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¿TIENES MIEDO AL COMPROMISO?

Si crees que has encontrado la persona adecuada para ti, ¿Por qué no bajas la guardia y amas?.

Si no confías en alguien, ¿cómo amarlo?. y si confías ¿qué te detiene?.

Queremos amar, pero nos entra pánico.

 ¿Tienes miedo a las relaciones?. ¿Es el miedo al compromiso una constante en tu vida?.  Ser consciente te permitirá  comprender   y  gestionar adecuadamente ese temor.

 El miedo juega un papel fundamental en el éxito o fracaso afectivo.  Puede hacer que la relación que tanto deseabas se vuelva una pesadilla, que vivas de forma incongruente con tus valores,  te amargues la existencia y  hagas daño a otras personas.

 Si no eres consciente de ello,  tal vez  adoptes una actitud victimista, quejándote de que todas tus relaciones afectivas fracasan.

¿Sabes que podemos elegir inconscientemente mantener relaciones afectivas con una persona porque intuimos que fracasaran o que no llegaran muy lejos ?. Cuando  este tipo de individuos conocen a alguien maduro que les ofrece un compromiso o escuchan la palabra “te quiero”, se sienten tentados a huir.  No obstante, puede que esa  persona les guste de sinceramente  y dañen su relación hasta un punto sin retorno.

¿Conoces algún caso de personas que después de haber roto una relación se arrepienten de inmediato, o tal vez con el tiempo?.

Una amiga me contaba que sufrió mucho cuando la abandonó el hombre  que más había querido en su vida. Lo hizo sin razón aparente. Diez años después, la llamó por teléfono.  Había dejado su trabajo en una gran empresa y viajado a otro país para vivir una relación con una mujer casada y con dos hijos. Aunque la mujer acabo divorciándose, las cosas entre ellos no fueron bien.

–Tanto tiempo sufriendo por esa ruptura y cuando la supero, este hombre viene y me dice que yo he sido la persona más importante de su vida y que le gustaría retomar la relación. Como si nada hubiera pasado. No me apetece en absoluto volver atrás- comentaba.

¿Vas a perder al amor de tu vida por culpa del miedo?.

Conoce tu estilo afectivo y vive de acuerdo con él. De lo contrario  sufrirás y provocarás sufrimiento.

La soledad no incide negativamente en nuestra vida cuando es producto de una decisión meditada y consciente,  pero si la utilizamos como un escudo para protegernos de las responsabilidades o de las relaciones con las personas, caerá sobre nosotros como una losa.

El miedo al compromiso suele estar vinculado a situaciones como la falta de cariño e inestabilidad emocional durante la infancia  o a una decepción amorosa importante.

Estas vivencias generan un temor irracional a lo desconocido, a asumir responsabilidades,  fracasar, decepcionar o ser decepcionado, que actúa como saboteador de nuestras relaciones. Los síntomas de esos temores son diversos. Nos ponemos a la defensiva, fijamos un listón rígido y excesivamente alto,  tratamos de frenar  la relación,  provocamos malentendidos,  nos mostramos distantes, tensos y nos impedimos, en definitiva, ser nosotros mismos, disfrutando plenamente de nuestros sentimientos y de la intimidad con el otro.

El miedo paralizante nos priva de madurar y experimentar;  hace que nos sintamos  por fuera del mundo. También puede desembocar en un afán de controlarlo todo. Desgraciadamente las personas no son controlables y esto suele provocar angustia y rechazo por parte de quién lo sufre. Lo natural es dejar que las cosas fluyan, no reprimirlas. La autolimitación y el excesivo cuestionamiento suelen acarrear sentimientos negativos.

La relación madura de compromiso discurre en un ambiente de equilibrio entre  responsabilidad y autonomía personal y, claro está, se basa en el amor y en la existencia de intereses comunes.

 Resultar herido en las relaciones afectivas es una posibilidad, no una certeza. El fracaso  forma parte de todo cuanto emprendemos y nos ayuda a crecer y madurar como personas, a atesorar experiencia y a profundizar en la empatía humana. Está en cada decisión que tomamos y en cada acción que llevamos a cabo, aunque sin el, el éxito tampoco será una realidad.

