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APRENDIENDO A SOLTAR

Si levantas tu cabeza, estiras los brazos e inspiras con intensidad hasta llenar los pulmones, sentirás que te colmas de energía.

Prueba ahora a inclinar la cabeza hacia abajo y permitir que el aire te abandone por completo, expirando lentamente. Tal vez esa energía se vaya diluyendo para dar paso a una sensación de alivio.

Inspirar y expirar es un ejercicio que realizamos inconscientemente durante toda nuestra vida, aunque sólo adquiere significado cuando reparamos en el.

Vivir una vida plena, también pasa por aprender a tomar y soltar, como si respirásemos.

A veces nos aferramos a recuerdos, personas y objetos y nos sentimos mal, porque eso que retenemos y no dejamos ir, genera negatividad, dolor o sufrimiento.

Puede que tengamos interiorizado que aquello que provoca malestar o problemas es más valioso, que no podremos encontrar nada mejor o que nos sintamos redentores de cuanto no es como deseamos en los demás, creyendo que tenemos el poder y la obligación de cambiarlo a cualquier precio. También es posible que una persona sea adicta a las emociones negativas o que prefiera ser la victima para no asumir responsabilidades sobre su vida.

Cualquiera que sea la razón, estamos ante actitudes y creencias que convierten nuestra vida en un pequeño o en un gran calvario.

Aprender a soltar eso que provoca sufrimiento y negatividad es el primer paso para salvaguardar la autoestima, la salud y la felicidad personal. Cuando dejamos ir lo que nos hace mal también abrimos huecos en nuestra vida para que entre lo positivo.

Puede que al hacerlo sufras, llores o sientas que el mundo se abre bajo tus pies, pero no es más de un proceso necesario en el camino de vaciarte para volverte a llenar.

En ocasiones hay que perder para ganar.

No puedes pasarte la vida aferrad@ a personas que roban tu energía y te maltratan, rodearte de individuos que desprecian o ignoran lo que eres, de recuerdos que alimentan emociones de ira y temor, de situaciones que te denigran y enferman o de quejas repetitivas sobre tus sufrimientos y pesares. Al hacerlo estas reteniendo el dolor y la infelicidad. ¿Con que objeto?.

¿Terminó tu trabajo, tu relación o tu amistad?. Déjalo ir.  Con el tiempo descubrirás que no es indispensable en tu vida. Tú ya eras tú antes de que todo eso existiera, ya tenías una vida  y seguirás teniéndola.

Suelta tu inseguridad, tus traumas, tus resentimientos, tus miedos, tus hábitos nocivos, tu pasado.

No te desgastes dándole vueltas a lo que sucedió. ¿Que ganas con  revolcarte en los hechos que se fueron para siempre?. No dediques tus energías a tratar de cambiar el pasado, ni a retenerlo. Sólo podemos actuar en el presente. El presente es todo lo que tenemos. Vívelo.

En la vida todos estamos abocados a ir cerrando puertas y capítulos. A quemar etapas.

Si dejas puertas abiertas, por si acaso, nunca podrás desprenderte de lo que te hace sentir mal.

Ya no eres el empleado de aquella empresa que te despidió injustamente, ni el amor o la ilusión de esa persona que tanto te quiso, ni el amigo de quién tu consideras amigo. Puede que incluso seas el gran empleado de una empresa en la que no quieres estar, el gran amor de alguien a quién no amas, el gran amigo de  quién no consideras amigo, y, si todo eso, provoca sufrimiento o malestar en ti, tu bienestar pasa por dejarlo ir.

 No esperes que te reconozcan y sepan quién eres. Quién eres lo sabes tú.

Si algún día sucede tal cosa, ¿qué va a reportarte?. Lo que acabó, acabado está. Si vuelve a ser, será algo diferente, un capítulo totalmente nuevo, porque no eres el mism@ que ayer, ni el mism@ que hace cinco minutos, y muchas de las cosas que hiciste hace cinco minutos no las harías ahora mismo, bajo las circunstancias que, ahora, en este momento, conoces; bajo los pensamientos que, ahora, en este momento, tienes. Tú ya no encajas en tu pasado, no encajas en el instante que se fue. No lo retengas. Déjalo ir.

Hoy puedes abrir una nueva página en el libro de tu existencia. ¿Cómo?. Cerrando capítulos.

No rumies el pasado. ¡Respira!

