamente vinculadas a los demás. Practicar la generosidad nos permite experimentar cómo el bienestar personal está inevitablemente entretejido con el bienestar de los otros, de modo que para cultivar plenamente ese bienestar propio habremos de cooperar en el bienestar ajeno.

 Conduce tu vida con generosidad.

 

 

 

 

© Isabel Ripoll. 2011. All right reserved

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