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COMENZAR UNA NUEVA PÁGINA

“Todo hombre debe nacer de nuevo el primer día de enero. Comenzar una nueva página” escribió el orador y predicador Henry Ward Beecher.

Mejorar o cambiar es una actitud innata en el ser humano. El cambio es una constante en la naturaleza. Todo cambia aunque te resistas y, si tú cambias, todo lo que te rodea también.

En el último día de Diciembre, tendemos a hacer balance  personal de lo ocurrido durante el año que se acaba y a proyectar nuestros sueños y propósitos en el que va a comenzar con el objetivo de estar un poco más satisfechos con nosotros mismos.

El cambio de año es la oportunidad perfecta para examinar lo que consideramos logros y fracasos, hacer borrón y cuenta nueva  y atesorar  nuevos proyectos.

El mero hecho de formular propósitos genera un estado de esperanza, optimismo y tranquilidad.

Esa sensación de tener una nueva oportunidad para reinventarnos y ser más felices, nos llena de energía. La propia emoción puede hacer que concibamos múltiples propósitos y que esperemos resultados inmediatos.

O tal vez nuestra intención no vaya más allá de plantearnos las  metas de siempre aún sabiendo que lo más probable es que no las alcancemos. Bajar de peso o dejar de fumar por ejemplo, mientras pensamos en una batería de excusas del tipo “no estoy dispuesto a privarme de nada” o “de algo hay que morir”. Si este es tu caso, se consciente de ello y no dañes tu autoestima, ni te bloquees. Al fin y al cabo eres tú quién elige. Tal vez debas examinar porqué y para qué decidiste no cumplir esos propósitos, en lugar de auto flagelarte.

Pero si  realmente deseas cumplir aquello que formulas, te apunto algunas ideas  de cara a  facilitar la consecución de tus metas:

Determina tus objetivos de forma específica, medible, realizable, realista, y trata de limitarlos o revisarlos en el tiempo.

Cuidado con cargar la lista de propósitos. Tratar de lograr muchas cosas a la vez roba energía y claridad y nos dispersa. No puedes poner en marcha todos los cambios al mismo tiempo.

 “Un propósito de Año Nuevo es un maratón no un sprint” afirma Kevin Burns portavoz del Consejo Estadounidense del deporte, “hay que cambiar esos sueños grandiosos de cambios enormes por dos o tres objetivos inteligentes, específicos y que se puedan medir”.

De forma qué tu primera pregunta debería ser: ¿Cuáles son realmente mis propósitos?. ¿Qué cosas de todo lo que deseo son realmente significativas y prioritarias en mi vida este año?.

Una vez que te hayas respondido, especifica ese propósito lo más que puedas, pregúntate qué, cómo, cuanto, dónde y determina cómo vas a medirlo, cómo sabrás que estas en el buen camino, que avanzas o que lo consigues.

Si te planteas cómo propósito hacer ejercicio  o reducir el consumo de pan,  será menos específico y medible que plantearte hacer dos horas de ejercicio al día o comer un panecillo al día.

El objetivo será realizable o alcanzable en la medida en que consigas o cuentes con los recursos internos y externos que necesitas para lograrlo.

Que sea realista dependerá de haber tenido en cuenta la realidad y circunstancias que te rodean y haber previsto como responder a las mismas. Si la consecución de ese propósito implica dejar ir o generar conflictos en relación con personas, cosas o valores más importantes en tu vida, tal vez no sea realista planteárselo o requiera que lo adaptes para evitar ese conflicto o simplemente que resuelvas el conflicto en sí.

Es importante tratar de limitar el objetivo en el tiempo o al menos revisarlo periódicamente para ver cómo va funcionando y hacer los ajustes necesarios. En ocasiones el tiempo nos viene impuesto por causas externas (caso de consecución de objetivos de negocio en una empresa por parte de sus empleados, por ejemplo). En otras es difícil determinarlo porque no depende en todo de nosotros, pero ponerle un plazo, al menos orientativo, o proponerse revisar el estado del objetivo con cierta periodicidad, rompe su inmovilidad y evita que se convierta en eterno.

Pon algo de tu parte: ve a por ello y esfuérzate

Conseguir lo que te propones requiere que actúes y te esfuerces.

Si quieres aprobar un examen no puedes conseguirlo de inmediato, has de crear un hueco en tu vida para estudiar y dedicar tiempo al estudio.

Todo logro implica pagar un precio. Antes de caminar hacia tu meta, piensa si estás dispuest@ a pagarlo.

Divide tu objetivo en pequeños objetivos, ve paso a paso,  y empieza por lo más fácil para ir creando hábitos.

Si llevas una vida sedentaria y tu propósito es participar en una maratón de 42 kms, podrías fraccionar este objetivo en otros más pequeños, cómo apuntarte al gimnasio en una fecha determinada, hacer una hora de ejercicio diaria para acostumbrar  tus músculos al ejercicio durante un mes, correr dos o tres veces por semana distancias cortas de 5 kms durante dos meses, etc. Esto te permitirá ir gradualmente consiguiendo pequeños logros que te impulsen hacia delante.

Para conseguir tus propósitos la fuerza de voluntad es un ingrediente fundamental, pero lo que realmente consolida tus logros es crear una rutina. El hábito no necesita pedirle permiso a la voluntad.

