TU MEJOR MOMENTO ES AHORA

Ahora estas viv@. Sientes tu cuerpo y percibes con tus sentidos el presente. Ahora respiras y tal vez, sueñas.

Ahora no es antes, ni siquiera hace unas décimas de segundo. Tampoco es después. No es hace poco tiempo ni dentro de poco tiempo. Es en este momento. Un instante que vive fugazmente en ti y tú vives en él. Y es el tiempo oportuno para que actúes, para que hagas lo que tengas que hacer. Y también el tiempo para que algo ocurra.

En palabras del renombrado Osho, “La vida no te está esperando en ninguna parte, te está sucediendo. No se encuentra en el futuro como una meta que has de alcanzar, está aquí y ahora, en este mismo momento, en tu respirar, en la circulación de tu sangre, en el latir de tu corazón. Cualquier cosa que seas es tu vida y si te pones a buscar significados en otra parte, te la perderás”.

¿Cuántas veces soñamos con lo que deseamos y hacemos planes sin llegar a ejecutarlos?. Mentalmente procrastinamos nuestras acciones al día siguiente, a la semana siguiente, al año que viene. Y nos decimos, “ya llegará”, “ya lo haré”, “encontraré el momento adecuado”.

En el mundo profesional cada vez se da más importancia a las acciones sobre los pensamientos. Si no actúas, la oportunidad se escapa.  Buenas ideas y Buenos planes tienen valor en la medida en que sean ejecutables y se ejecuten.

Algo parecido sucede cuando buscamos momentos o decimos buscarlos. El momento perfecto, el momento adecuado, mi momento.

¿Recuerdas haber postergado cosas importantes en tú trabajo o en tú vida bajo la excusa de encontrar el momento adecuado para hacerlo?. Lo leeré más tarde con calma. Necesito verlo en detalle. Iré otro día. ¿Cuántas veces llegas a ejecutar eso que postergas?. ¿Y cuando lo ejecutas, cuántas veces crees que lo haces en el momento adecuado o perfecto?.

Esperar un momento perfecto o adecuado para hacer las cosas puede conducir a no hacerlas y a perder oportunidades. La vida tampoco es perfecta. No será mejor después. Siempre encontrarás algo que no encaje cómo tú deseas.

La acción convertida en hábito, puede ser algo más valioso en tu vida que la inteligencia y la capacidad personal.

¿Cuál es entonces momento adecuado?.

Sin duda, el que tu elijas, pero sea lo que sea que busques, has de comenzar ahora.

Analiza y entiende dónde estás y a donde quieres llegar, qué necesitas para lograrlo, márcate fechas. Pero empieza ahora, ya mismo, con pequeños pasos.

Crea tu momento en cada momento. Toma acción.

La acción es una fuerza poderosa contra el miedo y la incertidumbre. Es una actitud que genera confianza, convicción y seguridad en uno mismo.

Cuando actúas los miedos se desvanecen, los retos se vuelven ciertos y te sientes en el camino,  resolutiv@, firme, decidid@ y avanzando.

Hay personas que se pasan la vida esperando para vivir, esperando el amor perfecto, el trabajo perfecto, la ocasión perfecta para hacer esto o aquello. Personas que esperan que el tren de los deseos se pare justo delante de ellos.  Personas que se dan cuenta de que lo perfecto ya lo vivieron, pero no prestaron la atención suficiente a ese momento como para disfrutarlo. Tal vez su mente se hallaba ocupada en imaginar un futuro de ensueño. Personas que al final de su vida, perciben en todos los momentos imperfectos que han vivido una perfección inusitada que no lograron sentir, ni captar y que se perdió para siempre.

No esperes al momento perfecto. Toma el momento y hazlo perfecto para ti.

La fecha más importante de tu vida es ahora.

©Texto y foto Isabel Ripoll Espinosa

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VALORA A TU PAREJA: “CONFIO EN TI Y TE ACEPTO COMO ERES”

Un gran amigo mío, divorciado por tres veces, solía decir que cada uno de nosotros somos un conjunto de virtudes, defectos y circunstancias. Decía, desde su experiencia, que si decides unir tu vida a una persona has de aceptar todo ese conjunto, y que no caben términos medios.