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DETECTA Y CAMBIA TUS CREENCIAS LIMITANTES

Una persona estrecha la mano a otra al despedirse y le dice, “siento no haberte podido dedicar todo el tiempo que necesitas”. Si entramos en el dialogo interior que mantiene consigo misma, es posible que este lamentando no haber podido dedicar más tiempo a su interlocutor y desee que perciba su frustración. Sin embargo, quién escucha sus palabras puede estar pensando: “es una excusa, simplemente no le interesa lo que tengo que contarle”.

 ¿Cuál es la verdad?. Cada uno tiene la suya. Cada uno ve y escucha aquello en lo que cree, pero nuestras creencias no son la realidad, son pensamientos repetidos a los que nos apegamos. Un esqueleto de ideas desde el que contemplar lo que está fuera y .dentro de nosotros.

Al condicionar las actitudes y comportamientos de cada persona, el repertorio individual de verdades, condiciona también los resultados que cada persona obtiene en su vida. Lo que crees es también lo que creas.

Las creencias se cultivan, algunas desde la infancia. Están profundamente arraigadas en nuestro subconsciente y definen nuestro carácter y nuestro destino. Las mayores hazañas y las peores destrucciones de la historia tienen su origen en las “verdades” a las que nos apegamos.

En cierta ocasión, una amiga me comentó “no termino nada de lo que comienzo”. “¿Cuando comenzaste a creer eso?” inquirí. “Con siete años. Estaba haciendo un dibujo y no lo terminé. Mi madre me dijo que nunca terminaba nada”.

Los padres deberíamos tener cuidado con las creencias que inculcamos a  nuestros hijos. Nuestras verdades pueden convertirse en las suyas. Incluso cuando parezca que no las comparten y que pasan inadvertidas, nuestras verdades pueden limitarles. Muchas creencias viven larvadamente en el subconsciente.

Cuando es limitadora, la creencia afecta de forma negativa a nuestra vida, pero también genera falsos beneficios. Pensemos en la falsa sensación de seguridad o comodidad, de liberarnos de la responsabilidad o dejarla en manos de otros.

Si una creencia nos limita, podemos sustituirla por otra generativa (positiva). Para ello es fundamental  tomar conciencia de que existe, identificándola. La auto-observación de nuestras emociones, nuestro lenguaje y comportamientos nos permitirá detectar todos esos sentimientos, palabras, actitudes y acciones que limitan nuestra vida.

Cuando te sientas molest@ con una situación, una persona o contigo mismo, pregúntate porque has reaccionado de esa manera y cuestiona y verifica si eso que crees es la verdad. ¿En qué momento de tu vida empezaste a tener esa creencia?. ¿Cómo reaccionas cuando la tienes?. ¿Quién serías tu o cómo sería tu vida sin ella?. Puedes escribir las respuestas en un papel o en un diario si te resulta más fácil.

¿Has identificado las creencias que te tienen estancad@ en tu carrera, tu trabajo, tus relaciones o tu salud?. Si la respuesta es positiva, el siguiente paso será  sustituirlas por otras que te potencien y expandan.

Cambiar nuestras creencias es un ejercicio que requiere proactividad. No vale  anclarse en el mundo de las ideas, ni conformarse con los resultados de su análisis. Es necesario hacer que las cosas pasen. Abandonar ese mundo de seguridad y comfort en el que nuestros pensamientos y comportamientos limitantes se repiten de forma consistente, como si estuvieran en automático.

La solución no pasa por destruir la creencia limitante sino por sustituirla por otra positiva o potenciadora que ocupe su lugar. La sustitución es el mecanismo adecuado para evitar que la verdad perniciosa retoñe de nuevo a nuestra mente.

Escojamos una creencia positiva de reemplazo y convirtámosla en un hábito, de forma que la aceptes y surja con la misma naturalidad con que lo hacía la anterior. Para ello, recuerda y repite tu creencia a cada momento, escríbela, siéntela, visualiza su colores, su tacto, su olor, tu vida con ella. Puedes incluso anclarla a un recuerdo o sensación positiva y nutrirte con ejemplos de personas que han logrado una vida plena o exitosa sosteniendo esa creencia.