Identifica tu miedo, reconócelo, compártelo con la persona que quieres y actúa para disiparlo.

Si tu elección es vivir el amor en toda su plenitud, asume que el compromiso cambiara la situación de tu vida, pero te aportará muchos aspectos positivos. Date una oportunidad a ti mism@ para experimentarlo. Te mereces amar y ser amado.

¿Qué tal si haces  una lista?. Una lista de pros y contras te ayudará a saber lo que quieres y porque lo quieres. A valorar que te aporta más.

¿Si no sintieras miedo que harías o que le dirías a la persona que amas hoy mismo?. Cuando a este pregunta se te ocurran respuestas diferentes de nada o no sé, piensa en porque y para qué dejas que el miedo se interponga en tu relación con esa persona. ¿Que te aporta?. ¿Que podría aportarte decir o hacer lo que desearías hacer o decir sin miedo?.

Lo importante es que seas consciente de tu temor al compromiso,  que no dejes que este te lleve hacia dónde no quieres ir, como si fuera el dueño de tu vida. Recuerda que eres tu propio líder. Sólo tú decides.

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VALORA A TU PAREJA: “CONFIO EN TI Y TE ACEPTO COMO ERES”

Un gran amigo mío, divorciado por tres veces, solía decir que cada uno de nosotros somos un conjunto de virtudes, defectos y circunstancias. Decía, desde su experiencia, que si decides unir tu vida a una persona has de aceptar todo ese conjunto, y que no caben términos medios.

Cuando queremos a alguien y decidimos iniciar una relación de pareja, es fácil que nos llenemos de expectativas.

Pocas veces reparamos en el hecho de que eso que imaginamos o deseamos es completamente subjetivo.

Cuando todo es perfecto en nuestra mente, cuesta entender que la otra persona no sea tan ideal.

La realidad es que tu pareja es un ser humano con limitaciones, exactamente igual que sucede contigo, y, por supuesto, ninguno de vosotros está en este mundo para satisfacer las expectativas ajenas.

¿Por qué la elegiste entonces?.  Puede que al hacerte esta pregunta repares en los numerosos aspectos positivos que esa persona posee.

 ¿Son esos aspectos lo suficientemente importantes y valiosos como para comenzar o proseguir la relación?.

Si la respuesta es afirmativa, tener una relación plena pasa por valorar y aceptar al otro como es, sin empeñarte en cambiarlo.

Cualquier relación sana, exige comprender que quién está a tu lado no es el ser “perfecto” que pensabas, y sin embargo, está lleno de talentos, virtudes y cualidades que amas y admiras. Amas y admiras a esa persona independiente, valoras lo que es, la apoyas, confías en ella y la ayudas a ser mejor.

Tal vez parezca algo muy elemental  y sencillo decirle a la persona que quieres “confío en ti y te acepto como eres”, pero ¿cuántas veces lo hacemos en realidad?, ¿cuántas lo sentimos y demostramos?.

En ocasiones, damos por hecho que se deben conocer estas cosas, y mientras eso ocurre, comienza el distanciamiento. La comunicación fluida resulta esencial para alcanzar relaciones óptimas.  No sólo sentir y pensar en la persona, sino decir abiertamente lo que sentimos y pensamos, mostrando con hechos y palabras que es valiosa y querida para nosotros.

Sin confianza y aceptación, la pareja es una unión artificial  abocada al fracaso.

El amor por sí solo no impide que surjan dificultades. Aunque la pregunta clave ante una situación de crisis gire en torno a lo que sientes por la otra persona,  hay otras cuestiones como el grado de confianza y aceptación, la existencia de un proyecto común de vida y el nivel compromiso, sin cuyo concurso una relación de pareja resulta insostenible a menos que, por amor, estés dispuest@ a convertir tu vida en un infierno.

