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¿NO PUEDES MAS?. PÁRATE Y PIENSA

 A menudo vivimos distraídos por continuos quehaceres, obligaciones y expectativas, persiguiendo y esperando cosas, luchando por cambiar a los demás y porque todo funcione cómo deseamos.

Al volcarnos en el mundo exterior, en nuevos deseos y necesidades, carecemos de tiempo para conocernos, saborear y disfrutar nuestros logros y lo que somos.

 Cuando quedas atrapad@ en esa espiral de lucha e insatisfacción constante, no tardan en surgir emociones negativas. Puedes notar que te falta energía y experimentar síntomas de  agotamiento mental y físico, impotencia, fracaso o derrota.

Los budistas tibetanos se refieren alegóricamente al Reino de los Fantasmas Hambrientos para describir esta actitud. Lo habitan seres que poseen un apetito insaciable y por lo mismo, continuamente insatisfechos.

¿Qué hacer cuando uno se ve inmerso en esa espiral y comienza a experimentar emociones negativas?.

Cuentan que el místico ruso, George Ivanovich Gurdjíeff solía practicar con sus alumnos un ejercicio denominado Stop. De repente les decía: “¡Stop!” y todos tenían que detenerse, tal como estuvieran.

Otra técnica utilizada en la educación infantil es el semáforo. A través de la asociación de las luces de un semáforo con las emociones y la conducta, los niños aprenden que la luz roja implica pararse, tranquilizarse y pensar antes de actuar. La luz amarilla les induce a pensar en soluciones o alternativas y sus consecuencias, mientras que la luz verde invita a seguir adelante y poner en práctica la mejor solución.

Cuando faltan fuerzas para continuar y nos sentimos desbordados, defraudados, fracasados o insatisfechos, ha llegado el momento de pararnos, descansar y reponer nuestra energía.

Parar supone desconectar y distanciarse.

Desconectar de ese mundo exterior que absorbe nuestra energía para conectar con uno mismo a través de la meditación.

 Sólo en nuestro interior se halla la paz y serenidad que anhelamos.

La meditación regular ayuda a descansar, ahorrar energía y mantenerse relajad@. Al meditar, cerramos la puerta al ruido y a los problemas que descansan en nuestro trabajo o en nuestra vida personal, silenciamos el diálogo interior acallando esa mente que no cesa de generar pensamientos a una velocidad fulgurante.

Aunque para ser realmente efectiva la meditación requiera hacerse con tiempo, cinco minutos dentro de un cuarto sin luz o sin ruidos, enjuagarnos el rostro con agua fría,  respirar hondo y contar hasta tres, un paseo enfocándonos en los detalles del  paisaje o la simple visualización de un lugar ideal para nosotros,  pueden ser suficientes para hallar la calma, recuperar la paciencia y balancear momentáneamente nuestra energía de forma que obtengamos una mayor claridad mental y gestionemos nuestras emociones y nuestro estrés.

Salirse de un problema o de una emoción,  también ayuda a gestionarlos.

A veces nos resulta más fácil encontrar solución para los problemas ajenos que para los nuestros. Quién sufre la situación no suele verlo tan sencillo. Tiene más información, pero se halla demasiado involucrad@ como para poder contemplarla desde distintos ángulos y lograr una visión amplia, objetiva y global de la misma. Es capaz de ver los árboles, pero no el bosque. 

Cuando pones distancia respecto a esa situación o emoción  que  absorbe  tu energía o te genera sentimientos negativos estas en condiciones de gestionarla mejor. Puedes verla objetivamente y decidir si te merece la pena seguir luchando, si estás dispuesto a pagar el precio y a dedicarle tiempo. Dar un paso atrás nos permite descubrir otras opciones y elegir bien nuestras luchas y objetivos en lugar de dispersarnos en cientos de deseos. Nos permite tomar conciencia de que somos algo diferente de la emoción que nos embarga y nos ayuda a pensar y percibir con claridad. Cuanto más nos alejemos mayor será nuestra perspectiva y nuestra capacidad de tomar una decisión acertada.

Al margen de lo que ocurra en tu vida, cómo interpretarlo sigue siendo una elección personal. Siempre tienes la posibilidad de hallar un sentido positivo a lo que acontece y ese poder tuyo, nadie, ni nada puede arrebatártelo.

Para no caer en una dinámica de dispersarse en continuos deseos y necesidades hasta el punto de transformarnos en Fantasmas Hambrientos, es fundamental conocerse y  tomar decisiones.  Determinar que es absolutamente necesario para tí, aprender a descartar y  enfocarte en lo que de verdad importa. Saber quiénes somos y que queremos, hará que disfrutemos de  nuestros logros y de lo que tenemos y hacemos en lugar de permanecer continuamente insatisfechos.