Los expertos consideran que un hábito tarda 21 días en crearse. Eso implica que si realizas una hora de ejercicio todos los días con una rutina determinada de horario y actividades, al cabo de un mes habrás desarrollado un hábito y te resultará muy fácil continuar con él. Será algo tan automático como cepillarte los dientes o desayunar.

Cambia un hábito negativo por otro positivo

No es fácil dejar de fumar aunque seas consciente de que te perjudica o dejar una relación con alguien tóxico para ti. Son hábitos que a su vez generan adicción.

Si en lugar de enfocarte en cambiar dichos hábitos, lo sustituyes por otro positivo (hacer deporte por ejemplo) y te centras en adquirir este último, aumentarás las posibilidades de lograrlo.

Cuando nos enfocamos en algo agradable o deseable, respondemos mejor que cuando actuamos bajo el peso de que algo malo nos va a suceder si no lo hacemos.

Sé flexible y persiste

En tu camino pueden surgir inconvenientes y oportunidades que te lleven a cambiar o reformular tu objetivo. Tu grado de flexibilidad será determinante para conseguir el éxito.

Si algo no te sale bien, fallas un día o fracasas, perdónate y aprende de tus errores, pero no abandones.

Mantén una actitud positiva

Somos lo que pensamos. Si tu actitud es positiva verás soluciones y oportunidades, esquivaras obstáculos y aprenderás. Si te dejas arrastrar por la negatividad o el victimismo entraras en un bucle sin salida que consumirá tus propósitos y minará tu salud.

Comparte tu objetivo con los demás si eso te ayuda

Puede que si das publicidad a tu objetivo comunicándoselo a familiares o amigos, te sientas más comprometido con él. Tal vez recibas palabras de ánimo o formulen preguntas que te ayuden a avanzar. Es posible que compartir tú propósito con ellos te lleve a explicarles periódicamente cómo vas. Incluso cabe la posibilidad de hacer el seguimiento con alguien en concreto.

Decía, Erich Fromm, que el propósito principal en la vida del hombre, es dar nacimiento a sí mismo. Convertirse en lo que potencialmente es.

Sea como fuere, es importante disfrutar del camino antes que del logro. Pues la vida consta de ambas cosas y antes de ser logro el objetivo es una senda que se recorre día a día y minuto a minuto.

Espero que estas sugerencias os sean útiles.

Desde aquí quisiera desearos Feliz Año y  agradeceros de corazón el apoyo y seguimiento de este blog.

 

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¿NO PUEDES MAS?. PÁRATE Y PIENSA

 A menudo vivimos distraídos por continuos quehaceres, obligaciones y expectativas, persiguiendo y esperando cosas, luchando por cambiar a los demás y porque todo funcione cómo deseamos.

Al volcarnos en el mundo exterior, en nuevos deseos y necesidades, carecemos de tiempo para conocernos, saborear y disfrutar nuestros logros y lo que somos.

 Cuando quedas atrapad@ en esa espiral de lucha e insatisfacción constante, no tardan en surgir emociones negativas. Puedes notar que te falta energía y experimentar síntomas de  agotamiento mental y físico, impotencia, fracaso o derrota.

Los budistas tibetanos se refieren alegóricamente al Reino de los Fantasmas Hambrientos para describir esta actitud. Lo habitan seres que poseen un apetito insaciable y por lo mismo, continuamente insatisfechos.

¿Qué hacer cuando uno se ve inmerso en esa espiral y comienza a experimentar emociones negativas?.

Cuentan que el místico ruso, George Ivanovich Gurdjíeff solía practicar con sus alumnos un ejercicio denominado Stop. De repente les decía: “¡Stop!” y todos tenían que detenerse, tal como estuvieran.

Otra técnica utilizada en la educación infantil es el semáforo. A través de la asociación de las luces de un semáforo con las emociones y la conducta, los niños aprenden que la luz roja implica pararse, tranquilizarse y pensar antes de actuar. La luz amarilla les induce a pensar en soluciones o alternativas y sus consecuencias, mientras que la luz verde invita a seguir adelante y poner en práctica la mejor solución.

Cuando faltan fuerzas para continuar y nos sentimos desbordados, defraudados, fracasados o insatisfechos, ha llegado el momento de pararnos, descansar y reponer nuestra energía.

Parar supone desconectar y distanciarse.

Desconectar de ese mundo exterior que absorbe nuestra energía para conectar con uno mismo a través de la meditación.

 Sólo en nuestro interior se halla la paz y serenidad que anhelamos.

La meditación regular ayuda a descansar, ahorrar energía y mantenerse relajad@. Al meditar, cerramos la puerta al ruido y a los problemas que descansan en nuestro trabajo o en nuestra vida personal, silenciamos el diálogo interior acallando esa mente que no cesa de generar pensamientos a una velocidad fulgurante.

Aunque para ser realmente efectiva la meditación requiera hacerse con tiempo, cinco minutos dentro de un cuarto sin luz o sin ruidos, enjuagarnos el rostro con agua fría,  respirar hondo y contar hasta tres, un paseo enfocándonos en los detalles del  paisaje o la simple visualización de un lugar ideal para nosotros,  pueden ser suficientes para hallar la calma, recuperar la paciencia y balancear momentáneamente nuestra energía de forma que obtengamos una mayor claridad mental y gestionemos nuestras emociones y nuestro estrés.

