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COMENZAR UNA NUEVA PÁGINA

“Todo hombre debe nacer de nuevo el primer día de enero. Comenzar una nueva página” escribió el orador y predicador Henry Ward Beecher.

Mejorar o cambiar es una actitud innata en el ser humano. El cambio es una constante en la naturaleza. Todo cambia aunque te resistas y, si tú cambias, todo lo que te rodea también.

En el último día de Diciembre, tendemos a hacer balance  personal de lo ocurrido durante el año que se acaba y a proyectar nuestros sueños y propósitos en el que va a comenzar con el objetivo de estar un poco más satisfechos con nosotros mismos.

El cambio de año es la oportunidad perfecta para examinar lo que consideramos logros y fracasos, hacer borrón y cuenta nueva  y atesorar  nuevos proyectos.

El mero hecho de formular propósitos genera un estado de esperanza, optimismo y tranquilidad.

Esa sensación de tener una nueva oportunidad para reinventarnos y ser más felices, nos llena de energía. La propia emoción puede hacer que concibamos múltiples propósitos y que esperemos resultados inmediatos.

O tal vez nuestra intención no vaya más allá de plantearnos las  metas de siempre aún sabiendo que lo más probable es que no las alcancemos. Bajar de peso o dejar de fumar por ejemplo, mientras pensamos en una batería de excusas del tipo “no estoy dispuesto a privarme de nada” o “de algo hay que morir”. Si este es tu caso, se consciente de ello y no dañes tu autoestima, ni te bloquees. Al fin y al cabo eres tú quién elige. Tal vez debas examinar porqué y para qué decidiste no cumplir esos propósitos, en lugar de auto flagelarte.

Pero si  realmente deseas cumplir aquello que formulas, te apunto algunas ideas  de cara a  facilitar la consecución de tus metas:

Determina tus objetivos de forma específica, medible, realizable, realista, y trata de limitarlos o revisarlos en el tiempo.

Cuidado con cargar la lista de propósitos. Tratar de lograr muchas cosas a la vez roba energía y claridad y nos dispersa. No puedes poner en marcha todos los cambios al mismo tiempo.

 “Un propósito de Año Nuevo es un maratón no un sprint” afirma Kevin Burns portavoz del Consejo Estadounidense del deporte, “hay que cambiar esos sueños grandiosos de cambios enormes por dos o tres objetivos inteligentes, específicos y que se puedan medir”.

De forma qué tu primera pregunta debería ser: ¿Cuáles son realmente mis propósitos?. ¿Qué cosas de todo lo que deseo son realmente significativas y prioritarias en mi vida este año?.

Una vez que te hayas respondido, especifica ese propósito lo más que puedas, pregúntate qué, cómo, cuanto, dónde y determina cómo vas a medirlo, cómo sabrás que estas en el buen camino, que avanzas o que lo consigues.

Si te planteas cómo propósito hacer ejercicio  o reducir el consumo de pan,  será menos específico y medible que plantearte hacer dos horas de ejercicio al día o comer un panecillo al día.

El objetivo será realizable o alcanzable en la medida en que consigas o cuentes con los recursos internos y externos que necesitas para lograrlo.

Que sea realista dependerá de haber tenido en cuenta la realidad y circunstancias que te rodean y haber previsto como responder a las mismas. Si la consecución de ese propósito implica dejar ir o generar conflictos en relación con personas, cosas o valores más importantes en tu vida, tal vez no sea realista planteárselo o requiera que lo adaptes para evitar ese conflicto o simplemente que resuelvas el conflicto en sí.

Es importante tratar de limitar el objetivo en el tiempo o al menos revisarlo periódicamente para ver cómo va funcionando y hacer los ajustes necesarios. En ocasiones el tiempo nos viene impuesto por causas externas (caso de consecución de objetivos de negocio en una empresa por parte de sus empleados, por ejemplo). En otras es difícil determinarlo porque no depende en todo de nosotros, pero ponerle un plazo, al menos orientativo, o proponerse revisar el estado del objetivo con cierta periodicidad, rompe su inmovilidad y evita que se convierta en eterno.

Pon algo de tu parte: ve a por ello y esfuérzate

Conseguir lo que te propones requiere que actúes y te esfuerces.

Si quieres aprobar un examen no puedes conseguirlo de inmediato, has de crear un hueco en tu vida para estudiar y dedicar tiempo al estudio.

