CUANDO LA PEREZA BLOQUEA TU VIDA

En las selvas húmedas de Sudamérica habita un animal peculiar que hace de la lentitud su forma de vida. El perezoso, definido por algunos como un oso lento que parece una estatua, pasa la mayor parte del día dormitando entre las ramas de los árboles y a veces muere colgado de ellas, ya que es allí donde transcurre el grueso de su existencia.

Considerado como el animal más lento del mundo, la práctica de la relación sexual entre perezosos puede llegar a durar más de 20 horas y no es extraño que se queden dormidos durante el transcurso de la misma.

El cambio del hábitat y la exposición a los depredadores han convertido a este mamífero en una especie en extinción, no en vano cuando desciende cada semana del árbol para cubrir necesidades fisiológicas básicas, su propia lentitud le transforma en presa fácil; y sus garras, aunque afiladas, no aciertan con la rapidez del entorno.

Aunque la lentitud no implique necesariamente pereza, una persona perezosa suele ser lenta por su tendencia a la inacción o a la desidia, a postergar las cosas o a buscar una excusa para no actuar.

En el diccionario la pereza se define como negligencia, tedio o descuido en realizar acciones, movimientos o trabajos.

En determinadas circunstancias “no hacer nada” puede ser reparador. La ausencia de actividad nos permite recuperar fuerzas, descansar y serenarnos, incluso puede estimular nuestra creatividad. En otras, la pereza es un síntoma de trastornos físicos o psicológicos, tales como enfermedades que provocan debilidad física o enmascaran una depresión.

Cuando el tedio, descuido o negligencia resultan ser un subterfugio para esquivar responsabilidades o sabotear los objetivos que nos hemos trazado, esta pereza se convierte en un lastre para nuestra vida.

Resulta una obviedad que tendemos a no malgastar energías si no hay un beneficio, pero no cada vez que evitamos hacer algo o lo hacemos con desgana, o sin poner empeño alguno, la causa es una ausencia de beneficio. Puede ser perfectamente posible querer y desear algo y evitarlo y rehuirlo, a pesar de que vislumbremos su rentabilidad.

En ocasiones el motor de la pereza es el miedo. Miedo al fracaso, a la incertidumbre, al ridículo, al rechazo, a la responsabilidad. Y tendemos a disfrazar nuestra reticencia a la acción con excusitis o victimismo: “no me interesa”, “para que voy a hacer esto, si al final todo seguirá igual”, o, ”para qué aventurarme”. También es posible que detrás de nuestra aparente indolencia se esconda otra razón, como la falta de autoestima o confianza en nosotros mismos: “no puedo”, “no valgo”, “no estaré a la altura”.

¿Cómo lidiar o ganar terreno frente a esa pereza que nos bloquea?.

Lo primero, desde luego, es tomar conciencia de que somos perezosos y de cómo nos limita esa actitud.

No conozco fórmulas mágicas, aunque creo que ejercitar nuestra mente es la clave. Practicar ejercicio físico, alimentarse adecuadamente y descansar ayudan a prevenir la falta de energía, pero nuestra actitud mental y lo que decidamos pensar resulta determinante.

Centrarse en los beneficios en lugar de las dificultades y pensar en la tarea, acción u objetivo en términos más específicos y concretos (¿qué?, ¿cómo?, ¿cuándo?, ¿quién?, ¿para qué?) contribuye a la superación de la pereza. Bajo esta óptica el problema o el objetivo se tornan más comprensibles y fáciles de solucionar y crecen la motivación y las ganas de actuar. Cuando una tarea o un objetivo resultan abstractos la magnitud de la incertidumbre y de la propia incomprensión que nos embarga hará que tendamos a postergar su realización.

Dividir las tareas y objetivos en sub tareas, trazar un plan claro, ir pasito a pasito, haciendo las cosas de una en una y evitar distracciones que te inhiban de lo que estás haciendo, hará mucho más llevadero y manejable todo aquello que emprendas. Si realizas varias tareas al mismo tiempo es fácil que te satures, que caigas en el agobio y en la confusión y que el sobresfuerzo te pase factura. Rechaza las “multitareas”.  Secuencia tus objetivos y tareas  y anota los progresos.

Y por otra parte, ¿te has preguntado qué ocurriría si no hicieses eso que tienes o debes hacer?. ¿Qué perjuicios te ocasionaría por ejemplo no planchar si nadie puede pasar la plancha por ti?. ¿O tener el armario desordenado?. ¿O no hacer ejercicio?. ¿Te compensa ser perezoso?. ¿Qué pierdes?. ¿Es importante?. ¿Cuánto?.

La respuesta a estas preguntas tendrá que ser honesta. Y lo será cuando sientas que no es un pretexto para consolarte momentáneamente. Si las mismas cuestiones acechan una y otra vez a pesar de haberte respondido, puede ser que alguna incongruencia perviva en tu subconsciente. Atrévete a profundizar en ti mism@ y a conocerte de verdad.

¿Y qué tal si te tratas bien?. Me refiero a premiarte de forma razonable y proporcionada cuando logres cualquier cosa que para ti represente un avance, por pequeño que este sea. Piensa en un baño reconfortante, un paseo, un helado. Se tu fan número uno.

En todo caso, puedes convertir la superación de la pereza en tu propio desafío personal. Planteártelo como un reto. ¿Hasta dónde eres capaz de llegar?. Pruébate a ti mism@ y date ánimos. ¡Puedes hacerlo!, de modo que: ¡hazlo!. Descubre tus posibilidades y recursos. Aunque lo ideal es utilizar esos recursos propios para superar la pereza que te limita, siempre puedes apoyarte en otras personas e incluso modelar lo que te inspira en los demás.

Pero ante todo, muévete y vive plenamente lo que haces. Mantente activ@ y encuentra una razón que te impulse. Involúcrate emocionalmente con los cinco sentidos en ella.

La pasión es el motor de la acción, del entusiasmo y de la energía. Es pura vida y dedicación. Y marca la diferencia en los resultados de todo cuanto emprendemos. El nivel de pasión que pones en lo que haces determina la intensidad de tu éxito. Es el pequeño plus que te hace brillar.

Termino con un resumen de las palabras que Al Pacino pronuncia en su interpretación memorable como entrenador de fútbol americano. Creo que son un fiel exponente de todo lo que puede mover la pasión en nosotros:

Podemos salir trepando del infierno, pulgada a pulgada. La vida es un juego de pulgadas. Puedes pelear por esa pulgada, hacerte pedazos por esa pulgada, clavar las uñas por esa pulgada porque sabes que cuando sumes todas esas pulgadas, eso hará la diferencia entre ganar y perder. Quien esté dispuesto a morir por esa pulgada, ganará. Y si algo de vida te queda es porque aún estas dispuesto a luchar y morir por esa pulgada. Porqué eso es lo que significa vivir. Las seis pulgadas que tienes ante ti.

Si la pereza te limita, disípala con tu pasión.

 

Deja un comentario

Archivado bajo Acción, Actuar, Autoconocimiento, Autoestima, Autoliderazgo, Autosabotaje, Bienestar, Cambio, Dirigir tu vida, Ganar, Inteligencia emocional, Isabel Ripoll, Liderazgo personal, Metas, Objetivos, Pereza, Perezoso, Tedio

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s