Salirse de un problema o de una emoción,  también ayuda a gestionarlos.

A veces nos resulta más fácil encontrar solución para los problemas ajenos que para los nuestros. Quién sufre la situación no suele verlo tan sencillo. Tiene más información, pero se halla demasiado involucrad@ como para poder contemplarla desde distintos ángulos y lograr una visión amplia, objetiva y global de la misma. Es capaz de ver los árboles, pero no el bosque. 

Cuando pones distancia respecto a esa situación o emoción  que  absorbe  tu energía o te genera sentimientos negativos estas en condiciones de gestionarla mejor. Puedes verla objetivamente y decidir si te merece la pena seguir luchando, si estás dispuesto a pagar el precio y a dedicarle tiempo. Dar un paso atrás nos permite descubrir otras opciones y elegir bien nuestras luchas y objetivos en lugar de dispersarnos en cientos de deseos. Nos permite tomar conciencia de que somos algo diferente de la emoción que nos embarga y nos ayuda a pensar y percibir con claridad. Cuanto más nos alejemos mayor será nuestra perspectiva y nuestra capacidad de tomar una decisión acertada.

Al margen de lo que ocurra en tu vida, cómo interpretarlo sigue siendo una elección personal. Siempre tienes la posibilidad de hallar un sentido positivo a lo que acontece y ese poder tuyo, nadie, ni nada puede arrebatártelo.

Para no caer en una dinámica de dispersarse en continuos deseos y necesidades hasta el punto de transformarnos en Fantasmas Hambrientos, es fundamental conocerse y  tomar decisiones.  Determinar que es absolutamente necesario para tí, aprender a descartar y  enfocarte en lo que de verdad importa. Saber quiénes somos y que queremos, hará que disfrutemos de  nuestros logros y de lo que tenemos y hacemos en lugar de permanecer continuamente insatisfechos.

Una fuente común de insatisfacción, es el empeño en cambiar a los demás.

“Debes ser el cambio que quieres ver en el mundo” afirmaba Mahatma Gandhi.

En ocasiones no cesamos de intentar que las personas y el mundo funcionen cómo deseamos.  Quizá lo hagamos con nuestra mejor voluntad, dando por supuesto que sabemos lo que es mejor para todos. Al no conseguir resultados, llega el sentimiento de culpa y fracaso y el agotamiento. Esta actitud daña nuestra autoestima y vacía nuestras reservas de paciencia y energía, sin contar con que hace la vida imposible a otros individuos.

Conviene tener presente que cada ser humano es  peculiar y único. Tiene sus ideas, sus  objetivos, valores y carácter. Hemos de  respetar su espacio y sus procesos, su ritmo propio.

Siendo como eres, sin pretender ni esperar que los demás cambien, estás sembrando en sus vidas.

Cuando te conviertes en aquello que quieres ver, mucha gente se motiva e inspira contigo, pero no puedes forzar la situación. Cada cual elige su camino. Si cambia, cómo y cuándo. Nada puedes hacer, cuando  nada te piden. Incluso si te lo piden, la última palabra no es tuya.

Abracemos la singularidad de cada persona. Tal vez nuestro destino no sea cambiar a los demás sino sembrar el cambio. “Somos sembradores conscientes, repartimos diariamente millones de semillas a nuestro alrededor” afirmaba el escritor estadounidense Og Mandino.

No pienses mientras no paras. Párate y piensa. Hará la diferencia en tu vida.

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¿SONREIR O MORIR?

Hace unos días llegó a mis manos el libro “Sonríe o Muere: Como el pensamiento positivo engañó a América y al mundo” de Barbara Ehrenreich.

En líneas generales el libro se refiere al pensamiento positivo como una corriente ideológica que afecta negativamente a nuestras vidas al provocar que nos sintamos culpables de cuanto no nos sale bien, obligarnos a estar alegres y posibilitar el control social. El pensamiento positivo llega a ser cruel, por ejemplo, con los despedidos y menos favorecidos. Según la autora tampoco ha podido demostrarse que esta actitud positiva influya en la cura de enfermedades de la gravedad del cáncer, llegando a agobiar, e incluso a desesperar, a los pacientes. El libro sugiere que la crisis económica actual se debe en parte a una corriente de pensamiento positivo que nos vuelve poco realistas.

Es obvio que vivimos una época dónde los mensajes positivos surgen por doquier en blogs, libros y oratorias. Entra dentro de lo posible que un sector de ese público saturado se sienta agredido o manipulado, pero concluir de aquí lo que apoya la autora, no es más que una cuestión de percepción y, sobre todo, una decisión personal. El libro trata de vender su idea y, como todo lo que se vende en esta vida, podemos comprarlo o no. Personalmente he comprado el libro, pero no lo que dice.

Reflexionando sobre la culpabilidad y crueldad en relación conlos menos favorecidos, que Ehrenreich achaca al positivismo actual, creo que no debería hablarse de culpa sino de responsabilidad. Este pequeño matiz supone un cambio absoluto de perspectiva, pues la culpa es una actitud formada por emociones y pensamientos que desembocan en la autoflagelación y el odio contra uno mismo. Por el contrario, la responsabilidad está conectada con nuestra capacidad de respuesta. Resulta evidente que no siempre podemos elegir las circunstancias que nos rodean o cuanto nos depara la vida, pero si está en nuestra mano decidir cómo respondemos ante ello. Al ser responsable puedo sentirme mal con mi conducta, en lugar de sentirme mal conmigo mismo. El error no me devalúa como individuo, simplemente lo acepto y aprendo de él.