Todo logro implica pagar un precio. Antes de caminar hacia tu meta, piensa si estás dispuest@ a pagarlo.

Divide tu objetivo en pequeños objetivos, ve paso a paso,  y empieza por lo más fácil para ir creando hábitos.

Si llevas una vida sedentaria y tu propósito es participar en una maratón de 42 kms, podrías fraccionar este objetivo en otros más pequeños, cómo apuntarte al gimnasio en una fecha determinada, hacer una hora de ejercicio diaria para acostumbrar  tus músculos al ejercicio durante un mes, correr dos o tres veces por semana distancias cortas de 5 kms durante dos meses, etc. Esto te permitirá ir gradualmente consiguiendo pequeños logros que te impulsen hacia delante.

Para conseguir tus propósitos la fuerza de voluntad es un ingrediente fundamental, pero lo que realmente consolida tus logros es crear una rutina. El hábito no necesita pedirle permiso a la voluntad.

Los expertos consideran que un hábito tarda 21 días en crearse. Eso implica que si realizas una hora de ejercicio todos los días con una rutina determinada de horario y actividades, al cabo de un mes habrás desarrollado un hábito y te resultará muy fácil continuar con él. Será algo tan automático como cepillarte los dientes o desayunar.

Cambia un hábito negativo por otro positivo

No es fácil dejar de fumar aunque seas consciente de que te perjudica o dejar una relación con alguien tóxico para ti. Son hábitos que a su vez generan adicción.

Si en lugar de enfocarte en cambiar dichos hábitos, lo sustituyes por otro positivo (hacer deporte por ejemplo) y te centras en adquirir este último, aumentarás las posibilidades de lograrlo.

Cuando nos enfocamos en algo agradable o deseable, respondemos mejor que cuando actuamos bajo el peso de que algo malo nos va a suceder si no lo hacemos.

Sé flexible y persiste

En tu camino pueden surgir inconvenientes y oportunidades que te lleven a cambiar o reformular tu objetivo. Tu grado de flexibilidad será determinante para conseguir el éxito.

Si algo no te sale bien, fallas un día o fracasas, perdónate y aprende de tus errores, pero no abandones.

Mantén una actitud positiva

Somos lo que pensamos. Si tu actitud es positiva verás soluciones y oportunidades, esquivaras obstáculos y aprenderás. Si te dejas arrastrar por la negatividad o el victimismo entraras en un bucle sin salida que consumirá tus propósitos y minará tu salud.

Comparte tu objetivo con los demás si eso te ayuda

Puede que si das publicidad a tu objetivo comunicándoselo a familiares o amigos, te sientas más comprometido con él. Tal vez recibas palabras de ánimo o formulen preguntas que te ayuden a avanzar. Es posible que compartir tú propósito con ellos te lleve a explicarles periódicamente cómo vas. Incluso cabe la posibilidad de hacer el seguimiento con alguien en concreto.

Decía, Erich Fromm, que el propósito principal en la vida del hombre, es dar nacimiento a sí mismo. Convertirse en lo que potencialmente es.

Sea como fuere, es importante disfrutar del camino antes que del logro. Pues la vida consta de ambas cosas y antes de ser logro el objetivo es una senda que se recorre día a día y minuto a minuto.

Espero que estas sugerencias os sean útiles.

Desde aquí quisiera desearos Feliz Año y  agradeceros de corazón el apoyo y seguimiento de este blog.

 

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VIVIR CON UNA MENTE FLEXIBLE

Es probable que a lo largo de tu vida hayas conocido a personas que buscan un perfeccionismo inalcanzable, que no aceptan equivocarse, ni rectificar o tratan de imponer, como sea, su punto de vista. Tal vez hayas observado esos comportamientos en ti mism@.

¿Te has sentido alguna vez relajad@, alegre o féliz en cualquiera de estas situaciones?.

“Nada hay más peligroso que una idea cuando no se tiene más que una” decía un filósofo  francés.

El cerebro humano tiende a clasificar y  buscar explicaciones, a simplificar y debatirse entre el blanco y negro, lo bueno y lo malo.

Una vez que eres consciente de esto,  ¿deseas una mente de arcilla o una mente de piedra?, ¿una mente que secuestre la verdad o que la ponga en remojo?.

La respuesta no es baladí. Puede afectar a tu salud,  tus relaciones sociales y  tu éxito personal y profesional.