Una fuente común de insatisfacción, es el empeño en cambiar a los demás.

“Debes ser el cambio que quieres ver en el mundo” afirmaba Mahatma Gandhi.

En ocasiones no cesamos de intentar que las personas y el mundo funcionen cómo deseamos.  Quizá lo hagamos con nuestra mejor voluntad, dando por supuesto que sabemos lo que es mejor para todos. Al no conseguir resultados, llega el sentimiento de culpa y fracaso y el agotamiento. Esta actitud daña nuestra autoestima y vacía nuestras reservas de paciencia y energía, sin contar con que hace la vida imposible a otros individuos.

Conviene tener presente que cada ser humano es  peculiar y único. Tiene sus ideas, sus  objetivos, valores y carácter. Hemos de  respetar su espacio y sus procesos, su ritmo propio.

Siendo como eres, sin pretender ni esperar que los demás cambien, estás sembrando en sus vidas.

Cuando te conviertes en aquello que quieres ver, mucha gente se motiva e inspira contigo, pero no puedes forzar la situación. Cada cual elige su camino. Si cambia, cómo y cuándo. Nada puedes hacer, cuando  nada te piden. Incluso si te lo piden, la última palabra no es tuya.

Abracemos la singularidad de cada persona. Tal vez nuestro destino no sea cambiar a los demás sino sembrar el cambio. “Somos sembradores conscientes, repartimos diariamente millones de semillas a nuestro alrededor” afirmaba el escritor estadounidense Og Mandino.

No pienses mientras no paras. Párate y piensa. Hará la diferencia en tu vida.

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¿SONREIR O MORIR?

Hace unos días llegó a mis manos el libro “Sonríe o Muere: Como el pensamiento positivo engañó a América y al mundo” de Barbara Ehrenreich.

En líneas generales el libro se refiere al pensamiento positivo como una corriente ideológica que afecta negativamente a nuestras vidas al provocar que nos sintamos culpables de cuanto no nos sale bien, obligarnos a estar alegres y posibilitar el control social. El pensamiento positivo llega a ser cruel, por ejemplo, con los despedidos y menos favorecidos. Según la autora tampoco ha podido demostrarse que esta actitud positiva influya en la cura de enfermedades de la gravedad del cáncer, llegando a agobiar, e incluso a desesperar, a los pacientes. El libro sugiere que la crisis económica actual se debe en parte a una corriente de pensamiento positivo que nos vuelve poco realistas.

Es obvio que vivimos una época dónde los mensajes positivos surgen por doquier en blogs, libros y oratorias. Entra dentro de lo posible que un sector de ese público saturado se sienta agredido o manipulado, pero concluir de aquí lo que apoya la autora, no es más que una cuestión de percepción y, sobre todo, una decisión personal. El libro trata de vender su idea y, como todo lo que se vende en esta vida, podemos comprarlo o no. Personalmente he comprado el libro, pero no lo que dice.

Reflexionando sobre la culpabilidad y crueldad en relación conlos menos favorecidos, que Ehrenreich achaca al positivismo actual, creo que no debería hablarse de culpa sino de responsabilidad. Este pequeño matiz supone un cambio absoluto de perspectiva, pues la culpa es una actitud formada por emociones y pensamientos que desembocan en la autoflagelación y el odio contra uno mismo. Por el contrario, la responsabilidad está conectada con nuestra capacidad de respuesta. Resulta evidente que no siempre podemos elegir las circunstancias que nos rodean o cuanto nos depara la vida, pero si está en nuestra mano decidir cómo respondemos ante ello. Al ser responsable puedo sentirme mal con mi conducta, en lugar de sentirme mal conmigo mismo. El error no me devalúa como individuo, simplemente lo acepto y aprendo de él.

Por tanto, nadie debería sentirse culpable de no tener una actitud mental positiva o de que las cosas no le salgan bien, sino en todo caso responsable de lo que piensa, pues cada cual decide cómo responde, consciente o inconscientemente, a lo que le sucede. Ver las cosas bien o mal, fustigarse o perdonarse, asociarse o disociarse de la propia conducta es una cuestión de elección personal. En este sentido, el pensamiento positivo no nos obliga a nada que nosotros no queramos.

A mi modo de ver la actitud mental positiva no engendra sumisión o control social, ni tiene porqué condicionarnos a la hora de exigir que se respeten nuestros derechos e ideas o de manifestar nuestro descontento. Más bien nos ayuda a ser asertivos. Lo que implica defender nuestra postura sin agredir a los demás ni ser agredido.

