Archivo mensual: abril 2011

METÁFORAS PARA EL CAMBIO (IV): LA TIENDA DE LAS OPORTUNIDADES

 

Erase una vez una tienda en la que vendían oportunidades.

Luminoso y colorido, el local estaba dividido en dos pasillos, de cada uno de los cuales colgaba un cartel. En el cartel del primer pasillo podía leerse: “Encuentra tú oportunidad” y en el del pasillo de al lado: “Oportunidades de segunda mano”.

Las oportunidades estaban escritas en un pergamino sellado, aunque en las baldas de la estantería un pequeño letrero indicaba el nombre y el contenido de cada oportunidad.

Aquella mañana la tienda se encontraba abarrotada de clientes y la dependienta vio llegar al hombre que día tras día la visitaba.

 Era una persona de mediana edad, con un porte y aspecto impecable. Alguien que ella consideraba educado, elegante y cortés. En un principio había pensado que quizá se tratase de un gran empresario, pero se sorprendió al escuchar de otra dependienta que no tenía trabajo.

Cada mañana, el hombre llegaba allí tranquilamente, daba los buenos días y se internaba en el pasillo de “Encuentra tu oportunidad”. De vez en cuando, salía con un pergamino y le preguntaba a las dependientas sobre las características del producto. Si era fiable o se podía descambiar, si estaba garantizado…y finalmente partía con las manos vacías.

En cierta ocasión, decidió adquirir una de aquellas oportunidades, aunque al poco rato la devolvió porque, según dijo, no le valía para sus propósitos; de modo que la oportunidad fue colocada en el pasillo de “Oportunidades de segunda mano” y adquirida por otro cliente de inmediato.

En un periodo de tres años aquel hombre había adquirido tres oportunidades y las había devuelto todas. Ya en las baldas de “Oportunidades de segunda mano”, los productos retornados se habían vendido a otro cliente en cuestión de minutos.

-¿Qué es lo que busca exactamente?- llegó a preguntarle una vez con ánimo de ayudar.

-Una oportunidad de calidad que esté a mi altura- respondió él con una sonrisa.

-Tenemos buenas oportunidades de calidad aquí, permítame que se las muestre-

-No se moleste- replicó –las conozco todas y en este momento no me interesan, aunque me pregunto si admiten reservas-

-¿Reservas?- preguntó la dependienta.

– Me refiero a reservar la oportunidad durante un tiempo- aclaró él- Si me la llevo tendré que aprovecharla y tal vez pierda la que busco-

-Lo siento señor. Las oportunidades no se reservan. Están para consumirlas. Puede comprar la oportunidad y retornarla en caso de que no la haya abierto-

La dependienta que había visto entrar al hombre aquella mañana también le atendió al salir. Para su sorpresa el hombre llevaba en la mano una oportunidad. Le dedicó una sonrisa:

-Parece que ha encontrado lo que buscaba-

-Al menos se parece mucho a lo que busco- manifestó él.

No había pasado más de media hora cuando el hombre retornó la oportunidad explicando que lo había pensado mejor y no le convenía.

Cuando se hallaban inmersos en labores nocturnas de cierre, aquel hombre volvió y preguntó enseguida por la oportunidad devuelta.

 Por favor- le dijo a la dependienta –necesito volver a comprar la oportunidad; creo que era la mía-

La dependienta lo miró extrañada:

– La oportunidad que devolvió está ya vendida-

-No es posible. ¿Puede pedirme otra igual?-

-Ninguna oportunidad es igual a otra señor. Lo siento-

Dice un famoso proverbio chino que hay tres cosas que no vuelven hacia atrás: la flecha lanzada,  la palabra pronunciada y la oportunidad pérdida.

Wayne Dyer escribió: “cuando te agarras a una creencia que te sabotea, eso sólo te sirve para mantenerte marcando el paso sin avanzar…sólo sirve para justificar tu inacción con una explicación”.

 

 

 

©Isabel Ripoll. 2011. All rights reserved

 

 

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EL VALOR DE LA EMPATIA

Recientemente al visitar un foro de poesía, me impactaron cuatro estrofas:

“Beso tu desengaño o tu tristeza
beso esa tu frente atribulada
acaricio tus sienes que latentes
indican que te pasan muchas cosas”

Me pregunto, cuantos pleitos, enfados o rencores podrían evitarse si los amantes o  amigos que deciden romper su relación, o que tal vez sólo disienten, fuesen capaces de ponerse en los zapatos del otro y lograr que el otro así lo sienta.

¿Cuántas veces decimos lo siento y lo desmentimos con nuestro lenguaje no verbal y nuestra conducta?. ¿Cuántas veces respondemos con frialdad o indiferencia al desconsuelo de otros?.

Mahatma Gandhi proclamaba que “las tres cuartas partes de las miserias y malos entendidos en el mundo terminarían si las personas se pusieran en los zapatos de sus adversarios y entendieran su punto de vista”.

En su libro “Todo es un Don”, la doctora y escritora Miriam Adahan, refiriéndose a una mujer que tiene a su hijo enfermo de cáncer, escribe:

“…Me sentaba con ella, y por horas escuchábamos un visitante tras otro decir “No te preocupes, todo saldrá bien”… me miraba con sus ojos en lágrimas y me decía: “¿No saben que tanto optimismo me hiere?. ¿No se dan cuenta de que no me dejan hablar acerca de lo que más pienso; de que podría no mejorar?. Es como si pusiesen una mano en mi boca para callarme. El “todo saldrá bien” sólo me hace sentir peor. ¿Por qué toda esa gente no para con su optimismo y escucha un poco?…”

Recuerdo que tras una importante catástrofe aérea un reportero de televisión entrevistó a uno de los miembros del personal desplazado al lugar donde se encontraban los familiares de las victimas con el objeto de acompañarles. El reportero se mostró interesado en conocer que les decían a los familiares en aquellos delicados momentos. “Nada en particular”-comentó el entrevistado- sobre todo escucharles”-

Cada vez que nos acercamos a las personas esperamos atención y comprensión, dando por hecho que seremos tratados con delicadeza y respeto. Pero, ¿cuántas veces procuramos tratar a los demás de la misma forma?.