Deshacerte de tus creencias limitantes no resulta una empresa fácil, requiere una buena dosis de constancia porque las creencias perniciosas suelen echar raíces profundas y lo que buscamos es que nuestras verdades positivas se implanten con idéntica fuerza. Hay personas que lo logran en 21 días y otras necesitan más tiempo. Algunas lo consiguen solas y otras requieren de la ayuda de un especialista en coaching o PNL.

La buena noticia es que no tienes que vivir con tus creencias limitantes, porque está en tu mano creer lo que desees.

 

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¿NO PUEDES MAS?. PÁRATE Y PIENSA

 A menudo vivimos distraídos por continuos quehaceres, obligaciones y expectativas, persiguiendo y esperando cosas, luchando por cambiar a los demás y porque todo funcione cómo deseamos.

Al volcarnos en el mundo exterior, en nuevos deseos y necesidades, carecemos de tiempo para conocernos, saborear y disfrutar nuestros logros y lo que somos.

 Cuando quedas atrapad@ en esa espiral de lucha e insatisfacción constante, no tardan en surgir emociones negativas. Puedes notar que te falta energía y experimentar síntomas de  agotamiento mental y físico, impotencia, fracaso o derrota.

Los budistas tibetanos se refieren alegóricamente al Reino de los Fantasmas Hambrientos para describir esta actitud. Lo habitan seres que poseen un apetito insaciable y por lo mismo, continuamente insatisfechos.

¿Qué hacer cuando uno se ve inmerso en esa espiral y comienza a experimentar emociones negativas?.

Cuentan que el místico ruso, George Ivanovich Gurdjíeff solía practicar con sus alumnos un ejercicio denominado Stop. De repente les decía: “¡Stop!” y todos tenían que detenerse, tal como estuvieran.

Otra técnica utilizada en la educación infantil es el semáforo. A través de la asociación de las luces de un semáforo con las emociones y la conducta, los niños aprenden que la luz roja implica pararse, tranquilizarse y pensar antes de actuar. La luz amarilla les induce a pensar en soluciones o alternativas y sus consecuencias, mientras que la luz verde invita a seguir adelante y poner en práctica la mejor solución.

Cuando faltan fuerzas para continuar y nos sentimos desbordados, defraudados, fracasados o insatisfechos, ha llegado el momento de pararnos, descansar y reponer nuestra energía.

Parar supone desconectar y distanciarse.

Desconectar de ese mundo exterior que absorbe nuestra energía para conectar con uno mismo a través de la meditación.

 Sólo en nuestro interior se halla la paz y serenidad que anhelamos.

La meditación regular ayuda a descansar, ahorrar energía y mantenerse relajad@. Al meditar, cerramos la puerta al ruido y a los problemas que descansan en nuestro trabajo o en nuestra vida personal, silenciamos el diálogo interior acallando esa mente que no cesa de generar pensamientos a una velocidad fulgurante.

Aunque para ser realmente efectiva la meditación requiera hacerse con tiempo, cinco minutos dentro de un cuarto sin luz o sin ruidos, enjuagarnos el rostro con agua fría,  respirar hondo y contar hasta tres, un paseo enfocándonos en los detalles del  paisaje o la simple visualización de un lugar ideal para nosotros,  pueden ser suficientes para hallar la calma, recuperar la paciencia y balancear momentáneamente nuestra energía de forma que obtengamos una mayor claridad mental y gestionemos nuestras emociones y nuestro estrés.

Salirse de un problema o de una emoción,  también ayuda a gestionarlos.

A veces nos resulta más fácil encontrar solución para los problemas ajenos que para los nuestros. Quién sufre la situación no suele verlo tan sencillo. Tiene más información, pero se halla demasiado involucrad@ como para poder contemplarla desde distintos ángulos y lograr una visión amplia, objetiva y global de la misma. Es capaz de ver los árboles, pero no el bosque. 

Cuando pones distancia respecto a esa situación o emoción  que  absorbe  tu energía o te genera sentimientos negativos estas en condiciones de gestionarla mejor. Puedes verla objetivamente y decidir si te merece la pena seguir luchando, si estás dispuesto a pagar el precio y a dedicarle tiempo. Dar un paso atrás nos permite descubrir otras opciones y elegir bien nuestras luchas y objetivos en lugar de dispersarnos en cientos de deseos. Nos permite tomar conciencia de que somos algo diferente de la emoción que nos embarga y nos ayuda a pensar y percibir con claridad. Cuanto más nos alejemos mayor será nuestra perspectiva y nuestra capacidad de tomar una decisión acertada.