Respecto a cómo influye la actitud positiva en nuestra salud, es cierto que estamos en un estadio inicial de investigaciones. Afortunadamente se ha comenzado a cuestionar la idea, un tanto limitada, de que la cura de las enfermedades se basa únicamente en la ingesta de sustancias químicas, una buena cirugía o la detección precoz. Cada vez parece más claro que el cuerpo humano es un todo y que las emociones y pensamientos influyen en el desarrollo y cura de enfermedades. Algunos estudios ponen de manifiesto, por ejemplo, como la actitud positiva fortalece nuestro sistema inmunitario o mitiga los síntomas de una enfermedad. Abundan los testimonios de personas que dicen haberse curado de enfermedades “teóricamente” incurables afrontándolas desde una actitud mental positiva.

Por tanto, aunque no pueda demostrarse con total seguridad que el pensamiento positivo cure el cáncer, tampoco estamos en condiciones de afirmar que no lo cure. Y para un enfermo tener una actitud positiva que le permita enfocarse en lo mejor y luchar por sentirse mejor es un instante más de esperanza, alegría y fuerza para vencer la enfermedad o de entereza para afrontarla.

Tal vez el problema de la crueldad al que alude la autora radique en confundir pensamiento positivo con idealismo. Tener una actitud mental positiva no quiere decir que ignoremos la realidad. Es cierto que ser negativos nos estanca al desincentivar el cambio y la acción, pero no lo es menos que el idealismo puro y duro es otra forma de estancamiento.

Conectar con la realidad implica ser consciente de que los fracasos forman parte de la vida, de que existen situaciones adversas que uno ha de aceptar o superar, acontecimientos que se escapan a nuestro control. Hemos de estar preparados para estas situaciones, ser flexibles y buscar alternativas.

Cualquiera que sea nuestra actitud, el miedo, el dolor, la frustración, la rabia o la tristeza, son emociones que experimentaremos. Todas ellas cumplen una función en nuestra vida. Otra cosa es cómo vamos a gestionarlas. Si lo hacemos con una actitud positiva de ser conscientes, disociarnos y analizarlas o con una actitud negativa de identificarnos con la emoción y volvernos adictos a ella. De modo que llorar no te convierte en negativo, ni reír en positivo, pero si entiendes porque lloras y porque ríes sabrás que tú eres algo más que tu emoción y que puedes disociarte de ella y gestionarla, al igual que puedes gestionar tus pensamientos y tus creencias.

Pensar en positivo tampoco es sinónimo de logro. Creer que las cosas saldrán bien no garantiza que salgan bien. A mi modo de ver la teoría de la atracción, correctamente entendida, no se refiere a que podamos conseguir todo lo que queremos con sólo pensarlo, sino más bien a cómo influye nuestra actitud en el universo que nos rodea y en nosotros mismos. Si tú actitud es la de creer que conseguirás algo, estas dirigiéndonos hacia ese algo y ese algo se dirige hacia ti.

Cuando creemos en nosotros somos más proclives a ver todo lo que antes nos pasaba desapercibido y a contagiar a las personas que nos rodean. Nuestra atención se enfoca en lo deseamos y nos topamos con eso que antes ya existía y no habíamos visto. Al buscar con pasión lo que queremos captamos también la atención de otras personas, obteniendo su colaboración y accediendo a nuevas oportunidades. 

Y lo cierto es que pocas cosas llueven desde el cielo. Para conseguir algo hemos de perseverar en nuestra idea y mover ficha. Es necesario contar con un objetivo claro y un plan, ser flexible y buscar alternativas, pero sobre todo hacer y hacer, poco a poco y de forma constante. Sin acción no hay logro. A menos que consideres un logro el dejarte llevar, pregúntate que has hecho hoy para ganar tu propio partido.

Es cierto que la vida tiene sus reglas. Lo que sucede es que sean cuales sean y pase lo que pase, aún tenemos el poder de controlar nuestra actitud y nuestro enfoque. Podemos decidir si vemos la vida de forma positiva o en qué vamos a centrar nuestra atención y nuestras fuerzas.

Por eso, a mí modo de ver, el dilema no es sonreír o morir. Lo que importa  es vivir o morir con la actitud que deseamos. Vivir o morir no es sólo lo que nos sucede sino también, y en gran parte,  la forma en que lo interpretamos.