La palabra empatía tiene su origen en el término griego “empátheia”, que significa “entrar en el sentimiento” y podría definirse como la capacidad cognitiva de percibir en un contexto común lo que otro individuo puede sentir. También es un sentimiento de participación afectiva de una persona en la realidad que afecta a otra. Esta habilidad de inferir los pensamientos y sentimientos de otros, genera sentimientos de simpatía, comprensión y ternura.

La empatía es una destreza de la comunicación interpersonal y un elemento clave de la inteligencia emocional que permite desarrollar relaciones exitosas y por ello actúa como una especie de radar social. Si no le prestamos atención, con seguridad equivocaremos el rumbo y difícilmente arribaremos a buen puerto.

Ser capaz de leer las emociones de otra persona nos permite navegar con acierto en el propio mar de nuestra relación con ella y para ello nuestra capacidad de escucha con los cinco sentidos resulta fundamental.

Además de las palabras, existen muchísimos otros mecanismos llenos de significados. La postura, el tono o intensidad de voz, la mirada, un gesto e incluso el silencio mismo; todos son portadores de gran información, que siempre está a nuestra disposición, para ser descodificada y darle la interpretación apropiada.

 Aunque la simpatía nos permite sentir los mismos estados emocionales que exprimentan los demás, la empatía va muchos más allá puesto que implica sentir tales estados en el corazón y comprenderlos con la mente e incluye la comprensión de las perspectivas, pensamientos, deseos y creencias ajenas.

No es raro que creamos comprender al otro sólo en base a lo que notamos superficialmente. Pero lo peor puede venir al confrontar su posición con la nuestra y no “ver” más allá de nuestra propia perspectiva y de lo aparentemente “evidente”.

El proceder con empatía no significa estar de acuerdo con el otro, ni implica dejar de lado las propias convicciones y asumir como propias las ajenas o someterse a los deseos de otras personas. Se puede estar en completo desacuerdo con alguien, sin por ello dejar de ser empáticos y respetar su posición, aceptando como legítimas sus propias motivaciones.

Es posible que alguna vez nos hayamos preguntado  por qué la gente no busca apoyo en nosotros o se retraen a la hora de hablarnos de sentimientos.

En ocasiones damos a nuestros pensamientos la máxima importancia, comportándonos indiferentes y poco amables; queremos ser entendidos sin antes intentar comprender a los demás.

Entre los errores que solemos cometer con más frecuencia está esa tendencia a quitarle importancia a lo que le preocupa al otro e intentar ridiculizar sus sentimientos: “¡pero cómo te vas a preocupar por semejante tontería!”, a escuchar con prejuicios y dejar que nuestras ideas y creencias influyan a la hora de interpretar lo que les ocurre, a prejuzgar y acudir a frases del tipo “lo que has hecho está mal”, “de esta forma no vas a conseguir nada”, “nunca haces algo bien”o a sentir compasión : “¡que pena mas grande!”,  o incluso a mostrarnos fríos y distantes o expresar razonamientos en favor de nuestra postura.

Es importante tener presente que es el momento del otro y no el nuestro.

Vivir el valor de la empatía puede ser sencillo si nos detenemos a pensar un poco en los demás, si escuchamos activamente y con respeto y demostramos compresión cuando la persona lo necesita o con delicadeza le ofrecemos un momento próximo para hacerlo, evitamos juicios prematuros e interrupciones y olvidamos nuestros propios pensamientos o evitamos convertirnos en un experto que se dedica a dar consejos.

El éxito de tu  relación con otras personas depende en gran medida de tu capacidad de empatía. Cómo líder de tu propia vida eres tú quién decide de que forma y en qué grado conseguirla.

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METÁFORAS PARA EL CAMBIO (III): “EL ENCARGO”

 

En el departamento de arquitectura de Build&Bup Co. la actividad era intensa. Doce teléfonos se concentraban en un área de no más de cuarenta metros cuadrados y en ocasiones daban la impresión de sonar a la vez. La constructora se proponía ampliar el espacio, pero la idea se había postergado a una época de mayor tranquilidad.

Rosi se acercó a Carla para encargarle un trabajo y le explicó que se trataba del diseño y construcción de una casa. Nada fuera de lo habitual.

-Otro marrón por la mañanita- resopló Carla.

-Tenemos orden de empezar ya. ¿Qué tal si te lo cuento?-

Carla arqueó las cejas con cierta ironía:

-No me digas que tengo elección-

Rosi, su manager, le indicó que se trataba de construir y diseñar una casa de una planta en una zona cercana a la oficina. La compañía le daría el uso de vivienda para empleados. Tenía seis meses para concluirla y dejaban a su criterio el diseño, la elección de los materiales, pinturas, alicatado, muebles.. . Confiaban plenamente en su trabajo, de modo que bastaría con un breve informe bimensual de los progresos. Las obras no debían prolongarse más allá de seis meses, y para evitar los rigores del invierno era preciso comenzar de inmediato.

Carla sintió curiosidad:

-¿Por qué a mi criterio?-

-¿Por qué no?- inquirió Rosi

-Ya entiendo. Es un proyecto que nadie quiere. Sin importancia-

Rosi suspiró.