Al margen de lo que ocurra en tu vida, cómo interpretarlo sigue siendo una elección personal. Siempre tienes la posibilidad de hallar un sentido positivo a lo que acontece y ese poder tuyo, nadie, ni nada puede arrebatártelo.

Para no caer en una dinámica de dispersarse en continuos deseos y necesidades hasta el punto de transformarnos en Fantasmas Hambrientos, es fundamental conocerse y  tomar decisiones.  Determinar que es absolutamente necesario para tí, aprender a descartar y  enfocarte en lo que de verdad importa. Saber quiénes somos y que queremos, hará que disfrutemos de  nuestros logros y de lo que tenemos y hacemos en lugar de permanecer continuamente insatisfechos.

Una fuente común de insatisfacción, es el empeño en cambiar a los demás.

“Debes ser el cambio que quieres ver en el mundo” afirmaba Mahatma Gandhi.

En ocasiones no cesamos de intentar que las personas y el mundo funcionen cómo deseamos.  Quizá lo hagamos con nuestra mejor voluntad, dando por supuesto que sabemos lo que es mejor para todos. Al no conseguir resultados, llega el sentimiento de culpa y fracaso y el agotamiento. Esta actitud daña nuestra autoestima y vacía nuestras reservas de paciencia y energía, sin contar con que hace la vida imposible a otros individuos.

Conviene tener presente que cada ser humano es  peculiar y único. Tiene sus ideas, sus  objetivos, valores y carácter. Hemos de  respetar su espacio y sus procesos, su ritmo propio.

Siendo como eres, sin pretender ni esperar que los demás cambien, estás sembrando en sus vidas.

Cuando te conviertes en aquello que quieres ver, mucha gente se motiva e inspira contigo, pero no puedes forzar la situación. Cada cual elige su camino. Si cambia, cómo y cuándo. Nada puedes hacer, cuando  nada te piden. Incluso si te lo piden, la última palabra no es tuya.

Abracemos la singularidad de cada persona. Tal vez nuestro destino no sea cambiar a los demás sino sembrar el cambio. “Somos sembradores conscientes, repartimos diariamente millones de semillas a nuestro alrededor” afirmaba el escritor estadounidense Og Mandino.

No pienses mientras no paras. Párate y piensa. Hará la diferencia en tu vida.

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¿SONREIR O MORIR?

Hace unos días llegó a mis manos el libro “Sonríe o Muere: Como el pensamiento positivo engañó a América y al mundo” de Barbara Ehrenreich.

En líneas generales el libro se refiere al pensamiento positivo como una corriente ideológica que afecta negativamente a nuestras vidas al provocar que nos sintamos culpables de cuanto no nos sale bien, obligarnos a estar alegres y posibilitar el control social. El pensamiento positivo llega a ser cruel, por ejemplo, con los despedidos y menos favorecidos. Según la autora tampoco ha podido demostrarse que esta actitud positiva influya en la cura de enfermedades de la gravedad del cáncer, llegando a agobiar, e incluso a desesperar, a los pacientes. El libro sugiere que la crisis económica actual se debe en parte a una corriente de pensamiento positivo que nos vuelve poco realistas.

Es obvio que vivimos una época dónde los mensajes positivos surgen por doquier en blogs, libros y oratorias. Entra dentro de lo posible que un sector de ese público saturado se sienta agredido o manipulado, pero concluir de aquí lo que apoya la autora, no es más que una cuestión de percepción y, sobre todo, una decisión personal. El libro trata de vender su idea y, como todo lo que se vende en esta vida, podemos comprarlo o no. Personalmente he comprado el libro, pero no lo que dice.

Reflexionando sobre la culpabilidad y crueldad en relación conlos menos favorecidos, que Ehrenreich achaca al positivismo actual, creo que no debería hablarse de culpa sino de responsabilidad. Este pequeño matiz supone un cambio absoluto de perspectiva, pues la culpa es una actitud formada por emociones y pensamientos que desembocan en la autoflagelación y el odio contra uno mismo. Por el contrario, la responsabilidad está conectada con nuestra capacidad de respuesta. Resulta evidente que no siempre podemos elegir las circunstancias que nos rodean o cuanto nos depara la vida, pero si está en nuestra mano decidir cómo respondemos ante ello. Al ser responsable puedo sentirme mal con mi conducta, en lugar de sentirme mal conmigo mismo. El error no me devalúa como individuo, simplemente lo acepto y aprendo de él.

