Archivo mensual: febrero 2011

QUERERSE HACE BIEN

Esta tarde llegué a casa y decidí buscar entre el repertorio de frases célebres de internet una que mencionase el amor hacia uno mismo. Me llevó tiempo encontrarla. Por cierto que no fue en un apartado de frases célebres, sino de autoestima. Leyendo con más atención reparé en que gran parte de las citas agrupadas como “célebres” asocian el amor con sacrificio, donación de uno mismo o búsqueda de la felicidad.

 En Google localicé ejemplos más gráficos.  Al teclear: “fotos de una persona abrazándose a sí misma”  la pantalla  me mostró una vasta galería de imágenes con gente abrazándose a un árbol,  a un libro, a otra gente… . Entre cientos de instantáneas aparecieron dos o tres fotos de personas abrazando su propio cuerpo.

Me pregunto si somos realmente conscientes de cómo el amor por uno mismo nos sana y nos hace mejores. Por lo que acabo de experimentar, el entorno no lo pone fácil.

A poco que reflexionemos nos daremos cuenta de que en todos nosotros subyace una necesidad innata de satisfacer nuestras  necesidades personales. Toda acción humana se dirige hacia un fín  y ese fin tiene que ver con satisfacer algún tipo de necesidad. Cuando entregamos amor a los demás o somos solidarios lo hacemos porque nos hace sentir bien, nos produce placer y bienestar o nos permite considerarnos valiosos. Practicamos un egoísmo sano. Lo hacemos por nosotros.

Muchas personas consideran que el amor es sacrificio y buscan situaciones que confirmen esta creencia. A menudo el sacrificio implica la renuncia a nosotros mismos y afecta negativamente a nuestra salud física y mental, puede incluso hacer sentir mal a los que ayudamos. La entrega desproporcionada suele ser tener su causa en una baja autoestima. Es frecuente que una persona en esta situación busque ser aceptada o incluso huir de su propia vida. Su abnegación no encontrará otra recompensa que la frustración. El amor no es un lastre. Es alegría. Es un compartir.

Igualmente, creer que una persona puede hacernos felices o que está en nuestra mano hacer felices a los demás, es otra forma de ir contra nosotros mismos. La felicidad no es algo que pueda hallarse fuera de ti o algo que otros puedan proporcionarte. La felicidad es una decisión personal. No podemos dejar en manos de otros o del azar la enorme carga de nuestra felicidad.

 El amor a uno mismo implica escuchar nuestra voz interior, conocernos, saber lo que queremos, valorarnos, perdonarnos y aceptarnos, estar a gusto y en paz con nosotros mismos, cuidarnos, ser como somos, vivir nuestros valores,  querer hacer lo que elegimos porque nos hace bien y responsabilizarnos por ello.  Sólo desde el amor a uno mismo puedes llegar a ser lo mejor que hay en tí. Mejoraras tu vida y tu mundo, porque la sanación de tu mundo comienza en tí.

Existe una creencia muy arraigada de que el amor a uno mismo es un acto de narcisismo o  egoismo radical. La razón de que alguien no quiera a los demás no está en que se quiera a sí mismo sino todo lo contrario, el amor hacia el otro depende de la propia capacidad de amar. Desde el amor a ti mismo serás capaz de dar y recibir conociendo que lo haces por ti y que nada te deben. Sabrás recibir las gracias y dar las gracias a los demás por haberte permitido ayudarles.

La famosa frase bíblica “Ama a tu prójimo como a ti mismo” valdría para poner de manifiesto de que manera el amor a uno mismo se proyecta o influye en el amor a los demás.  El hecho de que ames a tu prójimo como a tí mismo implica que la capacidad de quererte es la auténtica medida del amor hacia los otros. Nadie puede dar lo que no tiene, pero tampoco más de lo que tiene. 

Cólmate. Dicen que sólo una fuente llena deja pasar gozosamente el agua.

 

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¿QUIÉN CONDUCE TU VIDA?

“Esta persona es la culpable de lo que me pasa”,  “me despedirán si no lo hago”, “me hubiera gustado estudiar, pero ya es tarde”.¿Te has escuchado decir esto alguna vez?.  Puede que al hacerlo tengas la impresión de que una fuerza externa gobierna tú día a día. Dejarse llevar es cómodo. La cuestión es ¿que te aporta?. ¿Te ayuda a cambiar lo que no te gusta?, ¿a lograr lo que deseas?.

Un simple cambio de actitud puede ayudarte a responder positivamente a estas preguntas.

Tomar conciencia de quién eres y quién quieres ser y del efecto o la causa que tienes sobre tu vida es el primer paso, aunque no el único.  Es importante efectuar una labor de exploración de la realidad y de su abánico de posibilidades.  Ante cualquier situación vital las opciones y respuestas que se nos plantean son múltiples.

Escoger es un ejercicio que realizamos continuamente de forma más o menos consciente. Incluso el hecho de no decidir entraña ya una elección.  Elegimos ideas, creencias, acciones, sentimientos.

Creer que yo u otros son esto o aquello, sentirme mejor o peor, engañarme pensando que quiero cosas que en realidad no quiero,  postergar mis vacaciones o actuar de determinada forma en el trabajo son el producto de mi elección personal.

Cualquiera que sea tu situación o circunstancia puedes elegir entre tomar el control y la responsabilidad de tu vida o dejarlo en manos de otros. Es una decisión que implica vivir tu vida desde dos perspectivas  diferentes: como protagonista o como víctima.

Puedes optar por ser una persona que se aferra a su verdad única o que desea tener razón a toda costa. Vivir la vida en términos de culpabilidad e inocencia, comportarte de forma reactiva, violenta o confrontadora. Puedes vivir como una sombra en la madriguera de tu círculo vicioso, confirmar y recrear los mismos hábitos que te debilitan, perseverar en tu mundo y creencias victimarias.

Sin embargo, tambíen puedes convertirte en una persona responsable y crear tu realidad a través de las decisiones que tomas conscientemente. Puedes ser tu propio líder.

¿Qué es lo que en realidad deseas?

 

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