Por tanto, nadie debería sentirse culpable de no tener una actitud mental positiva o de que las cosas no le salgan bien, sino en todo caso responsable de lo que piensa, pues cada cual decide cómo responde, consciente o inconscientemente, a lo que le sucede. Ver las cosas bien o mal, fustigarse o perdonarse, asociarse o disociarse de la propia conducta es una cuestión de elección personal. En este sentido, el pensamiento positivo no nos obliga a nada que nosotros no queramos.

A mi modo de ver la actitud mental positiva no engendra sumisión o control social, ni tiene porqué condicionarnos a la hora de exigir que se respeten nuestros derechos e ideas o de manifestar nuestro descontento. Más bien nos ayuda a ser asertivos. Lo que implica defender nuestra postura sin agredir a los demás ni ser agredido.

Respecto a cómo influye la actitud positiva en nuestra salud, es cierto que estamos en un estadio inicial de investigaciones. Afortunadamente se ha comenzado a cuestionar la idea, un tanto limitada, de que la cura de las enfermedades se basa únicamente en la ingesta de sustancias químicas, una buena cirugía o la detección precoz. Cada vez parece más claro que el cuerpo humano es un todo y que las emociones y pensamientos influyen en el desarrollo y cura de enfermedades. Algunos estudios ponen de manifiesto, por ejemplo, como la actitud positiva fortalece nuestro sistema inmunitario o mitiga los síntomas de una enfermedad. Abundan los testimonios de personas que dicen haberse curado de enfermedades “teóricamente” incurables afrontándolas desde una actitud mental positiva.

Por tanto, aunque no pueda demostrarse con total seguridad que el pensamiento positivo cure el cáncer, tampoco estamos en condiciones de afirmar que no lo cure. Y para un enfermo tener una actitud positiva que le permita enfocarse en lo mejor y luchar por sentirse mejor es un instante más de esperanza, alegría y fuerza para vencer la enfermedad o de entereza para afrontarla.

Tal vez el problema de la crueldad al que alude la autora radique en confundir pensamiento positivo con idealismo. Tener una actitud mental positiva no quiere decir que ignoremos la realidad. Es cierto que ser negativos nos estanca al desincentivar el cambio y la acción, pero no lo es menos que el idealismo puro y duro es otra forma de estancamiento.

Conectar con la realidad implica ser consciente de que los fracasos forman parte de la vida, de que existen situaciones adversas que uno ha de aceptar o superar, acontecimientos que se escapan a nuestro control. Hemos de estar preparados para estas situaciones, ser flexibles y buscar alternativas.

Cualquiera que sea nuestra actitud, el miedo, el dolor, la frustración, la rabia o la tristeza, son emociones que experimentaremos. Todas ellas cumplen una función en nuestra vida. Otra cosa es cómo vamos a gestionarlas. Si lo hacemos con una actitud positiva de ser conscientes, disociarnos y analizarlas o con una actitud negativa de identificarnos con la emoción y volvernos adictos a ella. De modo que llorar no te convierte en negativo, ni reír en positivo, pero si entiendes porque lloras y porque ríes sabrás que tú eres algo más que tu emoción y que puedes disociarte de ella y gestionarla, al igual que puedes gestionar tus pensamientos y tus creencias.

Pensar en positivo tampoco es sinónimo de logro. Creer que las cosas saldrán bien no garantiza que salgan bien. A mi modo de ver la teoría de la atracción, correctamente entendida, no se refiere a que podamos conseguir todo lo que queremos con sólo pensarlo, sino más bien a cómo influye nuestra actitud en el universo que nos rodea y en nosotros mismos. Si tú actitud es la de creer que conseguirás algo, estas dirigiéndonos hacia ese algo y ese algo se dirige hacia ti.

Cuando creemos en nosotros somos más proclives a ver todo lo que antes nos pasaba desapercibido y a contagiar a las personas que nos rodean. Nuestra atención se enfoca en lo deseamos y nos topamos con eso que antes ya existía y no habíamos visto. Al buscar con pasión lo que queremos captamos también la atención de otras personas, obteniendo su colaboración y accediendo a nuevas oportunidades. 

Y lo cierto es que pocas cosas llueven desde el cielo. Para conseguir algo hemos de perseverar en nuestra idea y mover ficha. Es necesario contar con un objetivo claro y un plan, ser flexible y buscar alternativas, pero sobre todo hacer y hacer, poco a poco y de forma constante. Sin acción no hay logro. A menos que consideres un logro el dejarte llevar, pregúntate que has hecho hoy para ganar tu propio partido.

Es cierto que la vida tiene sus reglas. Lo que sucede es que sean cuales sean y pase lo que pase, aún tenemos el poder de controlar nuestra actitud y nuestro enfoque. Podemos decidir si vemos la vida de forma positiva o en qué vamos a centrar nuestra atención y nuestras fuerzas.

Por eso, a mí modo de ver, el dilema no es sonreír o morir. Lo que importa  es vivir o morir con la actitud que deseamos. Vivir o morir no es sólo lo que nos sucede sino también, y en gran parte,  la forma en que lo interpretamos.