Cuando exigimos cambios esenciales en la personalidad de nuestra pareja,  incluso pequeños cambios con los que no está de acuerdo,   proyectamos sobre ella nuestra inseguridad o entramos en descalificaciones, es lógico que se produzcan  serios desencuentros. En estas situaciones, poco o nada puede hacer el amor por estabilizar el vínculo.

La confianza genera confianza. Es un círculo virtuoso.

Si confías en alguien, le motivas para ofrecer lo mejor de sí mismo.

En ocasiones la confianza se resiente porque no ha tenido lugar una conversación sincera y flota en el ambiente la sensación de que quedan cosas por decir o explicar. Tal vez se perciba que lo que se dice y lo que se hace no resulta congruente o que las palabras quedan desmentidas por el lenguaje no verbal.

En cualquier caso, una relación sana admite errores, no dudas. Si no eres capaz de perdonar y volver a confiar, tu vida sentimental naufragará.

Aceptar a tu pareja como es implica que la valoras y que te valoras a ti mism@. Renuncias a igualarla o compararla con alguien porque comprendes que es única y diferente.

No es extraño ver casos de personas que excluyen a su compañer@ sentimental de la vida social por temor o por vergüenza o que realizan observaciones sobre aspectos físicos y rasgos de su carácter con los que no se sienten a gusto.  A través de este tipo de conductas lo que hacemos es proyectar  nuestra falta de autoestima y nuestras expectativas personales sobre el otro.

¿Cuánto tiempo y fracasos invertimos en aprender que no podemos ir sana ni felizmente por la vida tratando de despojar a los demás de su esencia, amando en ellos lo que no tienen?.

Valora a tu pareja. Ten presente sus emociones, sus ideas, sus gustos, sus sueños. Muestra respeto, aprecio e interés por su persona, ensalza sus virtudes y aspectos positivos, abre tus oídos a sus palabras y motívala a dar lo mejor de sí misma.

Cuando no aceptas al ser humano qué amas, o no confías en él,  te estás decantando por vivir en una relación tóxica. Una relación en la que ambas partes os desdibujáis como personas. ¿Realmente deseas una vida con esa calidad emocional?.

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NO TE NIEGUES A TI MISM@ LA PAZ

“No puedes negar quién eres. No puedes negarte a ti mismo siempre”. Son  palabras pronunciadas por el protagonista de la película que tuve la oportunidad de presenciar hace unas semanas.

 ¿Lo que siempre queremos negar es lo que somos?.

 Cualquiera que sea la respuesta que se de a esta pregunta, si niegas lo que eres, te estás lastimando.

 Así lo expresa el maestro hindú Prem Rawat cuando afirma:. “No puedes negarte a ti mismo lo que sientes: Si te lastimas, decir que no te has hecho daño no te quita el dolor”.

 Cuando negamos estamos rechazando e ignorando, con independencia de que aquello que rechazamos o ignoramos exista o no. Si la negación se refiere al propio individuo, puede implicar una renuncia a la autoestima, al autoconocimiento, al cambio o a ser lo que uno es. Este asedio contra uno mismo representa el gran obstáculo para lograr la paz interior.

 Son múltiples las formas en que uno puede negarse. Pensemos en situaciones dónde no reconocemos que algo nos hiere o, por el contrario, que nos gusta y es positivo para nosotros. Cuando rechazamos cualidades, valores o ideas propias. Las ocasiones en que ignoramos los mensajes del cuerpo, rehuimos la responsabilidad de nuestra vida y jugamos a ser víctimas de las circunstancias.

Si aceptamos que otros traspasen nuestros límites, nos digan cómo debemos pensar, sentir y vernos o nos medimos con ellos. Cuando no somos capaces de perdonarnos o cuando nos auto saboteamos por miedo a fracasar o a tener éxito.

 Estas y otras son las formas en que jugamos a ignorarnos y a rechazarnos, unas veces por miedo, otras por complacer a los demás y sentirnos valorados e importantes.

 Negarse es como vendarse los ojos o hacerse el distraído ante la agresión contra uno mismo.

 Aceptar que cada uno de nosotros es un ser único y perfecto en su imperfección, que no existen dos personas iguales en el Universo y que, por tanto, no hay base para efectuar comparaciones, es el primer paso hacia la paz interior.