Cuando queremos a alguien y decidimos iniciar una relación de pareja, es fácil que nos llenemos de expectativas.

Pocas veces reparamos en el hecho de que eso que imaginamos o deseamos es completamente subjetivo.

Cuando todo es perfecto en nuestra mente, cuesta entender que la otra persona no sea tan ideal.

La realidad es que tu pareja es un ser humano con limitaciones, exactamente igual que sucede contigo, y, por supuesto, ninguno de vosotros está en este mundo para satisfacer las expectativas ajenas.

¿Por qué la elegiste entonces?.  Puede que al hacerte esta pregunta repares en los numerosos aspectos positivos que esa persona posee.

 ¿Son esos aspectos lo suficientemente importantes y valiosos como para comenzar o proseguir la relación?.

Si la respuesta es afirmativa, tener una relación plena pasa por valorar y aceptar al otro como es, sin empeñarte en cambiarlo.

Cualquier relación sana, exige comprender que quién está a tu lado no es el ser “perfecto” que pensabas, y sin embargo, está lleno de talentos, virtudes y cualidades que amas y admiras. Amas y admiras a esa persona independiente, valoras lo que es, la apoyas, confías en ella y la ayudas a ser mejor.

Tal vez parezca algo muy elemental  y sencillo decirle a la persona que quieres “confío en ti y te acepto como eres”, pero ¿cuántas veces lo hacemos en realidad?, ¿cuántas lo sentimos y demostramos?.

En ocasiones, damos por hecho que se deben conocer estas cosas, y mientras eso ocurre, comienza el distanciamiento. La comunicación fluida resulta esencial para alcanzar relaciones óptimas.  No sólo sentir y pensar en la persona, sino decir abiertamente lo que sentimos y pensamos, mostrando con hechos y palabras que es valiosa y querida para nosotros.

Sin confianza y aceptación, la pareja es una unión artificial  abocada al fracaso.

El amor por sí solo no impide que surjan dificultades. Aunque la pregunta clave ante una situación de crisis gire en torno a lo que sientes por la otra persona,  hay otras cuestiones como el grado de confianza y aceptación, la existencia de un proyecto común de vida y el nivel compromiso, sin cuyo concurso una relación de pareja resulta insostenible a menos que, por amor, estés dispuest@ a convertir tu vida en un infierno.

Cuando exigimos cambios esenciales en la personalidad de nuestra pareja,  incluso pequeños cambios con los que no está de acuerdo,   proyectamos sobre ella nuestra inseguridad o entramos en descalificaciones, es lógico que se produzcan  serios desencuentros. En estas situaciones, poco o nada puede hacer el amor por estabilizar el vínculo.

La confianza genera confianza. Es un círculo virtuoso.

Si confías en alguien, le motivas para ofrecer lo mejor de sí mismo.

En ocasiones la confianza se resiente porque no ha tenido lugar una conversación sincera y flota en el ambiente la sensación de que quedan cosas por decir o explicar. Tal vez se perciba que lo que se dice y lo que se hace no resulta congruente o que las palabras quedan desmentidas por el lenguaje no verbal.

En cualquier caso, una relación sana admite errores, no dudas. Si no eres capaz de perdonar y volver a confiar, tu vida sentimental naufragará.

Aceptar a tu pareja como es implica que la valoras y que te valoras a ti mism@. Renuncias a igualarla o compararla con alguien porque comprendes que es única y diferente.

No es extraño ver casos de personas que excluyen a su compañer@ sentimental de la vida social por temor o por vergüenza o que realizan observaciones sobre aspectos físicos y rasgos de su carácter con los que no se sienten a gusto.  A través de este tipo de conductas lo que hacemos es proyectar  nuestra falta de autoestima y nuestras expectativas personales sobre el otro.

¿Cuánto tiempo y fracasos invertimos en aprender que no podemos ir sana ni felizmente por la vida tratando de despojar a los demás de su esencia, amando en ellos lo que no tienen?.