 

 

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ACTITUD MENTAL POSITIVA

La actitud es una forma de respuesta aprendida ante lo que nos acontece o acometemos. Proviene de una disposición mental y neurológica individual frente a las situaciones que afrontamos en la vida. Esta disposición se nutre de pensamientos y emociones generadas por experiencias.

 Tener una actitud mental postiva resulta clave para lograr éxito y sentirnos felices. La consecución de un objetivo no depende sólo de  la capacidad y talento individual, es necesario tener el ánimo y desarrollar el comportamiento adecuado. Respecto a la felicidad, no importa tanto lo que suceda a nuestro alrededor como la forma en que lo veamos, sintamos y actuemos.

Como líderes de nuestra vida podemos elegir entre adoptar  una perspectiva positiva o negativa de la realidad. Tenemos en nuestras manos la creación de hábitos mentales positivos y negativos.

Las reacciones humanas se generan en el cerebro y es la forma en que decidimos percibir y creer lo que impulsa nuestros actos.

Nuestros pensamientos habituales provienen de las redes neuronales que se generan en el interior de cada persona. A lo largo de la vida, mediante el proceso de pensamiento, hemos ido construyendo redes neuronales para los temas que consideramos importantes. Mediante la repetición de pensamientos y actitudes, dichas redes se fortalecen, hasta llegar a un punto en el que su activación es automática. Ello implica que ante un estímulo especifico y sin necesidad de que intervenga nuestra mente consciente, la red neuronal se pone en marcha.

Algunas de estas redes neuronales pueden resultar nocivas y segregar sustancias químicas que generan sufrimiento, ira, rabia o dependencia emocional, de forma que nuestra respuesta neuronal se carga de negatividad. Con el tiempo ese circutito neuronal se irá fortaleciendo, pués el cerebro se vuelve adicto a las sustancias que está acostumbrado a recibir . Si estamos instalados en la queja o en la dependencia es porque nuestro cuerpo nos demanda sustancias que generan ese estado de ánimo.

Cuando tomas conciencia de  tus pensamientos negativos, estas en condiciones de romper  los  modelos de comportamiento que te debilitan. Tienes la posbilidad de generar otras redes para segregar nuevas sustancias químicas que te hagan sentir bien.

Sustituir una actitud mental negativa por otra positiva requiere constancia y concentración. La dificultad estriba en interrumpir una rutina a la que nos hemos vuelto adictos. No se trata sólo de generar un pensamiento positivo sino de entrenar nuestra mente para que desarrolle de forma automática ese pensamiento.

La solución depende de cada persona, pero ser conscientes de esa actitud mental negativa y de nuestro poder para cambiarla es el primer paso para crear una nueva realidad que nos haga más dichosos.

Lo siguiente es recuperar el control de nuestras actitudes. Eliminar el diálogo interior negativo y sustituirlo por una rutina de afirmaciones, visualizaciones y palabras positivas. Cada segundo nuestra mente debe ejercitarse en la ilusión, el optimismo, los valores y las creencias que nos hacen sentir bien. El hábito se crea con la repetición, se nutre de constancia y necesita de un tiempo mínimo para consolidarse.

Aceptar lo que sucede y adaptar nuestras exepctativas a la realidad, no implica ser negativo, más bien es una actitud  que facilita adquirir el control nuestra vida y mejorarla. Hemos de ser capaces de sobrevivir a la adversidad y recuperarnos, de fracasar con éxito en el sentido de saber sentirnos lo mejor posible en una situación en que lo lógico quizá fuese sentirse mal. En definitiva ver el fracaso y el dolor como una aprendizaje, concentrarnos en lo bueno y en la solución y utilizar para ello todas las herramientas posibles, desde la relajación a la meditación.

Tener una actitud mental positiva implica crearnos una vida con sentido y disfrutar de ella.

Es una actitud que no depende de nada, ni de nadie. Está sólo en nosotros. En nuestras manos.

 

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NUTRIRNOS DE OTRAS PERSONAS

 

Todos disponemos de recursos internos y externos para lograr nuestros objetivos.

Uno de esos recursos externos es inspirarnos en otras personas, bebiendo de cuánto admiramos en ellas.

Esto no tiene nada que ver con la envidia, sino con la admiración.

Quién aprecia y reconoce a la persona y su logro y puede querer reproducir su conducta o inspirarse en ella, la admira. Es portador de un sentimiento de afecto y respeto hacia ese individuo. Para el envidioso el logro y el bien de otro es causa de tristeza y pesar. Su deseo no es tanto imitar el comportamiento o inspirarse como quitarle al otro lo que tiene. La envidia genera odio y resentimiento y no reconoce los méritos ajenos.