 Puedes hablar de tus fracasos y de tus éxitos abiertamente y de forma espontánea sin agredirte, al fín y al cabo, ambos te definen y gracias a ellos eres tú. Sé natural en esto. Puedes ser asertivo y mantener tus opiniones sin mostrar un comportamiento beligerante con los demás. Puedes mantener una actitud de dignidad y armonía en situaciones de estrés. Reaccionar de forma tranquila, recibir los halagos y el afecto con comodidad, reconocer las críticas y aceptar tus errores de forma natural, ser feliz por el sólo hecho de estar viv@, abrirte sin miedo a nuevas posibilidades y formas de pensar, ver la vida con sentido del humor.

 Si eres capaz de vivir desconectad@ de los pensamientos inquietantes, inútiles o amenazantes, alcanzarás esa tranquilidad profunda que se traduce en el bienestar personal y emocional.

 La paz personal conecta con un sentimiento de serenidad interior que experimentamos al liberamos de las preocupaciones, el sufrimiento, el dolor, el estrés y el miedo y ser conscientes de las incontables maravillas que nos ofrece la vida y de la maravilla que cada uno somos.

 No es insano aspirar a la excelencia, pero si consideras cada momento como perfecto y lo disfrutas  sin esperar al momento perfecto, vivirás en paz.

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EXPRESAR LO QUE SIENTES Y PEDIR LO QUE NECESITAS

“El que calla otorga”, dice un refrán.

Imagínate que extendieses un cheque al portador en el que el importe no fuera un número sino una afirmación denominada “SI”.

“SI”, para el portador, significaría algo como: pienses lo que pienses y creas lo que creas sobre mí habrás acertado, porque no sólo tienes el derecho a interpretar mis actos y a adivinar mis pensamientos, también tienes la verdad.

Que otros piensen que les asiste la razón no tiene porque ser importante y el silencio puede verse como una forma de lenguaje, la cuestión es ¿qué nos aporta?. ¿Se trata de una decisión meditada en un momento concreto o de una actitud a la que estamos predispuestos con independencia de que nos beneficie o perjudique?.

Cuando silenciar lo que pensamos y sentimos se traduce en sentimientos negativos, algo dentro de nosotros está obrando en nuestra contra.

Es lo que sucede si callas y piensas que nadie te comprende, que deberían saber lo que te ocurre o que ignoran tu valía. Si sólo callas por miedo o de forma inconsciente.

¿Alguna vez has pensado en como contar lo que te pasa y expresar lo que sientes podría mejorar tu vida?.

Las emociones que se reprimen pueden generar traumas y enfermedades.  Canalizar bien la emoción implica vivirla y liberarla. Cuando tienes un sentimiento positivo o negativo lo más productivo para nuestro bienestar es reconocerlo y buscar el momento apropiado para expresarlo.

Salvo que las personas que te rodean sean “psíquicos”, no deberías esperar que tengan poderes para leer tu mente.

Las indirectas, por su falta de claridad, tampoco ayudan. Puede suceder que alguien acierte, pero, si lo hace, ¿qué parte de tu mensaje se habrá perdido?. A menudo la indirectas conducen a sudokus imposibles. Todo son preguntas y especulaciones sobre el comportamiento del otro o sobre lo que el otro quiso decir. Lo más  fácil es que acabemos distorsionando la realidad.

Si alguien pone su mano sobre tu hombro mientras habla contigo, no implica que sea tu amigo ni que sienta especial afecto por ti. Puede que la persona tienda a comunicarse mediante el tacto. Cada individuo tiene preferencia por un canal de comunicación.  Al saludarte, por ejemplo, las personas que tienden al canal auditivo prefieren hablar, si tienden al canal visual quizás prefieran sonreír, mientras que los kinestésicos seguramente opten por un abrazo o por darte la mano.

Todos tenemos necesidades y también nos gusta satisfacer las necesidades de otros. En especial cuando se trata de personas por los que sentimos afecto. Como individuos interdependientes, pedir lo que necesitamos y expresar lo que sentimos es necesario para nuestro bienestar y supervivencia.