Valora a tu pareja. Ten presente sus emociones, sus ideas, sus gustos, sus sueños. Muestra respeto, aprecio e interés por su persona, ensalza sus virtudes y aspectos positivos, abre tus oídos a sus palabras y motívala a dar lo mejor de sí misma.

Cuando no aceptas al ser humano qué amas, o no confías en él,  te estás decantando por vivir en una relación tóxica. Una relación en la que ambas partes os desdibujáis como personas. ¿Realmente deseas una vida con esa calidad emocional?.

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APRENDIENDO A SOLTAR

Si levantas tu cabeza, estiras los brazos e inspiras con intensidad hasta llenar los pulmones, sentirás que te colmas de energía.

Prueba ahora a inclinar la cabeza hacia abajo y permitir que el aire te abandone por completo, expirando lentamente. Tal vez esa energía se vaya diluyendo para dar paso a una sensación de alivio.

Inspirar y expirar es un ejercicio que realizamos inconscientemente durante toda nuestra vida, aunque sólo adquiere significado cuando reparamos en el.

Vivir una vida plena, también pasa por aprender a tomar y soltar, como si respirásemos.

A veces nos aferramos a recuerdos, personas y objetos y nos sentimos mal, porque eso que retenemos y no dejamos ir, genera negatividad, dolor o sufrimiento.

Puede que tengamos interiorizado que aquello que provoca malestar o problemas es más valioso, que no podremos encontrar nada mejor o que nos sintamos redentores de cuanto no es como deseamos en los demás, creyendo que tenemos el poder y la obligación de cambiarlo a cualquier precio. También es posible que una persona sea adicta a las emociones negativas o que prefiera ser la victima para no asumir responsabilidades sobre su vida.

Cualquiera que sea la razón, estamos ante actitudes y creencias que convierten nuestra vida en un pequeño o en un gran calvario.

Aprender a soltar eso que provoca sufrimiento y negatividad es el primer paso para salvaguardar la autoestima, la salud y la felicidad personal. Cuando dejamos ir lo que nos hace mal también abrimos huecos en nuestra vida para que entre lo positivo.

Puede que al hacerlo sufras, llores o sientas que el mundo se abre bajo tus pies, pero no es más de un proceso necesario en el camino de vaciarte para volverte a llenar.

En ocasiones hay que perder para ganar.

No puedes pasarte la vida aferrad@ a personas que roban tu energía y te maltratan, rodearte de individuos que desprecian o ignoran lo que eres, de recuerdos que alimentan emociones de ira y temor, de situaciones que te denigran y enferman o de quejas repetitivas sobre tus sufrimientos y pesares. Al hacerlo estas reteniendo el dolor y la infelicidad. ¿Con que objeto?.

¿Terminó tu trabajo, tu relación o tu amistad?. Déjalo ir.  Con el tiempo descubrirás que no es indispensable en tu vida. Tú ya eras tú antes de que todo eso existiera, ya tenías una vida  y seguirás teniéndola.

Suelta tu inseguridad, tus traumas, tus resentimientos, tus miedos, tus hábitos nocivos, tu pasado.

No te desgastes dándole vueltas a lo que sucedió. ¿Que ganas con  revolcarte en los hechos que se fueron para siempre?. No dediques tus energías a tratar de cambiar el pasado, ni a retenerlo. Sólo podemos actuar en el presente. El presente es todo lo que tenemos. Vívelo.

En la vida todos estamos abocados a ir cerrando puertas y capítulos. A quemar etapas.

Si dejas puertas abiertas, por si acaso, nunca podrás desprenderte de lo que te hace sentir mal.

Ya no eres el empleado de aquella empresa que te despidió injustamente, ni el amor o la ilusión de esa persona que tanto te quiso, ni el amigo de quién tu consideras amigo. Puede que incluso seas el gran empleado de una empresa en la que no quieres estar, el gran amor de alguien a quién no amas, el gran amigo de  quién no consideras amigo, y, si todo eso, provoca sufrimiento o malestar en ti, tu bienestar pasa por dejarlo ir.

 No esperes que te reconozcan y sepan quién eres. Quién eres lo sabes tú.