Las cosas no eran exactamente como su manager las había expuesto. Carla tenía fama de quejarse por todo. El director le había pedido a Rosi que pusiese fín a aquella situación. Si no lograban motivarla, tendría que abandonar la compañía. Ella estaba al tanto de los problemas de Carla para encontrar un alquiler a buen precio en un área próxima a la oficina. Cada día llevaba a sus tres hijos de seis, diez y doce años a un colegio situado a 40 kilómetros del centro de trabajo. Estaba divorciada y las relaciones con su exmarido no pasaban por el mejor momento. El residía en Wellington y hacia meses que Carla no recibía pensión alguna.

Al regresar a casa Carla se notó agobiada. Sentía la nueva tarea como una carga. Una más de todas las que debía soportar a diario. Se preguntó que podría hacer para liberarse rápidamente y llegó a la conclusión de que  terminar la obra cuanto antes sería su gran objetivo.

Utilizando la inesperada libertad de que disponía, se centró en lo práctico. Diseñó una casa pequeña (quién quisiera lujos siempre podía hacerse la suya propia) con materiales baratos y de mínima calidad, pero fáciles de conseguir y transportar (total era la empresa quién costeaba y seguramente la felicitasen por los ahorros).

Siguiendo el objetivo que se había marcado, utilizó pinturas y muebles baratos y fáciles de encontrar y trasladar. Procuró que el estilo fuese homogéneo y que los colores encajasen con el mobiliario, pero si cualquier decisión al respecto retrasaba la obra, tomaba partido por la opción más rápida.

Para no supervisar constantemente y al detalle los trabajos, tomó la decisión de visitar la construcción una vez por semana y pasó por alto aquellas imperfecciones o defectos cuyo arreglo implicaba un retraso. Al fin y al cabo qué casa no tenía desperfectos. La perfección no era más que una obsesión suya.

En cuestión de cinco meses Carla había logrado deshacerse de aquel encargo.  Rosi acogió con gran entusiasmo la noticia:

-¡Enhorabuena Carla!. Todo un record. Iré con el director a inaugurarla y me gustaría que estuvieses allí-

Ambos se encontraban a las puertas de la casa, cuando Carla llegó. La saludaron con una cordialidad a la que no estaba acostumbrada. Acababan de echarle un vistazo y se mostraron realmente encantados.

-Quería darle personalmente la enhorabuena- dijo el director estrechando su mano–una hermosa casa y un gran trabajo-.

Aunque se notaba desconcertada, Carla agradeció el gesto con una sonrisa.

Mientras observaba la casa, se le hacía difícil entender que de hermoso veían en ella. Era una construcción normal, más bien poca cosa. Y la idea de vivir entre sus paredes le producía cierta desazón. No se consideraba capaz de habitar aquel espacio con cuartos, colores y muebles en los que no se reconocía. En la construcción habían utilizado materiales de poca calidad y presentaba numerosas imperfecciones que por fortuna no era fácil reconocer a primera vista. Sus gustos y preferencias eran bien diferentes. No obstante, aquella era la primera vez que recibía la enhorabuena por parte del director y eso la hacía sentirse bien.

El director miró a Rosi con una sonrisa y le entregó las llaves.

Carla observó como Rosi se acercaba hacia ella con gesto de entusiasmo:

-Son tuyas- le dijo- y la casa también. Hecha por ti y a tu gusto. Podrás ocuparla gratuitamente mientras trabajes en la compañía. Es nuestro regalo para ti-

Carla no fue capaz de articular palabra. Tenía la oportunidad de vivir cerca de la oficina sin sacrificio económico alguno, pero había levantado su propia casa con valores y criterios que no eran los suyos. ¿Qué se lo había impedido?; ¿qué la hacía desear para otros lo que no deseaba para ella misma?, y aún más, ¿por qué había dudado de la intención positiva de aquellas personas?.

-No sabéis cuanto os lo agradezco- murmuró- llevo años construyendo casas para otros y permitiendo que otros determinen qué y cómo debo construir. Acabo de descubrir que no es así como quiero hacerlo. De ahora en adelante, aplicaré mi propio criterio-

 

 

© Isabel Ripoll. 2011. All rights reserved

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METÁFORAS PARA EL CAMBIO (II): “LAS COSAS QUE VENUS QUERÍA Y NO QUERÍA”

Venus tenía claro las tres cosas que no deseaba en su vida y sabía que no iba por buen camino… .

Le costaba llegar a fin de mes, padecía una media de cuatro catarros al año y se había convertido en lo que ella misma denominaba “un imán de capullos”.

No era de las que se rendían ante la evidencia. Había puesto en práctica numerosas estrategias para luchar contra aquello. Todo en vano, porque los resultados que no deseaba se repetían una y otra vez.

Caminaba imbuida en aquel pensamiento cuando escuchó una voz dulce y madura que le resultaba familiar:

-Venus, ¿eres tú?-

No podía creerlo. Entre cientos de viandantes, acaba de coincidir con su antigua profesora de Filosofía, la señorita Merche. Aquello sí que era casualidad.

-Todo cambia, nada permanece- exclamó la señorita con una sonrisa, esperando que Venus la reconociese por completo.

-Ah señorita Merche. ¡Qué alegría!- sonrió Venus –veo que se acuerda de cuánto me gustaba ese filósofo. ¿Cómo está?-

-Oh muy bien Venus, disfrutando de la vida. ¿Cómo estás tú?-

La señorita Merche tenía la rara cualidad de desarmarla a una. Si te habías puesto la careta de “soy feliz”, su mirada encendida la derretía. De modo que Venus sintió en su rostro el fuego de aquellos ojos y a duras penas logró reprimir el llanto. Para hacerlo tuvo que pensar en lo efectos que el rímel mojado produciría en su aspecto.