Pero, ¿sabemos pedir?.

La falta de práctica y de convicción puede llevarnos a ser exigentes y agresivos.

Si dices lo que piensas o sientes con calma, claridad y directamente  te escucharán. Cuando al expresarte adoptas una actitud asertiva y evitas agredir o resultar agredido obtienes empatía. Pide, pero no exijas.

Al pedir, puedes o no recibir.  La negativa es una posibilidad. Por ello, conviene entender que un NO es un NO en ese momento y para aquello concreto que has pedido, de ninguna forma un NO para siempre y para todo.

 Negarte lo que pides es un derecho que asiste a las personas más que una muestra de desprecio. Cada cual  en función de sus valores y circunstancias, decide a quién, cómo y cuándo ayuda. ¿Cuántas personas que te quieren te han dicho NO alguna vez?.  ¿A cuántas personas que quieres has dicho tú NO ?. Aún tienes la opción de pedirlo en otro momento, de otra forma, a otra persona.

Mejor eso que adoptar el papel de víctima con frases como: “Si me quisieras, sabrías cuáles son mis necesidades”. Suena un tanto absurdo, ya que alguien puede quererte pero no saber exactamente cuáles son tus necesidades, por mucho que se empeñe en averiguarlo.  O pensar “Si tengo que pedirlo, entonces ya no merece la pena”. Una creencia personal sin base objetiva, que destroza parejas y relaciones con los demás.

En cierta ocasión alguien preguntó a los asistentes a un foro de discusión si pensaban que las personas complicamos las cosas al ser tan reacios a pedir y expresar lo que sentimos. Uno de los participantes respondió:

“Las personas complicamos mucho las cosas, y es así de SIMPLE:
Si extrañas, LLAMA. Si quieres encontrarte con alguien, INVITA. Si deseas que te comprendan, EXPLÍCATE. Si tienes dudas, PREGUNTA. Si no te gusta, HABLA. Si te gusta HABLA MÁS. Si tienes ganas, HAZLO, ARRIESGATE. Si quieres algo PÌDELO…es la mejor manera de que empieces a merecerlo. Si el “NO” ya lo tienes, solo corres el riesgo del “SI”. ¿Qué esperas?. La vida es una SOLA y no hay tiempo que perder”.

¿Y si probases a contar lo que te ocurre, pedir lo que necesitas y  expresar lo que sientes?.

El resultado te sorprenderá.

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COMPRENDER Y SUPERAR EL FRACASO AMOROSO

Si  las personas respondiesen a nuestro mapa de la realidad tendríamos una oportunidad de conocer,  controlar y modificar sus reacciones.  Pero lo cierto es que hay una parte de lo que son los demás que no percibimos. Del mismo modo,  percibir es el resultado de corregir e interpretar lo que piensan y hacen otras personas conforme a sentidos, experiencias, necesidades y expectativas propias.

De ahí que nuestros pensamientos no sean la verdad, aunque para nosotros resulten ciertos, y que los mapas y conductas de otros individuos se escapen a nuestro control. Transpolando esto al terreno de los sentimientos, el éxito o el fracaso amoroso no es algo que dependa al cien por cien de uno mismo, pues la relación sentimental consta de dos partes y bajo nuestro control sólo tenemos una.

En la aventura del amor la voluntad humana no siempre cuenta.

Para empezar tú no eliges de quién enamorarte ni decides quién se enamora de ti. Y en ocasiones, por nuestros diferentes mapas de la realidad, damos al comportamiento de una persona una interpretación distinta de la que para ella tiene o somos interpretados en una forma que nada tiene que ver con nuestra intención. Incluso cuando el amor se convierte en relación estable y vamos obteniendo nuevas percepciones acerca de la persona con la que compartimos nuestra vida, podemos llegar a concluir que dónde sólo veíamos coincidencias existen diferencias abismales.