Cuando alguien expone lo que para nosotros es una buena idea o exhibe cualidades que deseamos obtener o mostrar, nos ayudará mucho más preguntarnos cómo podemos aprender de esa persona, cómo lo consigue y que hace específicamente para lograrlo, que albergar sentimientos negativos. Valorar a los demás, no implica ensombrecer ni rechazar nuestro propio valor.

A veces elegimos envidiar porque, al compararnos, nos sentimos inferiores. También se da el caso de quienes defendiéndose de un complejo de inferioridad se consideran por encima de los mortales.  Existen personas para las que los demás no se enteran de nada, ni saben hacer nada bien. Al menos tan bien como ellas. Personas que nos miran por encima del hombro o nos niegan el saludo, como si les costase entender que todos  tenemos limitaciones y se hubieran puesto una venda para ignorar las propias. Es difícil creer que si alguien no valora a los demás, pueda valorarse a sí mismo.

Recordar que somos diferentes, al igual que lo son la vida y las circunstancias particulares, es un buen ejercicio para salvaguardar nuestra autoestima. ¿Qué vamos a comparar cuando somos todos tan valiosos y distintos?. La única persona a la que uno debería superar es uno mismo.

Cualquier persona anónima puede inspirarte o moverte a la acción y a la  emulación, depende de tus objetivos y circunstancias.  En mi caso, por ejemplo, una de las personas que más me inspiró al principio de mi carrera profesional fue cierta señora adorable que limpiaba las oficinas dónde yo trabajaba. Su forma de afrontar la vida me ayudó a tomar una decisión de envergadura que cambió la mía.

Consciente o inconscientemente, también inspiramos a otros. Esto no es vanidad. Nos inspiramos y modelamos mutuamente a cada instante. ¿Quién no alberga cualidades dignas de admiración?. En realidad el modelaje es un recurso excelente para lograr objetivos, no sólo en su vertiente de emular comportamientos sino de conseguir motivarnos.

Afortunadamente la vida nos ofrece la oportunidad de interactuar unos con otros, de alimentarnos espiritualmente con cada ser humano en cada lugar y  momento, al igual que lo hacemos con nosotros mismos, nuestras fortalezas, pequeños y grandes logros. Todo ello sin perder nuestra identidad, ni convertirnos en el mimético trasunto de nadie o renunciar a nuestra valía.

Si lo piensas bien, grandes genios e inspiradores, como Steve Jobs, que hicieron las cosas de forma diferente y cambiaron el mundo, se han nutrido en algún momento de su vida de otras personas. El creador de Apple era un auténtico entusiasta de Sócrates y de los Beatles. En una entrevista concedida a la revista Newsweek en el año 2001 llegó a decir: “Cambiaría, si pudiera, toda mi tecnología por una tarde con Sócrates”.

Como tributo a Steve os dejo con estos vídeos. El jueves lamentablemente lo perdimos, aunque el mismo dijese que la muerte es el mejor invento de la vida. 

Nos quedan su obra y sus palabras para nutrirnos, para permanecer hambrientos,  ser insensatos y amar lo que hacemos, tal como él proponía.

http://www.youtube.com/watch?v=uXKku2KYZf0

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MINDFULNESS: CONCIENCIA Y ATENCIÓN PLENAS

 

Hace días tuve la oportunidad de experimentar una sesión de Mindfulness en una Institución benéfica de la calle Serrano.

La sala estaba abarrotada. En medio del calor y la atmosfera densa, los asistentes iniciamos nuestra meditación con un dulce. Durante un lapsus de tiempo que olvidé calcular, anduve sumida en el aroma azucarado y evocador del chocolate, en su tacto untuoso y su sabor a almendra tostada, vainilla y almíbar. Sólo eso existió para mí. La golosina y mi atención plena hacia ella con los cinco sentidos.

 ¿Cuántas veces somos conscientes de que respiramos?.  ¿Saboreamos la comida o la imagen que tenemos de ella?.  En ocasiones tocamos a una persona sin experimentar las sensaciones propias del tacto porque ya tenemos nuestra propia idea de esa persona o incluso caminamos completamente ajenos a la sensación de la superficie que pisamos bajo nuestros pies.

 La mente suele divagar y distraerse con facilidad. Revolotea de un lado a otro cual pájaro inquieto, como si estuviera dispuesta a cualquier cosa, excepto a vivir aquí y ahora. Se pierde en hechos pasados o futuros, razona, calcula, especula, juzga, trata de controlarlo todo o rumia su compulsiva cháchara.