 

 

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ACTITUD MENTAL POSITIVA

La actitud es una forma de respuesta aprendida ante lo que nos acontece o acometemos. Proviene de una disposición mental y neurológica individual frente a las situaciones que afrontamos en la vida. Esta disposición se nutre de pensamientos y emociones generadas por experiencias.

 Tener una actitud mental postiva resulta clave para lograr éxito y sentirnos felices. La consecución de un objetivo no depende sólo de  la capacidad y talento individual, es necesario tener el ánimo y desarrollar el comportamiento adecuado. Respecto a la felicidad, no importa tanto lo que suceda a nuestro alrededor como la forma en que lo veamos, sintamos y actuemos.

Como líderes de nuestra vida podemos elegir entre adoptar  una perspectiva positiva o negativa de la realidad. Tenemos en nuestras manos la creación de hábitos mentales positivos y negativos.

Las reacciones humanas se generan en el cerebro y es la forma en que decidimos percibir y creer lo que impulsa nuestros actos.

Nuestros pensamientos habituales provienen de las redes neuronales que se generan en el interior de cada persona. A lo largo de la vida, mediante el proceso de pensamiento, hemos ido construyendo redes neuronales para los temas que consideramos importantes. Mediante la repetición de pensamientos y actitudes, dichas redes se fortalecen, hasta llegar a un punto en el que su activación es automática. Ello implica que ante un estímulo especifico y sin necesidad de que intervenga nuestra mente consciente, la red neuronal se pone en marcha.

Algunas de estas redes neuronales pueden resultar nocivas y segregar sustancias químicas que generan sufrimiento, ira, rabia o dependencia emocional, de forma que nuestra respuesta neuronal se carga de negatividad. Con el tiempo ese circutito neuronal se irá fortaleciendo, pués el cerebro se vuelve adicto a las sustancias que está acostumbrado a recibir . Si estamos instalados en la queja o en la dependencia es porque nuestro cuerpo nos demanda sustancias que generan ese estado de ánimo.

Cuando tomas conciencia de  tus pensamientos negativos, estas en condiciones de romper  los  modelos de comportamiento que te debilitan. Tienes la posbilidad de generar otras redes para segregar nuevas sustancias químicas que te hagan sentir bien.

Sustituir una actitud mental negativa por otra positiva requiere constancia y concentración. La dificultad estriba en interrumpir una rutina a la que nos hemos vuelto adictos. No se trata sólo de generar un pensamiento positivo sino de entrenar nuestra mente para que desarrolle de forma automática ese pensamiento.

La solución depende de cada persona, pero ser conscientes de esa actitud mental negativa y de nuestro poder para cambiarla es el primer paso para crear una nueva realidad que nos haga más dichosos.

Lo siguiente es recuperar el control de nuestras actitudes. Eliminar el diálogo interior negativo y sustituirlo por una rutina de afirmaciones, visualizaciones y palabras positivas. Cada segundo nuestra mente debe ejercitarse en la ilusión, el optimismo, los valores y las creencias que nos hacen sentir bien. El hábito se crea con la repetición, se nutre de constancia y necesita de un tiempo mínimo para consolidarse.

Aceptar lo que sucede y adaptar nuestras exepctativas a la realidad, no implica ser negativo, más bien es una actitud  que facilita adquirir el control nuestra vida y mejorarla. Hemos de ser capaces de sobrevivir a la adversidad y recuperarnos, de fracasar con éxito en el sentido de saber sentirnos lo mejor posible en una situación en que lo lógico quizá fuese sentirse mal. En definitiva ver el fracaso y el dolor como una aprendizaje, concentrarnos en lo bueno y en la solución y utilizar para ello todas las herramientas posibles, desde la relajación a la meditación.

Tener una actitud mental positiva implica crearnos una vida con sentido y disfrutar de ella.

Es una actitud que no depende de nada, ni de nadie. Está sólo en nosotros. En nuestras manos.

 

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CUANDO NO TE COMPRENDEN

 

 Nadie verá y sentirá lo mismo que tú sientes. Tal vez se acerque, pero no será igual.

Asimilamos el mundo a través de nuestros filtros. Los sentidos, las creencias, la educación o la historia personal, incluso la genética, determinan nuestra representación de la realidad.

Digo esto porque a veces nos desesperamos, criticamos y juzgamos. Resulta que el otro no nos entiende, no se preocupa, no se comporta como yo espero, y al pensar de esta forma, me creo que estoy en lo cierto. No advierto que se trata de una percepción personal, que existen mapas diferentes al mío, diferentes modos, tantos como personas, de captar y entender los hechos.

Si partimos de la idea de que el resto de personas debe entender y saber lo que queremos decir, que actúan en nuestra misma realidad y se la representan tal como nosotros, lo más probable es que surjan conflictos, malentendidos y frustraciones en nuestras relaciones.

¿Qué hacer entonces?. ¿Utilizar la fuerza?. ¿Te ha pasado alguna vez que tratas de imponer tu visión y el otro se afirma con mayor vehemencia en la suya?. Es difícil pensar que se pueda conocer la realidad sin un observador y cada observador es un sujeto que tiene su propia percepción, un individuo con su propia subjetividad.