La relación amorosa evoluciona al hilo de las percepciones y acontecimientos individuales y lo hace de forma desigual e incontrolable. Sin voluntad de estar juntos y sin trabajar la relación, poco puede hacerse, pero cuando se trata del amor en sí, la voluntad no basta. O amas a alguien o no lo amas. Por supuesto siempre de acuerdo con tu propio concepto del amor.

Siendo la percepción de la realidad tan diferente y peculiar en cada persona, no es de extrañar que existan desencuentros y rupturas. El fracaso amoroso es algo natural, aunque no por ello menos doloroso.

Pocas sensaciones resultan tan insoportables como las que experimentamos al percibir o escuchar que no nos quieren de la forma que esperábamos o sencillamente no nos aman. Tal vez algo peor que esto sea no aceptar la situación y continuar luchando en vano. “Conseguiré que me quiera”, se dicen algunos, y la pregunta es: ¿cómo?; ¿acaso depende de ti?.

Los sentimientos no se fuerzan. Nadie tiene poder sobre el amor, ni siquiera la persona que lo experimenta o la que desea experimentarlo. Pensar que lograremos hacer cambiar de opinión a alguien sobre lo que siente es otorgarnos un poder que no poseemos, a no ser que este sentimiento ya exista y lo que busquemos sea un acuerdo de convivencia. Con todo si el acuerdo implica renunciar a principios y valores esenciales para uno, puede convertirse en papel mojado.

De modo que tienes la opción de practicar hechizos para enamorar prolongando tu agonía o aceptar el fracaso y comenzar el proceso de recuperación.

Todo fracaso o rechazo amoroso desencadena un periodo de tristeza, ira e impotencia, hasta que llegamos a la aceptación.

Aceptar supone entender al otro y no insistir más ni forzarle, admitir el rechazo como algo normal en el ciclo de la vida, algo que todos hacemos y a lo que todos tenemos derecho. No podemos agradar a todo el mundo ni todo el mundo agradarnos a nosotros.

Lo que realmente nos lleva por el camino de la superación es aceptar el rechazo dignamente y con humildad sin caer en la trampa de culpar u odiar al otro, ni sentirnos víctimas.

Que alguien te rechace no implica necesariamente que no te aprecie, valore o considere, ni tampoco que tú no seas una persona valiosa o que el mundo te vuelva la espalda, tan sólo significa que una vez, en una situación y con una persona en concreto las cosas no salieron tan bien como esperabas. No es más que un hecho puntual y aislado en tu vida.

Es importante reflexionar y poner las cosas en su contexto. Entender que tu bienestar no puede depender de un hecho o de una persona concreta, que antes y después de ese fracaso tenías y seguirás teniedo una vida . ¿Qué ganas teniendo contigo a quién no te acepta a su  lado ?. ¿Para qué conformarte con eso cuando puedes optar por algo mejor?. ¿No es lo que tú te mereces?.

El fracaso o rechazo amoroso implica que se ha producido  un cambio y comienza una nueva etapa, en la que se abren otras posibilidades. La vida te ofrece una oportunidad para conocer nuevas personas o para estar a solas contigo mismo.

Enfócate en ti, en mimarte, desarrollarte, hacer deporte, ampliar tu círculo de amigos o contactos y realizar todas aquellas actividades que te gustan.

A la recuperación ayudan el distanciamiento y el paso del tiempo. Desde la distancia y el tiempo las cosas se ven con otra perspectiva. Es posible que tras superar ese periodo de dolor estemos en condiciones de ofrecer al otro nuestra amistad, pero si nos implicamos con él será difícil que podamos sustraernos al sufrimiento o a la tentación de forzar inútilmente las cosas.

Poco importa si la persona fue deshonesta, mintió o se volvió atrás. Si pusiste o apostate más. Pensar esto podrá consolarnos momentáneamente, pero alimentará el resentimiento y no evitará el dolor. Sólo el perdón, la aceptación y la comprensión de que el rechazo forma parte del juego de la vida y  de que todos los experimentamos logrará impulsarnos hacia la paz interior y la superación.

Aprendamos a aceptar con deportividad nuestras pequeñas derrotas y preparémonos con ellas para el siguiente partido.