Por tanto, nadie debería sentirse culpable de no tener una actitud mental positiva o de que las cosas no le salgan bien, sino en todo caso responsable de lo que piensa, pues cada cual decide cómo responde, consciente o inconscientemente, a lo que le sucede. Ver las cosas bien o mal, fustigarse o perdonarse, asociarse o disociarse de la propia conducta es una cuestión de elección personal. En este sentido, el pensamiento positivo no nos obliga a nada que nosotros no queramos.

A mi modo de ver la actitud mental positiva no engendra sumisión o control social, ni tiene porqué condicionarnos a la hora de exigir que se respeten nuestros derechos e ideas o de manifestar nuestro descontento. Más bien nos ayuda a ser asertivos. Lo que implica defender nuestra postura sin agredir a los demás ni ser agredido.

Respecto a cómo influye la actitud positiva en nuestra salud, es cierto que estamos en un estadio inicial de investigaciones. Afortunadamente se ha comenzado a cuestionar la idea, un tanto limitada, de que la cura de las enfermedades se basa únicamente en la ingesta de sustancias químicas, una buena cirugía o la detección precoz. Cada vez parece más claro que el cuerpo humano es un todo y que las emociones y pensamientos influyen en el desarrollo y cura de enfermedades. Algunos estudios ponen de manifiesto, por ejemplo, como la actitud positiva fortalece nuestro sistema inmunitario o mitiga los síntomas de una enfermedad. Abundan los testimonios de personas que dicen haberse curado de enfermedades “teóricamente” incurables afrontándolas desde una actitud mental positiva.

Por tanto, aunque no pueda demostrarse con total seguridad que el pensamiento positivo cure el cáncer, tampoco estamos en condiciones de afirmar que no lo cure. Y para un enfermo tener una actitud positiva que le permita enfocarse en lo mejor y luchar por sentirse mejor es un instante más de esperanza, alegría y fuerza para vencer la enfermedad o de entereza para afrontarla.

Tal vez el problema de la crueldad al que alude la autora radique en confundir pensamiento positivo con idealismo. Tener una actitud mental positiva no quiere decir que ignoremos la realidad. Es cierto que ser negativos nos estanca al desincentivar el cambio y la acción, pero no lo es menos que el idealismo puro y duro es otra forma de estancamiento.

Conectar con la realidad implica ser consciente de que los fracasos forman parte de la vida, de que existen situaciones adversas que uno ha de aceptar o superar, acontecimientos que se escapan a nuestro control. Hemos de estar preparados para estas situaciones, ser flexibles y buscar alternativas.

Cualquiera que sea nuestra actitud, el miedo, el dolor, la frustración, la rabia o la tristeza, son emociones que experimentaremos. Todas ellas cumplen una función en nuestra vida. Otra cosa es cómo vamos a gestionarlas. Si lo hacemos con una actitud positiva de ser conscientes, disociarnos y analizarlas o con una actitud negativa de identificarnos con la emoción y volvernos adictos a ella. De modo que llorar no te convierte en negativo, ni reír en positivo, pero si entiendes porque lloras y porque ríes sabrás que tú eres algo más que tu emoción y que puedes disociarte de ella y gestionarla, al igual que puedes gestionar tus pensamientos y tus creencias.

Pensar en positivo tampoco es sinónimo de logro. Creer que las cosas saldrán bien no garantiza que salgan bien. A mi modo de ver la teoría de la atracción, correctamente entendida, no se refiere a que podamos conseguir todo lo que queremos con sólo pensarlo, sino más bien a cómo influye nuestra actitud en el universo que nos rodea y en nosotros mismos. Si tú actitud es la de creer que conseguirás algo, estas dirigiéndonos hacia ese algo y ese algo se dirige hacia ti.

Cuando creemos en nosotros somos más proclives a ver todo lo que antes nos pasaba desapercibido y a contagiar a las personas que nos rodean. Nuestra atención se enfoca en lo deseamos y nos topamos con eso que antes ya existía y no habíamos visto. Al buscar con pasión lo que queremos captamos también la atención de otras personas, obteniendo su colaboración y accediendo a nuevas oportunidades. 