Ella, la señorita, debió advertirlo. Lo intuía por que acarició su brazo con la palma de la mano, cómo solía hacer antaño cuando la Venus adolescente se enfurecía en el Instituto tras errar en la respuesta. Por eso y porque la retiró cuidadosamente a un lado del tumulto que amenazaba con llevarlas en volandas y le pidió con voz de susurro que la tutease.

La señorita Merche y Venus acabaron tomando café en un lugar que la maestra describió como el tugurio favorito de su difunto marido. Una conocida franquicia de cafeterías que Venus evitaba porque en su adolescencia, con su novio de entonces y tras recibir la cuenta, pasó dos eternos minutos sospechando que fregarían los platos. Providencialmente él encontró las veinte pesetas que restaban en un bolsillo de su memorable camisa a cuadros. Habían transcurrido veinte años y todavía se veía capaz de reproducir aquellos cuadros con todo lujo de detalles.

Con la señorita Merche prestándole atención, Venus se enredó en un apresurado monólogo.

Poseía un buen trabajo como siempre había deseado, pero el dinero le quemaba las manos. Cuando tenía un billete sentía la imperiosa necesidad de soltarlo, aunque fuese el último. Y sobre todo si era el último. Precisamente desprenderse del último le producía un placer especial que no sabía muy bien a qué achacar. La profesora  interrumpió su discurso para sugerirle que le pusiera un nombre a aquel sentimiento. Le sonó raro, pero lo llamó “atracción al vacío”.

-¿Y de dónde crees que te viene esa atracción al vacio?- inquirió.

-Mi madre decía que los ricos suelen ser mala gente. A mí no me lo parece, pero a veces me surgen dudas-

Observó que la señorita Merche parpadeaba en silencio.

Le comentó que cuando visitaba a su médico este insistía en decir que gozaba de una salud de hierro. Claro que ella no lo sentía así por más que los análisis demostrasen lo contrario. ¿Por qué entonces me acatarro tanto? inquiría con vehemencia. El doctor tenía la costumbre de responder con otra pregunta. ¿Tú qué crees?.  ¡Menuda tontería!. Lo que ella creía…; ¿De qué iba aquel doctor?. Bien es verdad que si el catarro no llegaba, ella, Venus, se notaba rara y comenzaba a beber coca colas frías con mucho hielo y a utilizar ropas de poco abrigo en pleno invierno. La señorita insistió en que le pusiera un nombre a su reacción. Lo llamó “desafío a la salud de hierro”.

Antes de que Venus pudiera continuar, la señorita Merche se adelantó con una pregunta:

-¿Y qué es eso que llamas “imán de capullos”?-

Venus la miró perpleja.

-¿Cómo lo sabes?-

-Lo dijiste cuando caminabas- comentó la profesora- Sospecho que ibas hablando sola. Esa frase me hizo reconocerte entre la multitud-

Rebobinó las sensaciones negativas que asociaba con aquella afirmación. Se detuvo en las conclusiones. Jamás había mostrado el más mínimo interés por los hombres  realmente interesados en ella. Le parecían aburridos o demasiado perfectos. No perdía ni un minuto en su compañía. Sentía una pereza atroz. Imaginaba una vida sin altibajos, sin la emoción de los arrebatos y las putadas. Una vida… ¿apacible, respetuosa y eterna a su lado?. Y por otra parte, ¿les gustaría a esos hombres como era ella?.

-¿A quién le benefician ese tipo de relaciones?- preguntó la señorita.

-A mí no por supuesto, aunque también hay algo dentro de mí que me lo pide como si se tratase de..- Venus buscaba la palabra, pero la señorita Merche se adelantó de nuevo:

-¿Una adicción?-

-Justo- respondió Venus contenta por la puntualización- Adicción a lo que me perjudica-

La señorita Merche tomó un sorbo de café y repentinamente frunció el ceño como si algo no le hubiera quedado claro.

-¿Qué quieres decir exactamente?- preguntó

Venus se esforzó un poco más:

-A veces quiero lo que me perjudica y no lo merezco- dijo

-¿Estás segura, verdad?. ¿Serías capaz de repetir lo que no quieres?-

Venus reflexionó si acaso se habría perdido en la inteligencia de su antigua profesora o era ella, la profesora, quién estaba perdida. Lo cierto es que le costaba comprender a dónde quería llegar. Claro que a juzgar por lo que acababa de contarle, tampoco se consideraba la persona adecuada para decidir si se trataba de una u otra cosa o tal vez de algo diferente. Repitió lo que ya sabía con los ojos cerrados:

-No quiero acatarrarme, ni atraer capullos, ni tener dificultades con el dinero porque no me lo merezco-

La señorita Merche miró su reloj.

-¿Te importa que te invite?. Tengo que irme ya, aunque antes me gustaría dejarte mi teléfono-

Venus asintió. La profesora mostró una cordial sonrisa:

-Me ha encantado coincidir con mi mejor alumna. De verdad que te veo estupenda. Estoy orgullosa de ti. Y he pasado una tarde genial –

Venus se vio así misma como una mujer desconcertada tratando de contrarrestar el efecto sorpresa. Para ello sólo contaba con una leve sonrisa. Conforme a lo que le había narrado, no llegaba a comprender que su antigua profesora pudiese sentirse orgullosa. Por cierto, ¿cuándo había sido ella, Venus, su mejor alumna?.

Abandonaron a paso lento la cafetería que por diferentes motivos tan especiales recuerdos les traía a ambas. En el fragor de la avenida se despidieron con un estrecho abrazo. Habían quedado en llamarse, pero al intentar hacer un giro para proseguir su trayecto escuchó de nuevo la inconfundible voz de la señorita:

-¿Venus?-

Se volvió a mirarla.

-¿Qué es lo que quieres?- le preguntó

-¿Lo que quiero?- inquirió Venus confundida.