 

 

 

 

 

 

 

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LA FELICIDAD DE LO SENCILLO

No olvidaré los ojos tristes de aquel esquimal.  Como tantos inuit, se vio inmerso en una sociedad que no entendía.  Muchos de sus compatriotas abusaban del alcohol para tratar de ahuyentar aquella mezcla de confusión y desosiego.

Era un hombre sexagenario cuya existencia se había visto radicalmente transformada al desplazarse a Montreal. En sus tiempos mozos vivió cómo un nómada. Iba de un sitio a otro siguiendo la migración de los renos y de las ballenas, midiendo el tiempo por el lapsus que duraba una “dormida”. No pensaba en el comercio, ni en el trabajo, sólo cazaba, y, conforme a la tradición, su corazón absorbía la grandeza del animal muerto.  Fue una época en la que todo era de todos dentro de los helados condominios de su civilización y no había riesgo de enfrentamientos.

-Los inuit eramos gente amable y hospitalaria; vivíamos felices en un territorio que los blancos consideraban hostil para la vida. Hoy en día ser inuit es muy triste. Tenemos rifles para cazar, alimentos que compramos en supermercados, coches y televisión, pero hemos perdido nuestra identidad – explicaba cariacontecido.

Su testimonio  me pareció un ejemplo de cómo la sencillez nos permite vivir en plenitud.

 Ser lo que somos, sin aparentar ni ponernos máscaras, sin pretender ser otra cosa, sin medir nuestra autoestima por lo que poseemos, logramos o conocemos ni por lo que piensen de nosotros, nos conecta con la sencillez.

La sencillez se nutre de libertad y aporta paz interior. Cuando nos obsesionamos con nuestra apariencia, prestigio e imagen personal, con las posesiones materiales o con lo que no tenemos, vivimos esclavizados.

En el entramado de la sofisticación y de las necesidades creadas, es fácil perder  la identidad. Si no sabes cuál es tu esencia, si te impones lo que no eres y te ves incapaz de vivir en armonía con la naturaleza, tu vida discurre en la superficie. En palabras de Osho, “tendrás una vida de plástico”, pues, “serás algo en la superficie y justo lo contrario en lo profundo de ti”.

La sencillez no implica vivir en la pobreza sino en armonía contigo mismo, sin conflictos, ni divisiones, sin luchas intestinas entre lo que eres y lo que quieres ser, sin esforzarte por ser quién no eres.

No valemos por nuestra ropa, por nuestros coches, por estar a la moda, porque tengamos más dinero o porque seamos capaces de imponer nuestra autoridad, sino por lo que hay en nuestro interior. Todo lo que necesitamos está dentro de nosotros.

Puedes tener una vida ideal o poseer múltiples cosas y sentirte desgraciado. Puede que una sonrisa te produzca más alegría que todo el oro del mundo. O que todo el oro del mundo no  te haga tan feliz como un simple paseo por la naturaleza.

 Alguien sencillo  aprecia la vida por lo que es, no necesita nada extraordinario para poder sentirte vivo, porque es capaz de transformar lo ordinario en extraordinario. El canto de un pájaro, la puesta de sol, el café de las mañanas o un simple abrazo, se convierten en acontecimientos únicos y hermosos. Quién vive desde la sencillez carece de pensamientos complicados, de adornos o de artificios. No necesita poner en un escaparate sus posesiones o cualidades porque estas son algo evidente y natural.

No somos el título universitario que hemos obtenido, ni el puesto que desarrollamos en una empresa, ni la profesión que elegimos, ni el sueldo que cobramos o el coche que conducimos, tampoco la nacionalidad que poseemos. Somos  seres humanos mortales con necesidades básicas parecidas, seres vivos que buscamos interactuar unos con otros, dar y recibir afecto y sentirnos valiosos.

La sencillez vive en los ojos con que un niño contempla el mundo, tiene el aroma y el encanto de la inocencia alegre, la dulzura y la ingenuidad. Es eso que está más allá de lo que poseemos y de lo que construimos artificialmente y más allá de lo que pretendemos. Esa parte de nosotros que no paga tributos y con la que nos sentimos profundamente identificados.