Para empezar la representación que cada persona tiene del mundo exterior, depende del sistema sensorial que utilice en ese contexto. Si da importancia, por ejemplo, a lo que oye, a lo que ve o a lo que siente. ¿Cómo procesa la información?. ¿Tiende a prestar atención a los detalles o más bien se inclina por la globalidad?. ¿Se sitúa dentro del tiempo olvidándose de ella o se disocia y lo mide?. ¿Qué experiencias ha vivido respecto a un tema concreto que influyen en lo que piensa?. ¿Qué anclajes posee que le hacen sentirse bien o mal ante determinados estímulos?. ¿Cuáles son sus valores?. ¿Se centra en las ventajas o en los inconvenientes?.

No hay respuesta acertada ni desacertada. Nadie es mejor ni peor en función de sus filtros. La cuestión no es juzgar a las personas o criticarlas, sino comprender como funcionan y acercarnos a ellas. Cualquiera que busque una comunicación eficaz ha de estar abierto a percibir las particularidades del otro y a sintonizar con él. Sólo así podrá comprender su mensaje y lograr que se comprenda el suyo.

La calibración parte de observar y escuchar al otro para recoger información. Nos permite conocer mejor a nuestro interlocutor, su modelo del mundo, sus creencias, sus valores, sus sistemas sensoriales predominantes, sus intereses, recuerdos, experiencias y estrategias.

Tras la calibración, llega el momento de utilizar lo aprendido para lograr sintonía. La sincronización permite crear un clima de confianza y entrar en el mundo de otra persona siguiendo sus parámetros, pero también nos permite “guiarla” hacia posiciones distintas a la suya. Una vez que hemos sintonizado con alguien, podemos ir cambiando los parámetros, de tal forma, que sea el otro quien nos siga a nosotros.

La forma en que cada persona se representa la realidad determina su sufrimiento y su felicidad. Todos poseemos recursos para modificar esa representación, pero al relacionarnos con otras personas, lo primero es comprender y adaptar nuestro lenguaje verbal y no verbal a su modo de ver el mundo. De esta forma la comunicación habrá sido eficaz y se darán  las condiciones para influir en nuestro interlocutor.

Conocer y respetar la realidad del otro es el primer paso para qué nos entienda.

En lugar de juzgar y criticar, ¿Qué tal si nos esforzamos por comprender y comunicar eficazmente?. ¿Qué tal si partiendo de ahí, llevamos al otro a conocer  nuestro mundo?.

  

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MINDFULNESS: CONCIENCIA Y ATENCIÓN PLENAS

 

Hace días tuve la oportunidad de experimentar una sesión de Mindfulness en una Institución benéfica de la calle Serrano.

La sala estaba abarrotada. En medio del calor y la atmosfera densa, los asistentes iniciamos nuestra meditación con un dulce. Durante un lapsus de tiempo que olvidé calcular, anduve sumida en el aroma azucarado y evocador del chocolate, en su tacto untuoso y su sabor a almendra tostada, vainilla y almíbar. Sólo eso existió para mí. La golosina y mi atención plena hacia ella con los cinco sentidos.

 ¿Cuántas veces somos conscientes de que respiramos?.  ¿Saboreamos la comida o la imagen que tenemos de ella?.  En ocasiones tocamos a una persona sin experimentar las sensaciones propias del tacto porque ya tenemos nuestra propia idea de esa persona o incluso caminamos completamente ajenos a la sensación de la superficie que pisamos bajo nuestros pies.

 La mente suele divagar y distraerse con facilidad. Revolotea de un lado a otro cual pájaro inquieto, como si estuviera dispuesta a cualquier cosa, excepto a vivir aquí y ahora. Se pierde en hechos pasados o futuros, razona, calcula, especula, juzga, trata de controlarlo todo o rumia su compulsiva cháchara.

Mientras tanto, el momento presente pasa de puntillas por delante nuestro. Alrededor de un 50% de las horas de vigilia,  transcurren desatendiendo eso que está frente a nosotros, visitando paisajes mentales o pensamientos ausentes.

La meditación centra nuestros pensamientos y nos aporta sosiego y paz interior. Cuando calmamos la mente, podemos ver con claridad.

 Como técnica de meditación basada en la conciencia plena, el Mindfulness alcanza este objetivo prestando atención de forma deliberada, y con aceptación, al momento presente.

 No se trata de dejar la mente en blanco, sino de ser consciente de lo que sucede, mientras sucede.

 A través de esta práctica observamos la realidad sin juicios, prejuicios, ni valoraciones y aceptamos nuestra experiencia tal cual es, y del modo en que está aconteciendo.  No hay control, ni rechazo de nada que proceda de los sentidos o de las emociones, no se permiten interferencias en esa atención, ni nos centramos en  vivencias irreales desconectadas del mundo. Transpolando las palabras de Heidegger hacia la filosofía, “no levantamos palacios dignos de admirar, pero en los que es imposible vivir”.

El objetivo del Mindfulness es mirarte a ti mism@ y ser plenamente consciente de lo que sientes, piensas o estás haciendo en cada momento. ¿Para qué?.’ Para no ser víctima de los miedos, inseguridades y vaivenes mentales o emocionales. Si te conoces más a ti mismo y eres consciente de cada cosa que haces, te relajas y  tomas las riendas de tu vida.