-Si. Me dijiste lo que no querías, pero ¿qué es lo que quieres?-

-Pues vivir holgadamente, tener salud y enamorarme de un buen hombre-

Venus quedó pensativa unos instantes, meditó sobre el efecto que producía en ella lo que acababa de decir. Formulado en positivo su propósito adquiría una fuerza e intensidad especiales.  

-¿Te centraras en eso?- inquirió la señorita

Asintió.

-¿Sabes porque eres mi mejor alumna?-

-No- respondió arqueando las cejas. Se preguntaba con qué saldría ahora aquella anciana tan perspicaz. Sin duda era una caja de sorpresas.

-Nadie se baña dos veces en el mismo río…- dijo y calló como si hubiera colocado las palabras que omitía al borde de un precipicio.

Era una frase de Heráclito, aunque Venus no estaba segura de recordarla de memoria, por eso la formuló como una pregunta:

-¿porque todo cambia en el río y en el que se baña en el?-

-Exacto- dijo la profesora –sabía que tú lo recordarías. Tú sí-

 

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METÁFORAS PARA EL CAMBIO(I): “EL REINO DEL APEGO”

 

Durante quince días había nevado en la ciudad de Cristal.

El sabio Mor estaba convencido de que continuaría nevando, no en vano  una tupida neblina enmarañaba el cielo. Llevaba años haciendo aquellas predicciones y era considerado un experto.

 Fiel a sus creencias, humedeció la punta biselada de su pluma en el tintero y escribió: “Tiempo para mañana: nieve intensa”.

Al cabo de unos minutos el pergamino llegó a manos del Rey. Dada la situación, el soberano leyó con desgana. Cada mañana recibía los partes de Mor con idéntico pronóstico. Veinte días duraba la estación de las nieves continuas. Veinte días sin caza, ni alimentos para los que contaban con una reserva de jabalíes que les aseguraba la supervivencia durante tres meses. Gracias a Dios así había sido siempre. Todo estaba bajo control en Cristal.

Transcurrido el segundo mes, el Rey decidió conversar con el sabio sobre el extraño suceso de la nevada que aún persistía:

-No os preocupéis majestad. La naturaleza no es tan exacta. Esperemos con confianza como lo hemos hecho siempre. Todo está bajo control- respondió Mor.

En el día sesenta y dos de las nevadas, el cuidador de  jabalíes compareció ante el Monarca para manifestar su deseo de abandonar la ciudad.

-Me cuesta entender por qué quieres dejarnos- exclamó el Rey Vikor.

-Majestad ¿y si hubiera otros climas?. ¿Otra forma de hacer las cosas ante las nevadas?-

-Esto es lo único que conocemos Nurban.  Y  todo está bajo control; ¿qué clase de locura puede llevarte a correr esos riesgos?. Durante la historia de Cristal, dos personas nos abandonaron en plena nevada y jamás lograron volver-

Nurban observó el monótono discurrir de los copos de nieve.

-Y si continuara nevando, ¿cuál sería vuestro plan Majestad?-  

El Rey se apresuró a responder:

-Puedes estar seguro de que tal cosa no sucederá; Mor ha estudiado la situación. Se trata de pequeños desajustes. La palabra de Mor siempre se ha cumplido-

Nurban habló resuelto:

-Partiré-

El Rey tradujo su inquietud en una velada orden. Se le notaba contrariado:

-Temo por ti Nurban. Eres un hombre valioso. Tendrás una semana para pensarlo-

Vikor procuró que Nurban tuviese los mejores maestros y ropas, la mayor diversión y los lujos más sofisticados durante aquella semana. Ordenó que se le rodeara de amabilidad y que los ciudadanos le visitasen uno a uno para agradecerle su labor. Sin duda cambiaría de parecer al reflexionar sobre las comodidades y afectos que perdería si abandonaba su reino.

Nurban, meditó largamente qué hacer. Deseaba marcharse y al mismo tiempo le inquietaba la idea. Fuera de la ciudad se extendía un vasto espacio de naturaleza; más allá de aquel espacio bordeado de montañas, sólo dos personas habían osado aventurarse y jamás enviaron noticias.

Un edicto oficial informó que el reino los consideraba muertos. Vikor ordenó un funeral simbólico al que acudieron en masa los habitantes de Cristal.  En aquella ocasión, el Rey pronunció un discurso muy sentido. Se mostró apenado por dos hombres realmente valiosos que lo tenían todo y decidieron arriesgarlo.

-Todo es seguro en Cristal- proclamó con contudencia.

 Como si de un virus se tratase, cada ciudadano repitió las palabras de Vikor. Un eco monumental de voces estalló cual rugido de fiera sobre las calles del reino.

La última noche de su semana de reflexión Nurban soñó con un avestruz  que ocultaba su cabeza en el interior de un  agujero. “Cristal es una gran avestruz” escuchó decir, y despertó sobresaltado. Fue en aquel instante cuando concibió su plan.

Pidió al Rey tres días de retiro en el monasterio de la ciudad al objeto de meditar con detalle su decisión. Seguro de que Nurban estaba reconsiderando la idea de aventurarse, el Monarca accedió a dejarlo sólo.

En la madrugada del primer día, Nurban se embutió en pieles gruesas y abandonó a escondidas la ciudad. Antes liberó a los jabalíes que con tanto esmero había cuidado y les condujo tras sus pasos.

Ignoraba que clase de peligros le acecharían.

 Nevaba copiosamente cuando emprendió su trayecto a pie sobre un par de raquetas. Durante más de ocho horas caminó sin descanso hasta toparse con las montañas que rodeaban el extraradio. Aquellas que limitaban el espacio conocido y seguro de Cristal.  