Mientras tanto, el momento presente pasa de puntillas por delante nuestro. Alrededor de un 50% de las horas de vigilia,  transcurren desatendiendo eso que está frente a nosotros, visitando paisajes mentales o pensamientos ausentes.

La meditación centra nuestros pensamientos y nos aporta sosiego y paz interior. Cuando calmamos la mente, podemos ver con claridad.

 Como técnica de meditación basada en la conciencia plena, el Mindfulness alcanza este objetivo prestando atención de forma deliberada, y con aceptación, al momento presente.

 No se trata de dejar la mente en blanco, sino de ser consciente de lo que sucede, mientras sucede.

 A través de esta práctica observamos la realidad sin juicios, prejuicios, ni valoraciones y aceptamos nuestra experiencia tal cual es, y del modo en que está aconteciendo.  No hay control, ni rechazo de nada que proceda de los sentidos o de las emociones, no se permiten interferencias en esa atención, ni nos centramos en  vivencias irreales desconectadas del mundo. Transpolando las palabras de Heidegger hacia la filosofía, “no levantamos palacios dignos de admirar, pero en los que es imposible vivir”.

El objetivo del Mindfulness es mirarte a ti mism@ y ser plenamente consciente de lo que sientes, piensas o estás haciendo en cada momento. ¿Para qué?.’ Para no ser víctima de los miedos, inseguridades y vaivenes mentales o emocionales. Si te conoces más a ti mismo y eres consciente de cada cosa que haces, te relajas y  tomas las riendas de tu vida.

Pero la aceptación nada tiene que ver con la resignación. Como indica Kabat-Zinn, médico fundador del Centro para el Mindfulness o Atención plena: “La aceptación de las cosas tal como son requiere una fortaleza y una motivación extraordinarias, especialmente en el caso de que no nos gusten, y una disposición a trabajar sabia y eficazmente como mejor podamos con las circunstancias en las que nos encontremos y con los recursos, tanto internos como externos, de que dispongamos para mitigar, curar, reorientar y cambiar las cosas que podamos cambiar”.

El Mindfulness se utiliza como herramienta para potenciar el liderazgo, permite una mayor concentración, relajación y positividad, alivia los dolores y fatigas crónicas, y representa, entre otras cosas, una técnica eficaz de autobservación y autorregulación para gestionar el estrés y la ansiedad.  

A menudo las personas evitamos conectarnos con aquellas experiencias que nos generan estrés o ansiedad, pensando quizá que “lo que no se ve, no existe”. Esta actitud conduce a una reducción puntual de ambos, pero contribuye a su sostenimiento y perpetuación a medio plazo, púes impide la habituación y el aprendizaje.

La observación atenta y sin juicios, cual testigo imparcial, de los estresores  y  sensaciones de ansiedad, genera desapego y desensibilización. De esta forma se abre un espacio para que la persona se distancie, deje de actuar en forma automática y logre una mayor libertad para dar una respuesta diferente a su situación, tanto interna como externamente.

“Lo que resistimos persiste”, afirma Cristopher Germer, psicólogo clínico y co-editor del libro “Mindfulness y Psicoteria”:  “Al resistir el no poder dormir, posiblemente desarrollemos insomnio, al resistir la ansiedad empezamos a rumiar o sufrir ataques de pánico, si resistimos la pena eventualmente estaremos fijados en un cuadro de depresión. Incluso Sigmund Freud dijo que una persona no debe esforzarse en eliminar sus complejos sino entrar en acuerdo con ellos. Lo que estamos cultivando es una nueva relación con lo que nos enferma y una actitud amable y de aceptación. Esta relación no intenta quitar o reducir los malos sentimientos y emociones, sino más bien vivir en forma segura y pacíficamente en el medio de lo que nos está molestando”.

 La conciencia y atención plenas posibilitan que nuestra mente se mantenga inmaculada, invulnerable e inmune frente a los vaivenes de la vida.

Aquí os dejo con un video de meditación guiada que aplica el “Mindfulness”. Espero que os resulte útil para continuar siendo vuestro propio líder.

Carpe diem.

 

 

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AUTOSABOTAJE: ¿CONOCES A TU GREMLIN?

 

“No tengo tiempo”, “lo vas a fallar”, “déjalo para otro día”, “eres un desastre”, “no puedo”…

 Detrás de las cosas que nos importan suelen esconderse otras que nos sabotean.

 ¿Recuerdas aquellas criaturas diminutas y malévolas que sembraron el terror en la ficticia comunidad de Kingston Falls?.  Allá por 1984 la película Gremlin nos mostró sus terribles peripecias.  