Pero la aceptación nada tiene que ver con la resignación. Como indica Kabat-Zinn, médico fundador del Centro para el Mindfulness o Atención plena: “La aceptación de las cosas tal como son requiere una fortaleza y una motivación extraordinarias, especialmente en el caso de que no nos gusten, y una disposición a trabajar sabia y eficazmente como mejor podamos con las circunstancias en las que nos encontremos y con los recursos, tanto internos como externos, de que dispongamos para mitigar, curar, reorientar y cambiar las cosas que podamos cambiar”.

El Mindfulness se utiliza como herramienta para potenciar el liderazgo, permite una mayor concentración, relajación y positividad, alivia los dolores y fatigas crónicas, y representa, entre otras cosas, una técnica eficaz de autobservación y autorregulación para gestionar el estrés y la ansiedad.  

A menudo las personas evitamos conectarnos con aquellas experiencias que nos generan estrés o ansiedad, pensando quizá que “lo que no se ve, no existe”. Esta actitud conduce a una reducción puntual de ambos, pero contribuye a su sostenimiento y perpetuación a medio plazo, púes impide la habituación y el aprendizaje.

La observación atenta y sin juicios, cual testigo imparcial, de los estresores  y  sensaciones de ansiedad, genera desapego y desensibilización. De esta forma se abre un espacio para que la persona se distancie, deje de actuar en forma automática y logre una mayor libertad para dar una respuesta diferente a su situación, tanto interna como externamente.

“Lo que resistimos persiste”, afirma Cristopher Germer, psicólogo clínico y co-editor del libro “Mindfulness y Psicoteria”:  “Al resistir el no poder dormir, posiblemente desarrollemos insomnio, al resistir la ansiedad empezamos a rumiar o sufrir ataques de pánico, si resistimos la pena eventualmente estaremos fijados en un cuadro de depresión. Incluso Sigmund Freud dijo que una persona no debe esforzarse en eliminar sus complejos sino entrar en acuerdo con ellos. Lo que estamos cultivando es una nueva relación con lo que nos enferma y una actitud amable y de aceptación. Esta relación no intenta quitar o reducir los malos sentimientos y emociones, sino más bien vivir en forma segura y pacíficamente en el medio de lo que nos está molestando”.

 La conciencia y atención plenas posibilitan que nuestra mente se mantenga inmaculada, invulnerable e inmune frente a los vaivenes de la vida.

Aquí os dejo con un video de meditación guiada que aplica el “Mindfulness”. Espero que os resulte útil para continuar siendo vuestro propio líder.

Carpe diem.

 

 

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VIGILA TUS PENSAMIENTOS

 “Recuerdo el día en que me dieron la noticia de mi embarazo. Sucedió algo curioso: mientras caminaba en dirección al autobús, comencé a ver mujeres  embarazadas. Nunca antes había visto tantas mujeres embarazadas en mi camino”.

“Necesitaba aparcar. La calle estaba llena de coches, aunque tenía la seguridad de que mi hueco aparecería, incluso sentía que estaba allí, esperándome…lo visualizaba y lo deseaba con mis cinco sentidos…no había en mí un ápice de duda…y lo encontré”.

Cualquiera de nosotros habrá tenido oportunidad de escuchar o experimentar testimonios similares respecto a lo que pensamos y sus efectos.

En la era de la conectividad y la telefonía móvil, la comunicación más importante es la que ocurre en el interior de tu mente. Conversamos con nuestra mente las 24 horas del día y el 80% de este dialogo interno es negativo. Se estima que tenemos unos 50.000 pensamientos al día y que el cerebro es capaz de contener 10 elevado a 80.000.000. 000.000 ideas distintas, una cifra que supera el número de átomos que hay en el universo.

Nuestra mente subconsciente es una recopilación de todo lo que pensamos. Y los pensamientos más corrientes crean los comportamientos subconscientes más arraigados.

 Hay quien piensa que la mente es el cerebro. Otros sostienen que es una facultad de este. Algunas experiencias con personas clínicamente muertas vienen a sugerir que el cerebro no es el productor sino el receptor de una mente que se encontraría fuera del cuerpo físico.

Una definición simple podría ser aquella que considera la mente como la facultad del cerebro que permite reunir información, razonar y extraer conclusiones. El pensamiento encarnaría la actividad y creación de la mente. Una actividad de gran trascendencia pues afecta a nuestra vida y a nuestra salud. Cada vez es más nutrido el grupo los que opinan que el pensamiento crea la propia realidad, nos sana y nos mata.

Estudios recientes consideran a la célula como un ser vivo que recibe la influencia del pensamiento. Nuestros pensamientos emiten una determinada vibración capaz de influir en todo nuestro organismo.

En su alocución sobre el poder del pensamiento, Deepak Chopra afirma: “A las nueve de la mañana de los lunes mueren más personas que en ningún otro momento.  Es un logro extraordinario y asombroso únicamente atribuible a la especie humana…es sólo una idea y las ideas no se ven…pero han sido precursoras de la enfermedad, la muerte, la devastación y la guerra. También podrían ser las mensajeras de la curación”.

Según proclama el tercer patriarca Zen en “El libro de la Nada”, la negación de la realidad es su afirmación.

Entender el lenguaje que habla nuestra mente resulta fundamental para lograr cualquier meta. Al pronunciar negaciones, la mente solo traduce en imagen la parte que expresa el pensamiento, pero no su negación, de ahí que convenga formular nuestros objetivos en positivo.