Lo sencillo es lo que somos y lo complicado aquello que pretendemos o nos inventamos ser.

 

 

 

 

 

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ACTITUD MENTAL POSITIVA

La actitud es una forma de respuesta aprendida ante lo que nos acontece o acometemos. Proviene de una disposición mental y neurológica individual frente a las situaciones que afrontamos en la vida. Esta disposición se nutre de pensamientos y emociones generadas por experiencias.

 Tener una actitud mental postiva resulta clave para lograr éxito y sentirnos felices. La consecución de un objetivo no depende sólo de  la capacidad y talento individual, es necesario tener el ánimo y desarrollar el comportamiento adecuado. Respecto a la felicidad, no importa tanto lo que suceda a nuestro alrededor como la forma en que lo veamos, sintamos y actuemos.

Como líderes de nuestra vida podemos elegir entre adoptar  una perspectiva positiva o negativa de la realidad. Tenemos en nuestras manos la creación de hábitos mentales positivos y negativos.

Las reacciones humanas se generan en el cerebro y es la forma en que decidimos percibir y creer lo que impulsa nuestros actos.

Nuestros pensamientos habituales provienen de las redes neuronales que se generan en el interior de cada persona. A lo largo de la vida, mediante el proceso de pensamiento, hemos ido construyendo redes neuronales para los temas que consideramos importantes. Mediante la repetición de pensamientos y actitudes, dichas redes se fortalecen, hasta llegar a un punto en el que su activación es automática. Ello implica que ante un estímulo especifico y sin necesidad de que intervenga nuestra mente consciente, la red neuronal se pone en marcha.

Algunas de estas redes neuronales pueden resultar nocivas y segregar sustancias químicas que generan sufrimiento, ira, rabia o dependencia emocional, de forma que nuestra respuesta neuronal se carga de negatividad. Con el tiempo ese circutito neuronal se irá fortaleciendo, pués el cerebro se vuelve adicto a las sustancias que está acostumbrado a recibir . Si estamos instalados en la queja o en la dependencia es porque nuestro cuerpo nos demanda sustancias que generan ese estado de ánimo.

Cuando tomas conciencia de  tus pensamientos negativos, estas en condiciones de romper  los  modelos de comportamiento que te debilitan. Tienes la posbilidad de generar otras redes para segregar nuevas sustancias químicas que te hagan sentir bien.

Sustituir una actitud mental negativa por otra positiva requiere constancia y concentración. La dificultad estriba en interrumpir una rutina a la que nos hemos vuelto adictos. No se trata sólo de generar un pensamiento positivo sino de entrenar nuestra mente para que desarrolle de forma automática ese pensamiento.

La solución depende de cada persona, pero ser conscientes de esa actitud mental negativa y de nuestro poder para cambiarla es el primer paso para crear una nueva realidad que nos haga más dichosos.

Lo siguiente es recuperar el control de nuestras actitudes. Eliminar el diálogo interior negativo y sustituirlo por una rutina de afirmaciones, visualizaciones y palabras positivas. Cada segundo nuestra mente debe ejercitarse en la ilusión, el optimismo, los valores y las creencias que nos hacen sentir bien. El hábito se crea con la repetición, se nutre de constancia y necesita de un tiempo mínimo para consolidarse.

Aceptar lo que sucede y adaptar nuestras exepctativas a la realidad, no implica ser negativo, más bien es una actitud  que facilita adquirir el control nuestra vida y mejorarla. Hemos de ser capaces de sobrevivir a la adversidad y recuperarnos, de fracasar con éxito en el sentido de saber sentirnos lo mejor posible en una situación en que lo lógico quizá fuese sentirse mal. En definitiva ver el fracaso y el dolor como una aprendizaje, concentrarnos en lo bueno y en la solución y utilizar para ello todas las herramientas posibles, desde la relajación a la meditación.

Tener una actitud mental positiva implica crearnos una vida con sentido y disfrutar de ella.

Es una actitud que no depende de nada, ni de nadie. Está sólo en nosotros. En nuestras manos.

 

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