 En coaching la palabra Gremlin se utiliza para designar al autosaboteador que todos llevamos dentro.

 El autosabotaje nos impide lograr aquello que aparentemente deseamos. Como indica la escritora americana Alyce P. Cornyn-Selby se manifiesta cuando” decimos que queremos algo y nos aseguramos de que no suceda”.

 Tu Gremlin suele susurrarte que no mereces el éxito, te invita a saltarte la dieta, a sentirte culpable, a fallar, a seguir como estas, a no aprovechar la oportunidad o a dejar lo que debes hacer hoy para otro día. Es un boicoteador nato.

 Aunque este “diablillo” interior tiene una intención francamente positiva contigo. Puede que te cueste creerlo, pero el Gremlin busca tu beneficio.

 A menudo fumamos para sentirnos relajados, comemos copiosamente por el placer que nos produce o para calmar nuestra ansiedad, rehuimos las horas de estudio para evitarnos esfuerzos y tensiones, evitamos las relaciones para ahorrarnos el rechazo, el fracaso, la presión que nos causa cumplir, ser responsables o cambiar nuestra maravillosa rutina.

 La misión de tu Gremlin es preservar el “status quo”,  procurar que nada cambie, mantenerte en tu zona de confort y protegerte del ridículo, del fracaso, del rechazo o del sufrimiento.

 El Gremlin es un seductor nato. Tiene la capacidad de coger una parte de la verdad y convertirla en una razón de peso para abandonar o para renunciar a empezar. Es un maestro de las excusas razonadas y suele estar presente en momentos de incertidumbre y de cambio. Se disfraza de muchas formas diferentes: como consejero, como sabio, como experto, como prudente. Habla de forma coherente, dulce y tentadora y nos mueve a destruir los grandes proyectos de nuestra vida.

 Piensa en aquellas ocasiones en que te dispones a hablar en público y tu autosaboteador te susurra, “te vas a bloquear”. Es muy posible que  esté protegiéndote de hacer el ridículo, de exponerte a las críticas de los demás o de un éxito que tú, en alguna parte oscura de ti mismo, has decidido que no te mereces.

 Piensa en esas ocasiones en que aparentemente deseas el éxito y trabajas para lograrlo. Cuando te llega la oportunidad, cuando estas a punto de alcanzarlo, te saboteas con una excusa bien construida o una acción inadecuada. Tu asociación con el fracaso prevalece.

 Lo cierto es que tu Gremlin sabe bien cómo esconderse en esa parte oscura que se llama subconsciente, y así es fácil que pase inadvertido y que ignores todas las asociaciones negativas que te están desmotivando y apartando de tus objetivos. Por eso, el primer paso para lograr que tu Gremlin no te sabotee es ser consciente de su presencia y de lo que te dice. Escuchar activamente a tu Gremlin, te ayuda a conocerlo y a entenderlo para dialogar con él.

 Existen variadas técnicas en el coaching y en la PNL para tratar con tu Gremlin y la mayoría de ellas pasan por llegar a acuerdos, asociarte con situaciones y emociones positivas y reforzar tu autoestima, confianza y  motivación.

 Sea como fuere tu Gremlin vive en ti y por tanto, sólo tú eliges lo que hacer con él. Trata de no ser tu peor enemigo.

 Como indica María Jesús Alava en su libro “Emociones que hieren”: “Lo importante no es lo que nos dicen los demás, sino lo que nos decimos a nosotros mismos”.

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METÁFORAS PARA EL CAMBIO (III): “EL ENCARGO”

 

En el departamento de arquitectura de Build&Bup Co. la actividad era intensa. Doce teléfonos se concentraban en un área de no más de cuarenta metros cuadrados y en ocasiones daban la impresión de sonar a la vez. La constructora se proponía ampliar el espacio, pero la idea se había postergado a una época de mayor tranquilidad.

Rosi se acercó a Carla para encargarle un trabajo y le explicó que se trataba del diseño y construcción de una casa. Nada fuera de lo habitual.

-Otro marrón por la mañanita- resopló Carla.

-Tenemos orden de empezar ya. ¿Qué tal si te lo cuento?-

Carla arqueó las cejas con cierta ironía:

-No me digas que tengo elección-

Rosi, su manager, le indicó que se trataba de construir y diseñar una casa de una planta en una zona cercana a la oficina. La compañía le daría el uso de vivienda para empleados. Tenía seis meses para concluirla y dejaban a su criterio el diseño, la elección de los materiales, pinturas, alicatado, muebles.. . Confiaban plenamente en su trabajo, de modo que bastaría con un breve informe bimensual de los progresos. Las obras no debían prolongarse más allá de seis meses, y para evitar los rigores del invierno era preciso comenzar de inmediato.