Sintió la firmeza de su decisión y el miedo agazapado en el cuerpo mientras remontaba las escarpadas laderas hacia lo desconocido. Más de ocho horas invirtió en coronar la cumbre. Para cuando lo hizo el horizonte bajo sus pies tenía forma de valle soleado y verde, surcado por ríos y animales y poblado de exuberantes frutos. Lo contempló extasiado antes de volverle la espalda a la ciudad dónde todo era seguro.

Transcurridos cinco años de aquella visión, Nurban regresó al lugar de partida. Deseaba conocer como había evolucionado la centenaria Cristal en la dura estación de las nevadas continuas sin su reserva de jabalies. Las ruinas que encontraba a su paso comenzaron a angustiarle. ¿Qué clase de catástrofe habría tenido lugar?. Sobre aquel panorama de devastación  avistó con sorpresa  una enorme columna erigida en lo que antaño era el centro del reino. Se acercó para leer lo que había grabado en letras de oro: 

”En homenaje a Nurban el creador. La nueva y prospera Cristal os espera en el valle”.

 
 
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VIGILA TUS PENSAMIENTOS

 “Recuerdo el día en que me dieron la noticia de mi embarazo. Sucedió algo curioso: mientras caminaba en dirección al autobús, comencé a ver mujeres  embarazadas. Nunca antes había visto tantas mujeres embarazadas en mi camino”.

“Necesitaba aparcar. La calle estaba llena de coches, aunque tenía la seguridad de que mi hueco aparecería, incluso sentía que estaba allí, esperándome…lo visualizaba y lo deseaba con mis cinco sentidos…no había en mí un ápice de duda…y lo encontré”.

Cualquiera de nosotros habrá tenido oportunidad de escuchar o experimentar testimonios similares respecto a lo que pensamos y sus efectos.

En la era de la conectividad y la telefonía móvil, la comunicación más importante es la que ocurre en el interior de tu mente. Conversamos con nuestra mente las 24 horas del día y el 80% de este dialogo interno es negativo. Se estima que tenemos unos 50.000 pensamientos al día y que el cerebro es capaz de contener 10 elevado a 80.000.000. 000.000 ideas distintas, una cifra que supera el número de átomos que hay en el universo.

Nuestra mente subconsciente es una recopilación de todo lo que pensamos. Y los pensamientos más corrientes crean los comportamientos subconscientes más arraigados.

 Hay quien piensa que la mente es el cerebro. Otros sostienen que es una facultad de este. Algunas experiencias con personas clínicamente muertas vienen a sugerir que el cerebro no es el productor sino el receptor de una mente que se encontraría fuera del cuerpo físico.

Una definición simple podría ser aquella que considera la mente como la facultad del cerebro que permite reunir información, razonar y extraer conclusiones. El pensamiento encarnaría la actividad y creación de la mente. Una actividad de gran trascendencia pues afecta a nuestra vida y a nuestra salud. Cada vez es más nutrido el grupo los que opinan que el pensamiento crea la propia realidad, nos sana y nos mata.

Estudios recientes consideran a la célula como un ser vivo que recibe la influencia del pensamiento. Nuestros pensamientos emiten una determinada vibración capaz de influir en todo nuestro organismo.

En su alocución sobre el poder del pensamiento, Deepak Chopra afirma: “A las nueve de la mañana de los lunes mueren más personas que en ningún otro momento.  Es un logro extraordinario y asombroso únicamente atribuible a la especie humana…es sólo una idea y las ideas no se ven…pero han sido precursoras de la enfermedad, la muerte, la devastación y la guerra. También podrían ser las mensajeras de la curación”.

Según proclama el tercer patriarca Zen en “El libro de la Nada”, la negación de la realidad es su afirmación.

Entender el lenguaje que habla nuestra mente resulta fundamental para lograr cualquier meta. Al pronunciar negaciones, la mente solo traduce en imagen la parte que expresa el pensamiento, pero no su negación, de ahí que convenga formular nuestros objetivos en positivo.

Si imaginas un lago azul de aguas quedas y cristalinas y alguien te pide que no veas los cisnes blancos que lo surcan, verás cines blancos. Si te sugieren que pienses en un desierto y no mires los camellos que lo cruzan, verás camellos.

Ahora sabes que si le dices a un niño que no toque una cosa, es muy posible que entienda y haga lo contrario.

 Nada puede impedir que tus ideas creativas se materialicen. “Todo es posible, y esto no excluye nada” afirma Wayne Dyer. Desarrolla un estado mental que te mantenga abierto a todas las posibilidades.

Cuando piensas diferente y te abres a nuevos pensamientos también creas nuevas posibilidades, porque actúas diferente. Durante al menos un millón de años la raza humana ha permanecido sobre la faz de la tierra, pero tan sólo hace 500 la mayoría de la gente creía que la Tierra era plana. Hace poco más de 100 años que un hombre logró volar con una máquina más pesada que el aire. Por entonces se decía que si Dios hubiera querido que volásemos nos habría dado alas. Sólo 75 años nos separan del primer ordenador y 28 de la primera red de internet. Hasta hace 42 años el hombre no había pisado otro planeta. Recientemente se ha descubierto como conducir un coche con la mente y en este momento una estación espacial está siendo ensamblada 240 millas sobre nosotros.

Los principios en que se basan estos inventos nos han rodeado durante más de un millón de años aunque sólo hace unos cuantos que nos hemos percatado de ello. ¿Cuántos principios nos rodean aún desde el principio de los tiempos?. Principios que si fueran descubiertos, comprendidos y usados, podrían mejorar radical y maravillosamente nuestras vidas, más allá de nuestra comprensión. Principios como este: “los pensamientos se cumplen, se materializan, se convierten en cosas”.

Comenzamos con un pensamiento y terminamos con una realidad. 