Y lo cierto es que pocas cosas llueven desde el cielo. Para conseguir algo hemos de perseverar en nuestra idea y mover ficha. Es necesario contar con un objetivo claro y un plan, ser flexible y buscar alternativas, pero sobre todo hacer y hacer, poco a poco y de forma constante. Sin acción no hay logro. A menos que consideres un logro el dejarte llevar, pregúntate que has hecho hoy para ganar tu propio partido.

Es cierto que la vida tiene sus reglas. Lo que sucede es que sean cuales sean y pase lo que pase, aún tenemos el poder de controlar nuestra actitud y nuestro enfoque. Podemos decidir si vemos la vida de forma positiva o en qué vamos a centrar nuestra atención y nuestras fuerzas.

Por eso, a mí modo de ver, el dilema no es sonreír o morir. Lo que importa  es vivir o morir con la actitud que deseamos. Vivir o morir no es sólo lo que nos sucede sino también, y en gran parte,  la forma en que lo interpretamos.

 

 

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ACTITUD MENTAL POSITIVA

La actitud es una forma de respuesta aprendida ante lo que nos acontece o acometemos. Proviene de una disposición mental y neurológica individual frente a las situaciones que afrontamos en la vida. Esta disposición se nutre de pensamientos y emociones generadas por experiencias.

 Tener una actitud mental postiva resulta clave para lograr éxito y sentirnos felices. La consecución de un objetivo no depende sólo de  la capacidad y talento individual, es necesario tener el ánimo y desarrollar el comportamiento adecuado. Respecto a la felicidad, no importa tanto lo que suceda a nuestro alrededor como la forma en que lo veamos, sintamos y actuemos.

Como líderes de nuestra vida podemos elegir entre adoptar  una perspectiva positiva o negativa de la realidad. Tenemos en nuestras manos la creación de hábitos mentales positivos y negativos.

Las reacciones humanas se generan en el cerebro y es la forma en que decidimos percibir y creer lo que impulsa nuestros actos.

Nuestros pensamientos habituales provienen de las redes neuronales que se generan en el interior de cada persona. A lo largo de la vida, mediante el proceso de pensamiento, hemos ido construyendo redes neuronales para los temas que consideramos importantes. Mediante la repetición de pensamientos y actitudes, dichas redes se fortalecen, hasta llegar a un punto en el que su activación es automática. Ello implica que ante un estímulo especifico y sin necesidad de que intervenga nuestra mente consciente, la red neuronal se pone en marcha.

Algunas de estas redes neuronales pueden resultar nocivas y segregar sustancias químicas que generan sufrimiento, ira, rabia o dependencia emocional, de forma que nuestra respuesta neuronal se carga de negatividad. Con el tiempo ese circutito neuronal se irá fortaleciendo, pués el cerebro se vuelve adicto a las sustancias que está acostumbrado a recibir . Si estamos instalados en la queja o en la dependencia es porque nuestro cuerpo nos demanda sustancias que generan ese estado de ánimo.

Cuando tomas conciencia de  tus pensamientos negativos, estas en condiciones de romper  los  modelos de comportamiento que te debilitan. Tienes la posbilidad de generar otras redes para segregar nuevas sustancias químicas que te hagan sentir bien.

Sustituir una actitud mental negativa por otra positiva requiere constancia y concentración. La dificultad estriba en interrumpir una rutina a la que nos hemos vuelto adictos. No se trata sólo de generar un pensamiento positivo sino de entrenar nuestra mente para que desarrolle de forma automática ese pensamiento.

La solución depende de cada persona, pero ser conscientes de esa actitud mental negativa y de nuestro poder para cambiarla es el primer paso para crear una nueva realidad que nos haga más dichosos.

Lo siguiente es recuperar el control de nuestras actitudes. Eliminar el diálogo interior negativo y sustituirlo por una rutina de afirmaciones, visualizaciones y palabras positivas. Cada segundo nuestra mente debe ejercitarse en la ilusión, el optimismo, los valores y las creencias que nos hacen sentir bien. El hábito se crea con la repetición, se nutre de constancia y necesita de un tiempo mínimo para consolidarse.

Aceptar lo que sucede y adaptar nuestras exepctativas a la realidad, no implica ser negativo, más bien es una actitud  que facilita adquirir el control nuestra vida y mejorarla. Hemos de ser capaces de sobrevivir a la adversidad y recuperarnos, de fracasar con éxito en el sentido de saber sentirnos lo mejor posible en una situación en que lo lógico quizá fuese sentirse mal. En definitiva ver el fracaso y el dolor como una aprendizaje, concentrarnos en lo bueno y en la solución y utilizar para ello todas las herramientas posibles, desde la relajación a la meditación.