Si algún día sucede tal cosa, ¿qué va a reportarte?. Lo que acabó, acabado está. Si vuelve a ser, será algo diferente, un capítulo totalmente nuevo, porque no eres el mism@ que ayer, ni el mism@ que hace cinco minutos, y muchas de las cosas que hiciste hace cinco minutos no las harías ahora mismo, bajo las circunstancias que, ahora, en este momento, conoces; bajo los pensamientos que, ahora, en este momento, tienes. Tú ya no encajas en tu pasado, no encajas en el instante que se fue. No lo retengas. Déjalo ir.

Hoy puedes abrir una nueva página en el libro de tu existencia. ¿Cómo?. Cerrando capítulos.

No rumies el pasado. ¡Respira!

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NO TE NIEGUES A TI MISM@ LA PAZ

“No puedes negar quién eres. No puedes negarte a ti mismo siempre”. Son  palabras pronunciadas por el protagonista de la película que tuve la oportunidad de presenciar hace unas semanas.

 ¿Lo que siempre queremos negar es lo que somos?.

 Cualquiera que sea la respuesta que se de a esta pregunta, si niegas lo que eres, te estás lastimando.

 Así lo expresa el maestro hindú Prem Rawat cuando afirma:. “No puedes negarte a ti mismo lo que sientes: Si te lastimas, decir que no te has hecho daño no te quita el dolor”.

 Cuando negamos estamos rechazando e ignorando, con independencia de que aquello que rechazamos o ignoramos exista o no. Si la negación se refiere al propio individuo, puede implicar una renuncia a la autoestima, al autoconocimiento, al cambio o a ser lo que uno es. Este asedio contra uno mismo representa el gran obstáculo para lograr la paz interior.

 Son múltiples las formas en que uno puede negarse. Pensemos en situaciones dónde no reconocemos que algo nos hiere o, por el contrario, que nos gusta y es positivo para nosotros. Cuando rechazamos cualidades, valores o ideas propias. Las ocasiones en que ignoramos los mensajes del cuerpo, rehuimos la responsabilidad de nuestra vida y jugamos a ser víctimas de las circunstancias.

Si aceptamos que otros traspasen nuestros límites, nos digan cómo debemos pensar, sentir y vernos o nos medimos con ellos. Cuando no somos capaces de perdonarnos o cuando nos auto saboteamos por miedo a fracasar o a tener éxito.

 Estas y otras son las formas en que jugamos a ignorarnos y a rechazarnos, unas veces por miedo, otras por complacer a los demás y sentirnos valorados e importantes.

 Negarse es como vendarse los ojos o hacerse el distraído ante la agresión contra uno mismo.

 Aceptar que cada uno de nosotros es un ser único y perfecto en su imperfección, que no existen dos personas iguales en el Universo y que, por tanto, no hay base para efectuar comparaciones, es el primer paso hacia la paz interior.

 Puedes hablar de tus fracasos y de tus éxitos abiertamente y de forma espontánea sin agredirte, al fín y al cabo, ambos te definen y gracias a ellos eres tú. Sé natural en esto. Puedes ser asertivo y mantener tus opiniones sin mostrar un comportamiento beligerante con los demás. Puedes mantener una actitud de dignidad y armonía en situaciones de estrés. Reaccionar de forma tranquila, recibir los halagos y el afecto con comodidad, reconocer las críticas y aceptar tus errores de forma natural, ser feliz por el sólo hecho de estar viv@, abrirte sin miedo a nuevas posibilidades y formas de pensar, ver la vida con sentido del humor.

 Si eres capaz de vivir desconectad@ de los pensamientos inquietantes, inútiles o amenazantes, alcanzarás esa tranquilidad profunda que se traduce en el bienestar personal y emocional.

 La paz personal conecta con un sentimiento de serenidad interior que experimentamos al liberamos de las preocupaciones, el sufrimiento, el dolor, el estrés y el miedo y ser conscientes de las incontables maravillas que nos ofrece la vida y de la maravilla que cada uno somos.

 No es insano aspirar a la excelencia, pero si consideras cada momento como perfecto y lo disfrutas  sin esperar al momento perfecto, vivirás en paz.

