EL TIEMPO EN TUS MANOS

 

El tiempo es un tema eterno.

Algo que hace del tiempo un bien preciado, es el hecho de saber que puede desaparecer  repentinamente y, sin embargo, cada instante de vida, nos brinda la oportunidad de disponer de él.

El valor del tiempo también se mide por  la sensación de pérdida.  Ese instante que se escapa y no vuelve. El que nos deja con la incertidumbre de saber si tendremos más.

A veces utilizamos el tiempo para planificar el futuro  y olvidamos el presente.  Nos ausentamos de lo que estamos  viviendo, para sumergirnos en las distracciones de nuestro diálogo interior o en el rumor de cuanto nos rodea.

Una cosa que me fascina del  tiempo es su maleabilidad. La posibilidad que tiene cada individuo de dedicarlo a aquello que le hace sentir pleno, realizado o valioso.

Por esta razón, me parece importante saber gestionar nuestro tiempo personal.  Decidir a qué lo dedicamos y para qué, pues al dejarlo a su antojo, puede acabar en manos de alguien o provocarnos frustración si percibimos qué no lo controlamos o que lo hemos perdido. Sea como sea, su empleo es producto de una elección personal.

De modo que cuando digo “no tengo tiempo” hago una elección, aunque en paralelo pueda estar formulando una excusa. No significa que no tenga tiempo para otras cosas, sino que elijo dedicarlo a una actividad, objeto o persona en concreto.  Cuando tengo tiempo para trabajar y no para hacer deporte es porque trabajar es para mí una actividad prioritaria, puede que me guste más, o quizá lo que suceda es que no quiero hacer deporte.  Y si postergo la familia  por el trabajo o el deporte, es mi decisión.

 Aquello que elijo, activa o pasivamente, puede hacerme sentir bien o mal. Puedo ser adicto a una emoción negativa y dedicar mi tiempo a situaciones, objetivos o personas que me suscitan esa emoción.  La persona adicta a una droga seguramente elija dedicar su tiempo a adquirirla y consumirla.

Analizar a qué dedicamos nuestro tiempo es un ejercicio muy saludable: ¿Contribuye esa elección personal a nuestro bienestar?, ¿a lo qué deseamos conseguir y sentir con ella?.

A la hora de establecer prioridades, una buena opción es hacerse preguntas: ¿Qué nos mueve?. ¿Ser percibidos como eficaces?, ¿sentirnos bien con nosotros mismos?, ¿crear relaciones?, ¿aportar valor?. ¿Qué actividad, acción o persona nos potencia o conduce hacia nuestros objetivos?. ¿Qué cosas de las que hacemos aportan sentido a nuestra vida?.

Cuando algo que no figure en la lista sea importante, tocará  hacerle un hueco a la medida de su importancia y de la importancia del resto de actividades o personas que figuran en ella. Crear huecos exige reducir o eliminar el tiempo que dedicamos a otras cosas. No podemos tener todo, pero si aquello que resulta vital para nosotros.

Si ordenamos nuestras prioridades conforme a criterios alineados con los propios objetivos y valores, no tendremos la sensación de estar perdiendo el tiempo o de perder oportunidades que en realidad para nosotros no son tales. Tampoco buscaremos excusas. Al poner luz en nuestro tiempo mediante un acto de conciencia y reflexión, logramos ser dueños del mismo. No es el tiempo que nos toca el que nos utiliza, somos nosotros quienes lo utilizamos a él.

En nuestra lista personal y profesional debería figurar todo aquello que resulta esencial, aquello sin lo cual no estaríamos completos porque nos define.

El tiempo debería ser un recurso útil.  Para sacar el máximo partido de los instantes que dedicamos a las actividades, objetivos y personas de nuestra lista, no hay mejor fórmula que prestar atención y poner la máxima intensidad en lo que hacemos o percibimos.

La atención y la intensidad son puro enfoque. Una suerte de pasión  que nos hace entregarnos con los cinco sentidos a cuanto emprendemos.  Algo así como vivir el momento y para el momento, exprimiéndolo al máximo. Es el “juice” del que se suele hablar en el argot comercial. El líquido jugo que mide la eficacia de nuestro tiempo.

Si mi elección ha sido acertada, el resultado se traducirá en un excelente zumo. En otro caso:  ¿Qué ha fallado?, ¿qué puedo aprender?. ¿Debe estar esa actividad, objetivo o persona en mi lista del tiempo?. ¿Es lo que yo quiero o lo que quieren otras personas?.

Mientras estás vivo, el tiempo es un reloj de arena en tus manos. Tú decides cuando se pone en marcha y para qué. Si haces o no zumo con él. Si le exprimes todo el jugo  o te conformas con exprimirlo a medias. Lo importante es que seas consciente de lo que tienes entre tus manos y de las posibilidades que te ofrece,  que lo utilices en tu beneficio y para tu felicidad.

Si te quejas porque no tienes tiempo, algo sobra o falta en tu vida. Te toca averiguar y decidir. Piensa que a veces uno cree  estar enfocado en lo que desea y de pronto descubre un puñado de  arena colándose entre sus dedos.

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