Carla sintió curiosidad:

-¿Por qué a mi criterio?-

-¿Por qué no?- inquirió Rosi

-Ya entiendo. Es un proyecto que nadie quiere. Sin importancia-

Rosi suspiró.

Las cosas no eran exactamente como su manager las había expuesto. Carla tenía fama de quejarse por todo. El director le había pedido a Rosi que pusiese fín a aquella situación. Si no lograban motivarla, tendría que abandonar la compañía. Ella estaba al tanto de los problemas de Carla para encontrar un alquiler a buen precio en un área próxima a la oficina. Cada día llevaba a sus tres hijos de seis, diez y doce años a un colegio situado a 40 kilómetros del centro de trabajo. Estaba divorciada y las relaciones con su exmarido no pasaban por el mejor momento. El residía en Wellington y hacia meses que Carla no recibía pensión alguna.

Al regresar a casa Carla se notó agobiada. Sentía la nueva tarea como una carga. Una más de todas las que debía soportar a diario. Se preguntó que podría hacer para liberarse rápidamente y llegó a la conclusión de que  terminar la obra cuanto antes sería su gran objetivo.

Utilizando la inesperada libertad de que disponía, se centró en lo práctico. Diseñó una casa pequeña (quién quisiera lujos siempre podía hacerse la suya propia) con materiales baratos y de mínima calidad, pero fáciles de conseguir y transportar (total era la empresa quién costeaba y seguramente la felicitasen por los ahorros).

Siguiendo el objetivo que se había marcado, utilizó pinturas y muebles baratos y fáciles de encontrar y trasladar. Procuró que el estilo fuese homogéneo y que los colores encajasen con el mobiliario, pero si cualquier decisión al respecto retrasaba la obra, tomaba partido por la opción más rápida.

Para no supervisar constantemente y al detalle los trabajos, tomó la decisión de visitar la construcción una vez por semana y pasó por alto aquellas imperfecciones o defectos cuyo arreglo implicaba un retraso. Al fin y al cabo qué casa no tenía desperfectos. La perfección no era más que una obsesión suya.

En cuestión de cinco meses Carla había logrado deshacerse de aquel encargo.  Rosi acogió con gran entusiasmo la noticia:

-¡Enhorabuena Carla!. Todo un record. Iré con el director a inaugurarla y me gustaría que estuvieses allí-

Ambos se encontraban a las puertas de la casa, cuando Carla llegó. La saludaron con una cordialidad a la que no estaba acostumbrada. Acababan de echarle un vistazo y se mostraron realmente encantados.

-Quería darle personalmente la enhorabuena- dijo el director estrechando su mano–una hermosa casa y un gran trabajo-.

Aunque se notaba desconcertada, Carla agradeció el gesto con una sonrisa.

Mientras observaba la casa, se le hacía difícil entender que de hermoso veían en ella. Era una construcción normal, más bien poca cosa. Y la idea de vivir entre sus paredes le producía cierta desazón. No se consideraba capaz de habitar aquel espacio con cuartos, colores y muebles en los que no se reconocía. En la construcción habían utilizado materiales de poca calidad y presentaba numerosas imperfecciones que por fortuna no era fácil reconocer a primera vista. Sus gustos y preferencias eran bien diferentes. No obstante, aquella era la primera vez que recibía la enhorabuena por parte del director y eso la hacía sentirse bien.

El director miró a Rosi con una sonrisa y le entregó las llaves.

Carla observó como Rosi se acercaba hacia ella con gesto de entusiasmo:

-Son tuyas- le dijo- y la casa también. Hecha por ti y a tu gusto. Podrás ocuparla gratuitamente mientras trabajes en la compañía. Es nuestro regalo para ti-

Carla no fue capaz de articular palabra. Tenía la oportunidad de vivir cerca de la oficina sin sacrificio económico alguno, pero había levantado su propia casa con valores y criterios que no eran los suyos. ¿Qué se lo había impedido?; ¿qué la hacía desear para otros lo que no deseaba para ella misma?, y aún más, ¿por qué había dudado de la intención positiva de aquellas personas?.

-No sabéis cuanto os lo agradezco- murmuró- llevo años construyendo casas para otros y permitiendo que otros determinen qué y cómo debo construir. Acabo de descubrir que no es así como quiero hacerlo. De ahora en adelante, aplicaré mi propio criterio-

 

 

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