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METAFORAS PARA EL CAMBIO (VI): “TÉ CON UN VAMPIRO”

-Sorberá tu sangre. Lo hará poco a poco. Irás sintiéndote débil, y por muy extraño que parezca, terminaras aceptándolo.

Estaba a punto de secar el último cubierto, cuando escuchó aquella voz de ultratumba en el televisor. “Sin aliento” era el nombre de la serie que su hija de dieciocho años escuchaba por las tardes.

-Ali por favor, baja ese volumen  -dijo aún afectada por lo que acababa de oír.

Ali murmuró algo quejándose, pero Sofía no lo escuchó, Ramón acaba de besarla en la frente.

-Cuídate cariño. Te llamo luego.

La puerta se cerró tras los pasos de su marido y Sofía percibió la imagen de uno de aquellos chupasangres, proyectando una mirada felina. Dos pares de colmillos, cual  ávidos alfileres, le asomaban entre los labios.

“¡Que desagradable!”, se dijo.

Ali apagó el televisor. Estaba de pie junto al borde de la escalera que conducía a los dormitorios.

-Ha terminado. Me subo a estudiar.

Su voz, amortiguada por las paredes de la cocina, se escuchó lejana.

Al cabo de unos minutos, el timbre resonaba por toda la casa. Abrió la puerta y divisó aquella sonrisa angelical, que Luis, el vecino del cuarto, solía prodigar a los cuatro vientos.

-No me digas que te he despertado -exclamó mientras paseaba la mirada por Sofía.

-¿Despertado?.

-Si mujer, lo digo por ese pelo revuelto que tienes. ¿Puedo entrar?. Tengo algo que contarte.

No quiso ser desconsiderada. Le preguntó si quería tomar algo y, después de preparar un té con pastas, se ubicaron en el tresillo rojo de cuatro plazas que presidia el salón. Esperaba que aquello no durase mucho. Hacía semanas   que no coincidían, pero aún  era capaz de recordar que Luis la dejaba exhausta.

-Tenía que verte Sofi. Estoy muy afectado por lo que está pasando.

Luis era un hombre de cabellos plateados, ya entrado en la cincuentena. Su lustroso cráneo asomaba entre un haz de filamentos amalgamados con brillantina.

-Tú dirás -quiso saber Sofía.

-Estoy algo fastidiado -repuso– ya sabes lo sensible que soy a los ruidos. A las ocho de la mañana los vecinos de la puerta contigua abren la ducha y el agua sale a todo meter. A las ocho y media tu Ali deja que la puerta se cierre sola. Sobre las once  el cartero pulsa el timbre. A las dos la vecina del tercero llama a los niños a comer y esas criaturas gritan, corren y chocan contra todo. Cuando parece que puede haber paz, el del cuarto B duerme y ronca a pata suelta. Después llegan las seis y comienza a llegar gente al edificio. Todo son pasos y portazos. No sé que voy a hacer. Estoy desquiciado.

Sofía miró el reloj de pared.

-Bueno Luis, la gente tiene que hacer su vida. Es algo que no puede evitarse; quizá debas consultar un médico o insonorizar tu casa.

El vecino lanzó una mirada sibilina.

-He visitado varios médicos y no tengo problema alguno. Insonorizar mi casa es muy caro. No sé  que voy a hacer.

Sofía dio un buen trago al té inglés tipo breakfast antes de continuar con la conversación.

-¿Te has planteado cambiar de vivienda?.

-No tengo dinero para eso, y vender la mía en los tiempos que corren es algo complicado  -repuso Luis algo cabizbajo.

-¿Qué es lo que te fastidia exactamente?. Escuchar ese tipo de ruidos durante el día entra dentro de lo normal.

-Pero no sabes cuanto me molestan; y el Presidente se encoje de hombros. Es increíble. Estoy condenado soportarlos.

-¿Y si utilizases unos tapones? -propuso Sofía con cierto cansancio.

-Entonces no podría escuchar la televisión, ni saber si me llaman al teléfono en mi propia casa.