No todos reaccionamos igual ante una misma situación. El secreto está en nuestra forma de pensar. Un sujeto puede sentirse muy bien pasando el día con niños pequeños y para otro puede resultar causa de tensión.

Si tu pensamiento está centrado en lo que no te gusta eso es lo que se expande. Al estar pendiente de lo que no puedes o no quieres, obtendrás más de lo mismo.

Cuando te quejas de todo permaneces insatisfech@ e irritable. Puede que te veas sól@. ¿Quién quiere estar cerca de personas que se quejan siempre?. Si persistes en una actitud autodestructiva perderás la oportunidad de tomar las acciones que te llevarían a tener éxito y alegría. Cuando te dices que vas a fallar, no importa cuán talentos@ seas, te saboteas y fracasas. Si piensas que eres una víctima, no habrá nada que puedas hacer para mejorar tu situación, ya que tus desgracias serán culpa de otros, que por misteriosas razones, te desean el mal.

Cuando en la vida nos sucede algo positivo y  exclamamos:”! No puede ser!”,”!No te creo!”, lo que estamos haciendo es negar lo bueno, rechazando lo hermoso que nos sucede.

Todo pensamiento consciente repetido durante una temporada, se convierte en un programa. Por tanto, ¿qué ocurre cuando has pensado conscientemente durante una serie de años soy un fracasado? Sin pretenderlo siquiera, te has implantado un programa automático que conseguirá arruinarte sin el menor esfuerzo. Cuando eres consciente de ello, es el momento. Pero ser positivo un día a la semana no resulta. Fortalecer la mente se parece un poco a la gimnasia corporal. Cuando disciplinas y entrenas tu mente durante todos los días de tu vida ves cambios que no podrías ni imaginar.

Por tanto, el primer paso para solucionar tus problemas es solucionar tus pensamientos.

Sintoniza con lo positivo. Piensa: “pasará”, “tiene que ser así”, “ya está aquí”

No des tregua en tu mente al hastío. Cuando creas que la rutina te envuelve en una espiral de tedio y aburrimiento prueba a pensar de otra forma. Piensa en que es la primera vez que te topas con ella. Si te levantas por las mañanas y haces cosas parecidas, mira lo que haces como si fuera una experiencia nueva y gozosa. Aunque te laves la cara todos los días, hoy no te lavas la cara igual que ayer, ni igual que mañana, las circunstancias y las sensaciones que te rodean nunca son iguales. Cada día piensa en tus quehaceres, en tu pareja o en los trayectos que recorres como si fuera la primera vez. Hoy, aquí y ahora, las mismas cosas pueden ser diferentes si las piensas como si comenzaras a vivirlas y les aplicas otro pensamiento.  

A veces ocurre que te obsesionas con un pasado que ya no puedes cambiar. Tu punto de poder está siempre en el presente. Lo que decidas pensar aquí y ahora crea lo que vives hoy y, si así lo deseas, creará lo que vivas mañana.

Con nuestros propios pensamientos podemos hacer que la vida sea más placentera o más dolorosa. Atraer abundancia y bienestar o repeler ambos. Tanto si crees que puedes hacer o sentir algo como si no lo crees estás en lo cierto. Toda la razón es tuya, porque nada ha ser más real y verdadero para ti que lo que tú piensas.

Liderar tu vida implica elegir conscientemente los pensamientos y responsabilizarte de esa elección.

Dice un antiguo maestro taoísta que “en el mundo no hay nada difícil para los que ponen su mente en ello”.

Evita pensar en automático. Piensa antes de pensar.

 

 

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¿HACIA DÓNDE TE DIRIGES?

 

Ambos amigos desayunaban plácidamente unos minutos antes de comenzar la jornada de trabajo. 

  -¿Para qué vives?-  preguntó el que untaba la tostada al que removía el café.

-Vaya pregunta- respondió el del café algo desconcertado.

 -En serio. ¿Para qué vives?- insistió el de la tostada.

El del café se lo apuró de un trago, después frunció el ceño visiblemente incómodo –tengo mucho que hacer hoy para pensar en eso. Mejor me voy- dijo

¿Alguna vez te has preguntado para qué vives?.

A menudo caminamos por la vida sin saber quiénes somos o lo que realmente queremos y nos resulta incómodo buscar una respuesta.

 El primer camino que deberíamos emprender en nuestro trayecto vital es hacia nosotros mismos.  

Sintonizar con las propias emociones y sentimientos, prestar atención a nuestros actos, descubrir que valores anhelamos, cuáles son nuestras fortalezas y debilidades y que le da sentido a nuestra existencia conecta a cada ser humano con sus propias metas y su misión en la vida.

En el frontispicio del Templo de Delfos los siete sabios griegos escribieron siglos atrás que sino hallas dentro de ti mismo aquello que buscas, tampoco podrás hallarlo fuera, pues en ti se encuentra el tesoro de los tesoros. Conócete a ti mismo y conocerás el Universo.

Cuando nos ponemos en movimiento sin conocer o querer el motivo es fácil experimentar cansancio y frustración.

Cuando existe un motivo aparente para actuar, pero falta claridad respecto a qué camino seguir y qué pasos dar, corremos el riesgo de perdernos y no llegar nunca.

Puede que el objetivo sea andar por andar y disfrutar de la trayectoria. Si somos conscientes y nos llena, será tan válido como cualquier otro.

El termómetro de nuestra felicidad tiene la respuesta.

Conviene no mirar hacia fuera, porque la plenitud está dentro de cada uno. Qué hacer y qué pensar es una elección personal.

Si tienes la sensación de que has perdido el norte o te falta algo y aparentemente no sabes qué puede ser; si experimentas una actitud de víctima, te quejas por todo, estas defraudad@, percibes angustia, cólera, inquietud, resentimiento o simplemente una desazón o vacio que te impide centrarte en lo que haces, pregúntate si acaso no desearías vivir de otra manera.