Tener una actitud mental positiva implica crearnos una vida con sentido y disfrutar de ella.

Es una actitud que no depende de nada, ni de nadie. Está sólo en nosotros. En nuestras manos.

 

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NUTRIRNOS DE OTRAS PERSONAS

 

Todos disponemos de recursos internos y externos para lograr nuestros objetivos.

Uno de esos recursos externos es inspirarnos en otras personas, bebiendo de cuánto admiramos en ellas.

Esto no tiene nada que ver con la envidia, sino con la admiración.

Quién aprecia y reconoce a la persona y su logro y puede querer reproducir su conducta o inspirarse en ella, la admira. Es portador de un sentimiento de afecto y respeto hacia ese individuo. Para el envidioso el logro y el bien de otro es causa de tristeza y pesar. Su deseo no es tanto imitar el comportamiento o inspirarse como quitarle al otro lo que tiene. La envidia genera odio y resentimiento y no reconoce los méritos ajenos.

Cuando alguien expone lo que para nosotros es una buena idea o exhibe cualidades que deseamos obtener o mostrar, nos ayudará mucho más preguntarnos cómo podemos aprender de esa persona, cómo lo consigue y que hace específicamente para lograrlo, que albergar sentimientos negativos. Valorar a los demás, no implica ensombrecer ni rechazar nuestro propio valor.

A veces elegimos envidiar porque, al compararnos, nos sentimos inferiores. También se da el caso de quienes defendiéndose de un complejo de inferioridad se consideran por encima de los mortales.  Existen personas para las que los demás no se enteran de nada, ni saben hacer nada bien. Al menos tan bien como ellas. Personas que nos miran por encima del hombro o nos niegan el saludo, como si les costase entender que todos  tenemos limitaciones y se hubieran puesto una venda para ignorar las propias. Es difícil creer que si alguien no valora a los demás, pueda valorarse a sí mismo.

Recordar que somos diferentes, al igual que lo son la vida y las circunstancias particulares, es un buen ejercicio para salvaguardar nuestra autoestima. ¿Qué vamos a comparar cuando somos todos tan valiosos y distintos?. La única persona a la que uno debería superar es uno mismo.

Cualquier persona anónima puede inspirarte o moverte a la acción y a la  emulación, depende de tus objetivos y circunstancias.  En mi caso, por ejemplo, una de las personas que más me inspiró al principio de mi carrera profesional fue cierta señora adorable que limpiaba las oficinas dónde yo trabajaba. Su forma de afrontar la vida me ayudó a tomar una decisión de envergadura que cambió la mía.

Consciente o inconscientemente, también inspiramos a otros. Esto no es vanidad. Nos inspiramos y modelamos mutuamente a cada instante. ¿Quién no alberga cualidades dignas de admiración?. En realidad el modelaje es un recurso excelente para lograr objetivos, no sólo en su vertiente de emular comportamientos sino de conseguir motivarnos.

Afortunadamente la vida nos ofrece la oportunidad de interactuar unos con otros, de alimentarnos espiritualmente con cada ser humano en cada lugar y  momento, al igual que lo hacemos con nosotros mismos, nuestras fortalezas, pequeños y grandes logros. Todo ello sin perder nuestra identidad, ni convertirnos en el mimético trasunto de nadie o renunciar a nuestra valía.

Si lo piensas bien, grandes genios e inspiradores, como Steve Jobs, que hicieron las cosas de forma diferente y cambiaron el mundo, se han nutrido en algún momento de su vida de otras personas. El creador de Apple era un auténtico entusiasta de Sócrates y de los Beatles. En una entrevista concedida a la revista Newsweek en el año 2001 llegó a decir: “Cambiaría, si pudiera, toda mi tecnología por una tarde con Sócrates”.

Como tributo a Steve os dejo con estos vídeos. El jueves lamentablemente lo perdimos, aunque el mismo dijese que la muerte es el mejor invento de la vida. 

Nos quedan su obra y sus palabras para nutrirnos, para permanecer hambrientos,  ser insensatos y amar lo que hacemos, tal como él proponía.

http://www.youtube.com/watch?v=uXKku2KYZf0

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