Sofía observó a Luis mientras continuaba hablando. Al entornar los labios sus colmillos sobresalían cual níveas estalactitas. Miraba con ojos enrojecidos, proyectando ese brillo afilado y pulverizador que había contemplado en “Sin aliento”.

-Luis, creo que no sé cómo ayudarte -exclamó al fin, saliéndo de su emoción.

-No me digas que los vecinos del cuarto A no son escandalosos –prosiguió Luis con un tono de irritación en la voz- Deberían vivir en el campo. Y los hijos de la señora del tercero A gritan como gallinas cluecas. Ya no te hablo de los ronquidos que pega el del cuarto B . No hay quién aguante esta situación. Y lo peor es que no puedo hacer nada. Es como si estuvieran todos contra mí.

Sofía se encogió de hombros.

-La verdad que no me había dado cuenta de que hubiese tantos ruidos.

-Sofí, tienes que ayudarme -imploró Luis- el Presidente de la comunidad se niega a hablar de ello en la próxima Junta; ¡el muy cínico!; ayer mismo me dijo que sabía por el ruido de tus tacones cuando llegabas. Habla pestes de ti, que si vas de independiente, que si eres una antipática y no asistes a las reuniones-

El rostro del vecino había adquirido un tono lívido y mortecino. Tenía unas enormes bolsas moradas bajo la cuenca de los ojos. Sofía rezumaba tensión en las sienes y comenzaba a sentir dolor de cabeza.

-Vampiros -susurró casi imperceptiblemente.

-Tienes mala cara -exclamó Luis, mientras sostenía en vilo la taza de té- ¿te pasa algo?-

-Acabo de acordarme que tengo cita con el dentista en dos minutos.

-Vaya, pues perdona por entretenerte. Ya me voy –exclamó con apuro – ¿Tendrás en cuenta lo que hemos hablado?. Oye ¿y qué es eso de los vampiros?.

Creyó haberlo dicho para sí, pero el oído de su vecino era tan agudo como el de una tortuga.

-Me refería a los vampiros emocionales. Gente tóxica. Te dejan sin energía, deprimida y cabreada.

Sofía había entornado la hoja de la puerta. Luis estaba bajo el dintel y se volvió a mirarla antes de caminar hacia el descansillo de la escalera . ¿Sería verdad que un hilillo de sangre resbalaba por la comisura derecha de sus labios?.

-Suena fatal -espetó.

-¿Qué?.

-Eso que dices. Es lo más parecido al Presidente de la Comunidad -concluyó explayando una maliciosa sonrisa.

Su voz se había distorsionado. Era un conglomerado difuso y estridente que restallaba en la penumbra del descansillo.

-Buenas tardes Luis.

-Buenas tardes Sofi. Cuídate.

Sofía cerró la puerta y lanzó al aire un estremecido suspiro.

Aún violentada por la metamorfosis de Luis, abrió el cajón del aparador y se hizo con un pastilla para el dolor de cabeza.  No era para menos. Acababa de tomar el té con un vampiro.

 

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DETECTA Y CAMBIA TUS CREENCIAS LIMITANTES

Una persona estrecha la mano a otra al despedirse y le dice, “siento no haberte podido dedicar todo el tiempo que necesitas”. Si entramos en el dialogo interior que mantiene consigo misma, es posible que este lamentando no haber podido dedicar más tiempo a su interlocutor y desee que perciba su frustración. Sin embargo, quién escucha sus palabras puede estar pensando: “es una excusa, simplemente no le interesa lo que tengo que contarle”.

 ¿Cuál es la verdad?. Cada uno tiene la suya. Cada uno ve y escucha aquello en lo que cree, pero nuestras creencias no son la realidad, son pensamientos repetidos a los que nos apegamos. Un esqueleto de ideas desde el que contemplar lo que está fuera y .dentro de nosotros.

Al condicionar las actitudes y comportamientos de cada persona, el repertorio individual de verdades, condiciona también los resultados que cada persona obtiene en su vida. Lo que crees es también lo que creas.

Las creencias se cultivan, algunas desde la infancia. Están profundamente arraigadas en nuestro subconsciente y definen nuestro carácter y nuestro destino. Las mayores hazañas y las peores destrucciones de la historia tienen su origen en las “verdades” a las que nos apegamos.