Las personas rígidas son excesivamente autoexigentes consigo mismas y con los demás.  Una característica propia de los individuos inflexibles es resistjrse a cambiar de comportamiento o creencias, por mucho que la evidencia y los hechos les demuestren que están equivocados.  Son personas que viven en su limbo, distorsionando la realidad y rechazando todo aquello que les genera incertidumbre.  No toleran ambigüedades ni contradicciones y  suelen ser víctimas de sus propios perjuicios.

Este tipo de actitudes genera sentimientos de estrés, angustia y miedo. Pueden tornar agresivo e irascible a quién las sufre. La rigidez hace que una persona se muestre autoritaria, tienda a perder los estribos o a paralizarse cuando algo rompe sus esquemas.

Quién adopta una postura inflexible, no admite perder el control de las cosas, tiene miedo a equivocarse y transita por el mundo de los “debería”. Es probable que busque lo inalcanzable, tanto en sus relaciones como en sus metas personales, y se muestre intransigente. De modo que, si las cosas se tuercen, le costará generar alternativas o cambiar de camino.

Puede que algunas de estas pautas nos resulten familiares en nuestra conducta. Tal vez las reproduzcamos de forma aislada, pero cuando son nuestra tónica de vida, ¿a dónde nos conducen?.

Reconocer que podemos equivocarnos y que no sabemos realmente lo que ocurre dentro de las personas y del mundo que nos rodea, nos brinda la oportunidad de  crecer y  aprender.

“Si uno realmente quiere redescubrir la maravilla”, afirma la periodista y conferenciante Kathryn Schulz, “tiene que apartarse de la razón y mirar alrededor…mirar la inmensidad, la complejidad y el misterio del Universo, y poder decir: -¡Qué sé yo!; quizá me equivoco-“

Vivimos tan programados que llegamos a olvidar que la vida no es un cuadrilátero. No todo cuadra en ella a la medida de nuestros cánones y gustos personales. Aprender a manejar la incertidumbre, adaptarte a las circunstancias y al medio y ser capaz de rectificar  resulta básico para la supervivencia y  felicidad personal.

Ser flexibles  nos permite afrontar el cambio y adaptarnos a él, transitar por lo inesperado, con tolerancia y con una adecuada gestión de nuestras emociones, aceptar las diferencias, críticas y discrepancias, reconocer y corregir errores, superar ideas y perjuicios arraigados y abrirnos a nuevas experiencias y puntos de vista.

Algunos individuos persiguen sus objetivos de forma fija y obsesiva, hasta el punto de que, en el ínterin, se olvidan de vivir. Nada que no sea lo que ellos han concebido merece su atención. Se abstienen de experimentar para no equivocarse y critican los errores de otras personas. Esperan agazapados a que llegue la oportunidad de oro, ese día triunfal en que lo que han concebido encaje sin fisuras con la realidad. O eso o nada.

Creer que la vida se adaptará exactamente a nuestros deseos puede mantenernos ocupados y esperanzados, pero no deja de ser una utopía. Para encajar la línea recta y rígida de las ideas personales en el terreno ondulado de la vida hemos de convertir esas ideas en una línea  flexible.

En ocasiones se confunde la flexibilidad con la debilidad de carácter. La ausencia de fuerza y determinación o la incapacidad de afrontar responsabilidades no es flexibilidad. Ser flexible no significa ceder ante todo ni dejarse llevar por todo, sino buscar ese equilibrio justo por el que nos hacemos compatibles con las circunstancias, eventos y  personas que nos rodean mientras continuamos siendo nosotros mismos.

Cuando escuchamos con pleno silencio interior y somos capaces de creer que lo que cuentan o sienten el resto de individuos es tan real y verdadero cómo lo que contamos y sentimos nosotros, cuando  podemos seguir manteniendo una relación correcta o cordial con las personas que una vez nos hirieron, o si nos damos la oportunidad de hacer cada día algo distinto de lo que hasta ahora hemos hecho, estamos siendo flexibles.  Y lo cierto es que una mente flexible nos permite vivir mejor y transitar por la vida con menos traumas.

Si nada permanece inmóvil en el tiempo, sostener verdades inamovibles chocará de lleno con la realidad. Como consecuencia de ello acumularemos malestar y frustración.  

Revisar nuestras creencias y reconocer las limitaciones que todos tenemos, es un ejercicio saludable y enriquecedor. 

Cuando dudas o te equivocas descubres cosas que antes ignorabas y esto amplia tu perspectiva de la realidad.

 

 

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