¿Qué te gustaría hacer?. ¿Dónde te gustaría estar dentro de diez años por ejemplo?. ¿Para qué vives en realidad?. ¿Cuál es tú misión?.

A menudo repetimos que nos gustaría hacer esto o aquello, que podríamos hacer esto o aquello, que nos hubiera gustado hacer esto o aquello. Guardemos silencio para escuchar hacia dentro. Busquemos esa voz  interior que nos susurra lo que queremos con los cinco sentidos, desde lo más profundo de nuestro ser y en congruencia con los valores que hemos elegido practicar.

No es cuestión de justificarse, sino de tomar conciencia. Reconocer que a veces nos movemos más por la rutina que por causa de un objetivo concreto. Los hábitos dominan nuestra vida. Y no siempre que decimos que queremos cosas las queremos de verdad: puede que no nos resulte ecológico obtenerlas o tal vez descubramos que nuestros pasos van encaminados a satisfacer expectativas ajenas o estamos yendo contra nuestros valores.

Imagina que tienes una familia, trabajas y deseas estudiar una carrera. Analiza que necesitas para lograr tu objetivo y si estás dispuesto a pagar el precio. Dado que has de dedicarle horas al estudio y debes sacrificar otras cosas ¿estas dispuest@ a hacerlo?; ¿te compensa prestar menos atención a tu familia durante ese tiempo?, ¿renunciar a las salidas con los amigos?, ¿a tus días libres o parte de tu horas de sueño, quizá?; ¿qué pasos concretos vas a dar a corto, medio y largo plazo?; ¿a qué horas vas a estudiar?; ¿qué materiales y ayuda necesitas para lograrlo?; ¿cuál es tu plan?; ¿en cuánto tiempo?; ¿dónde estarás de aquí a seis meses?, ¿a un año? ¿a cinco?; ¿ cómo medirás que lo vas consiguiendo?; ¿te visualizas con el título?; ¿qué sientes?. Si respondes positivamente a tus preguntas y te pones en marcha, será cierto que lo quieres. Pero si  algo en ti, por pequeño que sea, se rebela, puede que hayas elegido hacer otra cosa, que el objetivo no te compense y/o no te atraiga lo suficiente.

Cuando sientas que no puedes hacer esta reflexión por ti mism@ apóyate en un coach, no rumies frustración repitiéndote que eso que no quieres es lo que quieres en realidad.

Hagas lo que hagas, vayas dónde vayas, estas a tiempo de hacer un alto en el camino y averiguar tú para qué.

Un paso importante para reconocer y abrazar tu objetivo es conectar física y mentalmente con su esencia.  Visualízalo. ¿A que huele?. ¿Qué sabor tiene?. Y al tacto, ¿cómo es?. ¿Suave, firme, frío, templado?. ¿De qué color?. ¿Qué forma presenta?. Hazlo tuyo o asócialo con algo o alguien que te motive y actúa como si ya lo tuvieras. Borra de tu lenguaje los predicados negativos y las palabras con connotaciones de fracaso.

Recuerda que de poco sirve tener un propósito sin un plan. Para llegar al tesoro necesitas un mapa, de lo contrario, sólo poseerás un sueño.

A la hora de formular metas y trazar un plan deberíamos tomar en consideración la capacidad de ser flexibles. Como el junco que crece junto al río puedes dejarte mecer por el viento o acariciar por el agua mientras tus raíces permanecen aferradas al suelo. Osho decía que en la flexibilidad la acción emana del encuentro en tú y la situación, no de una idea preconcebida. Cuanto más flexibles seamos mayores posibilidades tendremos de alcanzar nuestro propósito. Por tanto, adáptate a las nuevas circunstancias. El objetivo puede cambiar a consecuencia de un simple cambio de valores, de ideas, de prioridades, de la ampliación de tu horizonte de opciones o tras un hecho que haya resultado traumático o inspirador para ti.

Puedes ir andando por un camino y encontrarte una zanja que no sea posible saltar, quizás debas tomar un atajo para salir de nuevo a él o hacia otro diferente que te conduzca al mismo destino. O tal vez antes de llegar a tu destino, te encuentres con una experiencia peculiar y la transformes en tu meta. En ocasiones, puede suceder que haya que reformular el objetivo, ampliarlo, reducirlo o sustituirlo por uno nuevo que nos colme más o nos de fuerza para continuar hacia el primero.

Es fundamental no abrumarse con la meta. Podría desmotivarte. Divídela en submetas. Siembra el trayecto de pequeños hitos que te permitan victorias parciales; tan esencial resulta avanzar como disfrutar del avance. Mientras caminas estás viviendo. Prémiate y celebra cada pequeño éxito. Disfruta del camino.

En ocasiones buceamos en nuestro pasado para cargar con la memoria de los pasos perdidos y de las huellas sin rumbo. El pasado debería ser una referencia para motivarnos, recordar los éxitos y aprender de los errores. Un recurso ocasional que nos empuje a actuar, no una forma de vida, ni un factor de bloqueo. La vida transcurre aquí y ahora, en el lapsus de este instante.

Lidérate poniendo rumbo hacia metas que te realizan. El que sea que te haga sentir bien y en paz contigo mism@. Comienza hoy. Si no sabes a dónde te diriges jamás llegarás. Si ignoras qué estas caminando y para qué  ¿cómo podrás disfrutar del trayecto?.

Conecta tus sentidos y tu conciencia contigo y con el Universo del que formas parte.

Cada momento te ofrece algo. Un tacto, un olor, un sabor, un sonido. Genera en ti una emoción, un pensamiento o una acción. Dale tu propio significado. Vívelo conforme a tus deseos.

 

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