En cierta ocasión, una amiga me comentó “no termino nada de lo que comienzo”. “¿Cuando comenzaste a creer eso?” inquirí. “Con siete años. Estaba haciendo un dibujo y no lo terminé. Mi madre me dijo que nunca terminaba nada”.

Los padres deberíamos tener cuidado con las creencias que inculcamos a  nuestros hijos. Nuestras verdades pueden convertirse en las suyas. Incluso cuando parezca que no las comparten y que pasan inadvertidas, nuestras verdades pueden limitarles. Muchas creencias viven larvadamente en el subconsciente.

Cuando es limitadora, la creencia afecta de forma negativa a nuestra vida, pero también genera falsos beneficios. Pensemos en la falsa sensación de seguridad o comodidad, de liberarnos de la responsabilidad o dejarla en manos de otros.

Si una creencia nos limita, podemos sustituirla por otra generativa (positiva). Para ello es fundamental  tomar conciencia de que existe, identificándola. La auto-observación de nuestras emociones, nuestro lenguaje y comportamientos nos permitirá detectar todos esos sentimientos, palabras, actitudes y acciones que limitan nuestra vida.

Cuando te sientas molest@ con una situación, una persona o contigo mismo, pregúntate porque has reaccionado de esa manera y cuestiona y verifica si eso que crees es la verdad. ¿En qué momento de tu vida empezaste a tener esa creencia?. ¿Cómo reaccionas cuando la tienes?. ¿Quién serías tu o cómo sería tu vida sin ella?. Puedes escribir las respuestas en un papel o en un diario si te resulta más fácil.

¿Has identificado las creencias que te tienen estancad@ en tu carrera, tu trabajo, tus relaciones o tu salud?. Si la respuesta es positiva, el siguiente paso será  sustituirlas por otras que te potencien y expandan.

Cambiar nuestras creencias es un ejercicio que requiere proactividad. No vale  anclarse en el mundo de las ideas, ni conformarse con los resultados de su análisis. Es necesario hacer que las cosas pasen. Abandonar ese mundo de seguridad y comfort en el que nuestros pensamientos y comportamientos limitantes se repiten de forma consistente, como si estuvieran en automático.

La solución no pasa por destruir la creencia limitante sino por sustituirla por otra positiva o potenciadora que ocupe su lugar. La sustitución es el mecanismo adecuado para evitar que la verdad perniciosa retoñe de nuevo a nuestra mente.

Escojamos una creencia positiva de reemplazo y convirtámosla en un hábito, de forma que la aceptes y surja con la misma naturalidad con que lo hacía la anterior. Para ello, recuerda y repite tu creencia a cada momento, escríbela, siéntela, visualiza su colores, su tacto, su olor, tu vida con ella. Puedes incluso anclarla a un recuerdo o sensación positiva y nutrirte con ejemplos de personas que han logrado una vida plena o exitosa sosteniendo esa creencia.

Deshacerte de tus creencias limitantes no resulta una empresa fácil, requiere una buena dosis de constancia porque las creencias perniciosas suelen echar raíces profundas y lo que buscamos es que nuestras verdades positivas se implanten con idéntica fuerza. Hay personas que lo logran en 21 días y otras necesitan más tiempo. Algunas lo consiguen solas y otras requieren de la ayuda de un especialista en coaching o PNL.

La buena noticia es que no tienes que vivir con tus creencias limitantes, porque está en tu mano creer lo que desees.

 

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PRIMER ANIVERSARIO

Permitidme que dedique un instante a celebrar el primer año de vida del blog.

A nivel personal he ganado 40 veces la batalla al papel en blanco.

Mientras arde la vela, concluyo que pensar en la grandeza humana me dió para mucho.

Gracias a todos los visitantes.

Escribo para vosotros.

Para recordaros que somos seres únicos e increíbles, llenos de belleza y talento; que creamos nuestro  propio camino y, al hacerlo, marcamos la diferencia.

Por ello es importante que no te limites a seguir a otros.

Busca y da lo que tienes. Eso que sólo tú puedes dar.

Se tu propi@ líder.

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