Si imaginas un lago azul de aguas quedas y cristalinas y alguien te pide que no veas los cisnes blancos que lo surcan, verás cines blancos. Si te sugieren que pienses en un desierto y no mires los camellos que lo cruzan, verás camellos.

Ahora sabes que si le dices a un niño que no toque una cosa, es muy posible que entienda y haga lo contrario.

 Nada puede impedir que tus ideas creativas se materialicen. “Todo es posible, y esto no excluye nada” afirma Wayne Dyer. Desarrolla un estado mental que te mantenga abierto a todas las posibilidades.

Cuando piensas diferente y te abres a nuevos pensamientos también creas nuevas posibilidades, porque actúas diferente. Durante al menos un millón de años la raza humana ha permanecido sobre la faz de la tierra, pero tan sólo hace 500 la mayoría de la gente creía que la Tierra era plana. Hace poco más de 100 años que un hombre logró volar con una máquina más pesada que el aire. Por entonces se decía que si Dios hubiera querido que volásemos nos habría dado alas. Sólo 75 años nos separan del primer ordenador y 28 de la primera red de internet. Hasta hace 42 años el hombre no había pisado otro planeta. Recientemente se ha descubierto como conducir un coche con la mente y en este momento una estación espacial está siendo ensamblada 240 millas sobre nosotros.

Los principios en que se basan estos inventos nos han rodeado durante más de un millón de años aunque sólo hace unos cuantos que nos hemos percatado de ello. ¿Cuántos principios nos rodean aún desde el principio de los tiempos?. Principios que si fueran descubiertos, comprendidos y usados, podrían mejorar radical y maravillosamente nuestras vidas, más allá de nuestra comprensión. Principios como este: “los pensamientos se cumplen, se materializan, se convierten en cosas”.

Comenzamos con un pensamiento y terminamos con una realidad. 

No todos reaccionamos igual ante una misma situación. El secreto está en nuestra forma de pensar. Un sujeto puede sentirse muy bien pasando el día con niños pequeños y para otro puede resultar causa de tensión.

Si tu pensamiento está centrado en lo que no te gusta eso es lo que se expande. Al estar pendiente de lo que no puedes o no quieres, obtendrás más de lo mismo.

Cuando te quejas de todo permaneces insatisfech@ e irritable. Puede que te veas sól@. ¿Quién quiere estar cerca de personas que se quejan siempre?. Si persistes en una actitud autodestructiva perderás la oportunidad de tomar las acciones que te llevarían a tener éxito y alegría. Cuando te dices que vas a fallar, no importa cuán talentos@ seas, te saboteas y fracasas. Si piensas que eres una víctima, no habrá nada que puedas hacer para mejorar tu situación, ya que tus desgracias serán culpa de otros, que por misteriosas razones, te desean el mal.

Cuando en la vida nos sucede algo positivo y  exclamamos:”! No puede ser!”,”!No te creo!”, lo que estamos haciendo es negar lo bueno, rechazando lo hermoso que nos sucede.

Todo pensamiento consciente repetido durante una temporada, se convierte en un programa. Por tanto, ¿qué ocurre cuando has pensado conscientemente durante una serie de años soy un fracasado? Sin pretenderlo siquiera, te has implantado un programa automático que conseguirá arruinarte sin el menor esfuerzo. Cuando eres consciente de ello, es el momento. Pero ser positivo un día a la semana no resulta. Fortalecer la mente se parece un poco a la gimnasia corporal. Cuando disciplinas y entrenas tu mente durante todos los días de tu vida ves cambios que no podrías ni imaginar.

Por tanto, el primer paso para solucionar tus problemas es solucionar tus pensamientos.

Sintoniza con lo positivo. Piensa: “pasará”, “tiene que ser así”, “ya está aquí”

No des tregua en tu mente al hastío. Cuando creas que la rutina te envuelve en una espiral de tedio y aburrimiento prueba a pensar de otra forma. Piensa en que es la primera vez que te topas con ella. Si te levantas por las mañanas y haces cosas parecidas, mira lo que haces como si fuera una experiencia nueva y gozosa. Aunque te laves la cara todos los días, hoy no te lavas la cara igual que ayer, ni igual que mañana, las circunstancias y las sensaciones que te rodean nunca son iguales. Cada día piensa en tus quehaceres, en tu pareja o en los trayectos que recorres como si fuera la primera vez. Hoy, aquí y ahora, las mismas cosas pueden ser diferentes si las piensas como si comenzaras a vivirlas y les aplicas otro pensamiento.  

A veces ocurre que te obsesionas con un pasado que ya no puedes cambiar. Tu punto de poder está siempre en el presente. Lo que decidas pensar aquí y ahora crea lo que vives hoy y, si así lo deseas, creará lo que vivas mañana.

Con nuestros propios pensamientos podemos hacer que la vida sea más placentera o más dolorosa. Atraer abundancia y bienestar o repeler ambos. Tanto si crees que puedes hacer o sentir algo como si no lo crees estás en lo cierto. Toda la razón es tuya, porque nada ha ser más real y verdadero para ti que lo que tú piensas.

Liderar tu vida implica elegir conscientemente los pensamientos y responsabilizarte de esa elección.

Dice un antiguo maestro taoísta que “en el mundo no hay nada difícil para los que ponen su mente en ello”.

Evita pensar en automático. Piensa antes de pensar.

 

 

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